25 RUTAS POR EL PARQUE NATURAL DE
LAS SIERRAS DE   HUÉTOR SANTILLÁN, Granada 

 

El contenido de esta página es parte del texto de un pequeño   libro titulado: "34 rutas por Huétor Santillán".  En este enlace puedes verlo en la editorial y tienda online.  

Otros libros míos de Granada
El otoño desde la Alhambra ...
Los rincones más bellos de Granada

 

 

Las rutas

1- Puerto Lobo, Cerro del Maúllo
2- Sendero al valle del río
3- Fargue, Abadía del Sacromonte

4- Río Darro, Jesús del Valle
5- Huétor, río Darro  al nacimiento
6- Cumbre a la Cueva del Agua
7- A la Cañada del Sereno
8- Puerto de la Mora
9- Los Peñoncillos
10- Cumbre de la Cruz de Víznar

11- Barranco de la Umbría
12- Una bonita ruta por los pueblos


13- Segunda ruta en coche por los
      pueblos del Parque
14- Sendero de los pájaros
15- Sendero a Las Mimbres
16- Las Mimbres, Prado Negro, ...
17- Cañada del Moro, Cortijo Majalijar,
      Alto de Majalijar
La Umbría de Majalijar
Los nombres por este rincón
18- Llanos de Santo Vivo, cortijo y
     Fuente del Chorrillo
19- Dientes de la Vieja, Tajos del Chorrillo
20- Dientes de la Vieja, Calera en el arroyo
21- Barnco de la Umbría, Collado de Víznar

22- Banco de la Umbría, Cueva del Gato, río Darro
23- Cruce a la Alfaguara, Sierra de la Yedra.

24- Barranco del Puerto, La Alfaguara.
25- Mirador Cueva del Gato, Sanatorio de la Alfaguara, Berta.

     

 

     Antes de reseñarlas digo que la mayoría de estas rutas no son oficiales. Y entiendo por rutas oficiales las que la Junta de Andalucía ha reseñado sobre paneles. Éstas son seis y hago reseña de ellas. 1- Las Mimbres. 2- Cueva del Agua. 3- Cañada del Sereno. 4- Cerro del Maúllo. 5- De las Aves. 6- Cruz de Víznar. Solo estas son las rutas señaladas y sin embargo son muchos más los rincones que se puede patear y que tienen gran belleza. Voy a ir contando cada uno de estos rincones con todos los detalles que me sean posibles y los caminos o sendas por donde discurren.

1- Sendero de Puerto Lobo al cerro del Maúllo. OPCIÓN  DISTINTA A LA SEÑALADA EN EL PANEL

        Esta es una ruta muy sencilla que se puede hacer desde dos puntos distintos. En la foto del panel se describe la opción oficial y en el texto que sigue la otra opción. Es más corta y sencilla. De la pista forestal de tierra que desde el collado del Lobo, por donde la casa forestal, las alambradas donde encierran ciervos, gamos y cabras monteses en el centro de visitantes, se adentra en el parque y sube para el gran  mirador de la Cueva del Gato, se aparta una senda.   En la primera curva que da esta pista antes de girar un poco  para la izquierda y meterse en el arroyo. Por la derecha se aparta la senda que sube el Cerro del Maúllo. Al comienzo discurre muy cómodamente. Por las tierras llanas de un leve collado y según se aproxima al cerro va subiendo por la ladera norte de éste. Antes de coronar se divide a derecha y a izquierda. La senda buena es la de la derecha. Busca coronar a lo más alto pero cimbreando por el lado del Centro de Visitantes. La senda también es muy buena. Discurre por entre pinares, espliego, tomillo y algunas encinas.   

 

          Corona por el lado del poniente y empieza a recorrer la cumbre del cerro en la dirección del levante. Ya aquí la senda va llevando cómodamente desde una trinchera a otra, estrechos pasillos con pequeñas paredes construidas de piedra y algún que otro mirador. Porque el Cerro del Maúllo eso es lo que ofrece de atractivo: las trincheras que sobre esta cumbre construyeron en la época de la guerra para desde aquí tener control de todo lo que pasaba por el valle del río que sube desde el pueblo de Huétor Santillán. Las trincheras todavía están perfectamente conservadas y rodeando la parte alta del cerro tanto por el lado del levante como al sur y el poniente.  Recorrer cada una de estas trincheras despacio y gozar las panorámicas hacia las cumbres de Sierra Nevada, el valle del río y el pueblo de Huétor es muy gratificante. En primavera crecen por aquí una bonita especie de narcisos. Son más abundantes sobre las laderas del Cerro del Maúllo. También crecen algunas especies de orquídeas que se dan más por la hondonada que viene recorriendo la senda que desde Puerto Lobo traen al Cerro del Maúllo. 

 

          2- Sendero al valle del río, la Veguilla y Fuente de la Teja,  
          por donde los álamos y la acequia.
 

          Esta ruta no es oficial. No está reglamentada. Quiero decir que la Administración no la tiene incluida en su grupo de rutas señaladas por estas sierras. Cogiendo la pista forestal de tierra que sube desde el collado del Lobo hacia el  “Mirador de la Cueva del Gato”, un poco más adelante de donde se aparta el sendero que sube el Cerro del Maúllo hay una curva. La pista presenta un pequeño ensanche y ahí se puede girar con el coche y también dejarlo aparcado. Por la derecha se aparta una vieja senda  que se distingue muy bien. En los primeros metros esta senda baja trazando zigzags por la ladera y buscando la hondonada del arroyo. Lo cruza por el mejor sitio que por eso ha bajado y ahora remonta trazando un par de zigzags más. Llega a un collado no muy grande y se asoma al cauce del río que sube desde Huétor Santillán. Es el río Darro algo más arriba de la fuente donde nace oficialmente.  Sigue y por la ladera que cae para el río comienza a irse paralela al río, en la dirección contraria a como corren las aguas y bastante alzada. Mientras avanza va atravesando pinares, encinas, muchas aulagas, espliegos y tomillos y después de superar un paisaje rocoso empieza a bajar.

 

          Traza varias curvas porque el terreno es muy pendiente hasta que se topa con las tierras llanas de la rivera del río. Justo lo hace en unas tierras llanas que son conocidas como La Veguilla.  Enseguida se nota que estas tierras en otros tiempos fueron huertas y por eso todavía se ve por ahí el surco de las acequias por donde corrían las aguas que regaban estas huertas. Ahora son alamedas y pastizales. Siguiendo este curso del río se puede ascender por estas tierras llanas y acompañados del rumor de la corriente hasta llegar a donde se dividen los cauces. La Veguilla es como se le conoce al rincón.  Se abre un gran espacio también sembrado de álamos y por la izquierda sube la corriente principal.  Es el río Darro que viene de la Umbría de Polvorita y el Collado de los Poyos, 1559 metros.  Aquí en este rincón en otros tiempos hubo una zona  recreativa que ha sido cerrada.  Por la derecha comienza a tomar cuerpo una suave cañada que va remontando poco a poco. Se le conoce por el Barranco de la Tajoneras que baja desde las cumbres de Polvorita y la Mora, 1636 metros.  Hay por aquí muchas encinas. En el otoño se pueden coger las bellotas a puñados.  También presencia de jabalíes y otra fauna menor.

 

          Ya en este rincón podemos optar por varias posibilidades. Podemos remontar la cañada de la derecha, Barranco de las Tajoneras, hasta encontrarnos con la pista forestal en muy buen estado que baja desde la casa forestal de los Peñoncillos. Si nos vamos por ella pero regresando para la izquierda, primero encontramos el mirador de la Veguilla, luego el cauce del río y aquí otras dos opciones: río arriba para la Fuente de la Teja, Cueva de los Mármoles y Umbría de Polvorita. Para la izquierda una pista de tierra que lleva al final del Barranco de la Umbría y enlaza con la pista forestal que sube desde Puerto Lobo al Mirador de la Cueva del Gato. También podemos volver por el cauce del río desandamos lo recorrido pero en sentido contrario que también presenta su interés. Y si seguimos cañada arriba y continuamos por la pista de tierra que nos sale al paso pero tomando a la derecha saldremos a una casa forestal  de los Peñoncillos. Desde aquí se nos ofrecerán otras posibilidades. También podemos descender por el cauce del río hasta su nacimiento y desde ahí a Huétor. En definitiva: la ruta ni es corta ni larga ni tampoco aburrida. Es un recorrido moderado para un par de horas en una tarde cualquiera donde podremos gozar de un paisaje muy variado y bello. Abundan las aulagas, los romeros, las encinas, los pinos y las zarzas. En primavera es muy agradable recorrer esta senda.

 

        3- Desde el Fargue a la Abadía del Sacromonte.  

        Esta sencilla ruta no está dentro del Parque Natural de las Sierras de Huétor pero sí se encuentra muy próximo a ellas y en la misma cuenca del río Darro que es el que nace en el corazón de estas sierras. Es una ruta muy popular y por eso conocida de casi todas las personas que viven en la ciudad de Granada pero me agrada reseñarla en este trabajo mío. Y la voy a describir entrando por la parte alta.

 

          De la carretera que sube desde el barrio Haza Grande, al este de Granada y por donde el Albaizín, en cuanto se remonta el cerro y se deja atrás la estación eléctrica, por la derecha se aparta una carretera. Un letrero lo indica: “A la Abadía”.   Es la conocida abadía del Sacromonte. Pues tomando por esta carretera se recorre una llanura en todo lo alto de este monte. Enseguida se mete por entre unos pinares y comienza a bajar vertiginosamente. Se acopla al cauce de un arroyuelo y después de cruzarlo sigue ladera abajo como si quisiera hundirse en el mismo barranco del río Darro. Un poco antes de encontrarse con este barranco, a media altura entre el río y el cerro que venimos descendiendo se encuentra la abadía. Un edificio antiguo, muy deteriorado y por eso con los techos caído y muchas paredes y jardines.

 

            Desde este punto hay una vista muy  bella y completa sobre el río Darro cuando éste aun no se ha encontrado con las primeras casas de la ciudad de Granada. Se ve la Alhambra y la gran umbría que desde la Alhambra sube por donde la Fuente del Avellano y más al fondo la gran Sierra Nevada. Por detrás de la abadía hay un paisaje muy bonito. Los pinos se tupen y las viejas encinas, algunas centenarias, sobresalen en la ladera. En primavera por aquí se refugian las palomas torcaces y otros muchos pajarillos.   Yo he visto conejos, perdices, mochuelos, arrendajos y también he cogido espárragos y collejas. Un paseo a pie por la cumbre que corona al la abadía es muy agradable y entretenido. Por esta zona crece una especie de orquídea pequeña pero muy bonita. 

 

4- Desde la Abadía, río Darro arriba hasta Jesús del Valle.  Ir al índice

         Esta ruta puede ser la continuación de la anterior a una distinta. Si la seguimos desde la anterior solo tenemos que bajar desde la Abadía y continuar río Darro arriba por entre las casas. Si la trazamos separada tenemos que entrar por la Cuesta de Chapi, barrio del Albaizín y sobre la mita coger el “Camino del Sacromonte”. Pasamos la Abadía, recorremos la carretera que por entre las casas sube en dirección contraria a como corren las aguas hasta que llegamos al final de las casas y del asfalto en la carretera.  El camino se torna de tierra. Continuamos por él y al poco se encuentra con un arroyo. Es el que baja desde el Fargue.  Lo cruzamos y al frente aparece una cancela cortando la pista. Pude pasar siguiendo una senda y continúe por el carril. Aparece una construcción  por donde hay acequias y muchos árboles. La senda sigue y al poco cruza otro arroyo. Una llanura saluda y luego el cauce del río.  Yo lo crucé por entre las ramas de unos árboles y luego seguí por el lado derecho. Remonta, sale a otra llanura con olivos y otra vez el carril de tierra vuelve a encontrarse con el cauce del río.

 

                Remonté por el lado derecho y algo más arriba y por entre olivares me encontré con un carril de tierra que viene desde el lado de Quéntar.  A este rincón de Jesús del Valle se puede venir por este carril de tierra que se encuentra en muy buen estado. Donde yo me lo encontré, por entre olivares, lo cogí y bajé para el río. Crucé el puente y enseguida me tropecé con el edificio de Jesús del Valle. Es una vieja construcción, hoy bastante en ruinas, donde en otros tiempos los Jesuitas pasaban sus días de verano. De esto hace ya mucho pero el edificio aun sigue ahí al final o comienzo de una preciosa llanura que es la que da el nombre al rincón. Las tierras ahora están sembradas de olivos y en primavera crece a su aire la hierba.

 

                Desde las partes altas de esta llanura viene una acequia. Toma el agua en el río Darro pero mucho más arriba y antes de que a éste se le junte el río que viene de Beas de Granada. Por el lado izquierdo de esta llanura avanza una pista de tierra que lleva hasta la misma presa donde la acequia toma el agua. Este es el agua que riega los jardines de la Alhambra y la acequia es la que desde este Jesús del Valle arranca y recorre la gran ladera hasta el punto llamado Silla del Moro, el Generalife y luego la alhambra.

 

                En este punto podemos dar por finalizada la ruta. Aunque también podemos continuar y hacer algunas de las dos opciones que propongo y que he hecho yo. Siguiendo el carril de tierra se recorre todo el cauce del río hasta llegar al pueblo de Huétor Santillán. Es un paseo algo más largo pero muy gratificante. No olvido que este río nace en las mismas entrañas del que es Parque Natural Sierras de Huétor. Por eso incluyo esta ruta en este trabajo. La otra posibilidad que desde la represa de la acequia se ofrece es seguir por el lado izquierdo, remontar un buen trecho por el río que llega desde el lado del pueblo de Beas de Granada y luego tomar un carril de tierra que por la ladera de enfrente avanza.  Sale este carril justo al que ya dije antes entra a Jesús del Valle desde la loma de los olivos. Por aquí podemos bajar y regresar luego por el mismo sitio que hemos llegado.

 

                En hacer este recorrido podemos emplear una tarde entera. Si es en primavera la abundante vegetación y las aguas del río nos recrearán colmadamente. Por las laderas que acogen la acequia que lleva el agua a la Alhambra  crecen narcisos, orquídeas y otras flores.  Hay buena representación de aves por entre los bosques de encinas y algún que otro ejemplar de encina casi centenario. 

 

            5- Desde Huétor, río Darro arriba hasta el nacimiento.   Ir al índice 

                Distancia: unos tres kilómetros

               Tiempo  : unas dos horas en ida y vuelta

               Dificulta: ninguna. La ruta discurre casi llana

 

             Esta ruta no es oficial. No está reglamentada. Quiero decir que la Administración no la tiene incluida en su grupo de rutas señaladas por estas sierras. Se le conoce a este rincón por el nombre de Fuente Grande o nacimiento del río Darro. También por la Fuente de los Porqueros. Se llega al lugar siguiendo una carretera asfaltada que sale por el lado de arriba del mismo pueblo de Huétor Santillán. Pasa esta carretera por debajo del puente de la autovía A-92 y por entre unas casas y huertos engancha con la acequia que baja desde el nacimiento. Muchas personas utilizan este camino como paseo para ir hasta el nacimiento y para volver. Pero otra posibilidad, con coche, es seguir la carretera que lleva al polideportivo del pueblo. Antes de llegar a este rincón se pierde el asfalto y lo que sigue es un carril de tierra. Gira por encima del polideportivo y sube hasta un rellano. Aquí se puede dejar el coche y continuar andando por el carril que ahora baja desde el cerro hasta enganchar con el camino que va por donde discurre la acequia. Algunas personas avanzan con el coche hasta la mitad de este camino pero entiendo que el rincón debe conservarse todo lo que se pueda.

 

            El rincón en sí es una pequeña vega donde el río se remansa y las aguas brotan tanto del centro como de la derecha y de la izquierda. Se forman varias balsas y de aquí se toma el agua que baja por la acequia que va al pueblo. Por el lado opuesto sale la acequia de la Haza del Rey que va dando agua a los huertos junto al río.  Se juntan aquí varios arroyos y por el lado izquierdo corona el Cerro del Maúllo. En arroyo que por ahí desciende se llama Barranco de la Umbría. A la derecha queda del Tajo de Garraspichi, el Cerro de la Cruz y algo más arriba el Cerro de la Casa Fuerte. En el mismo cauce del río y algo más arriba nace la Fuente de los Porqueros y más arriba la Fuente de los Balones y de la Teja.  En las aguas limpias de este precioso manantial crecen los berros. Son estas plantas comestibles en forma de ensalada y con buenas propiedades para la salud.  También a lo largo del camino aparecen los tomillos y la mejorana. Plantas olorosas  que se utilizan para infusiones y para aliñar las aceitunas.

 

            6- Desde la cumbre a la Cueva del Agua.  Ir al índice 

            La pista forestal de tierra sube desde Puerto Lobo y al llegar a la cumbre del Cerro de las Calaveras, por la izquierda se aparta otra pista de tierra.  Es más secundaria y está cortada con cadena. Un panel de información, foto que acompaña a este texto, nos orienta hacia la Cueva del Agua. Siguiendo el trazado el recorrido no se hace pesado ni tiene pérdida. Se atraviesan espesos pinares que en los meses de invierno los cubren las nieblas y por entre ellos crecen narcisos, orquídeas y el musgo. Es un paisaje muy hermoso. También crecen por aquí varias especies de setas como la colmenilla y los níscalos. En primavera recorrer esta ruta para irla gozando despacio es mucho más emocionante que incluso descubrir la misma Cueva del Agua y los rincones que la envuelven.

 

                Es esta una preciosa ruta para hacer sobre todo en los meses de invierno o en la primavera. Por la zona crecen los narcisos, algunas orquídeas, níscalos y otras setas comestibles. Hay cabra montés, jabalíes y variedad de aves por entre los espesos pinares. Las bellas panorámicas en todas las direcciones es uno de los atractivos de esta ruta. Advierto que la Cueva del Agua está cerrada con una enorme reja para que las personas no puedan pasar dentro. Creo que el motivo de cerrarla fue para evitar que se rompiera más. Todo el paisaje que rodea es realmente curioso y bello. Está formado por rocas calizas muy erosinadas. La misma Cueva del Agua se ha ido formando en lo que se conoce como dolina. Nombre dado a uno de los muchas formas de erosión en las rocas calizas.

 

          7- A la Cañada del Sereno y  Umbría de Polvorite.   Ir al índice 

Se toma esta ruta en la misma casa Forestal de los Peñoncillos. Y hasta este punto se llega por la autovía A-92 y saliéndose de ella un poco antes del kilómetro 264 dirección Granada-Baza. Por la izquierda de la autovía discurre una carretera asfalta que da salida a un carril de tierra que es el que lleva a la casa forestal que ya dije antes. Se toma por este carril y enseguida por la derecha aparece el panel informativo que acompaña a este texto.

 

            Toda esta ruta discurre por una vereda perfectamente acondicionada. El recorrido se hace muy ameno y sin problemas. El mejor tiempo para recorrerlo es en primavera o en los meses de invierno. A lo largo de todo el trazado se van sucediendo las hermosas panorámicas hacia las profundidades del río Darro y las sierras que conforman su cuenca.  Varios miradores como el del Jardín, no acondicionado, el de la Zarraca, el de los Mármoles y el de la Umbría del Polvorita nos van saliendo al paso. Son miradores construidos por la Administración y aunque realmente están en puntos estratégicos, tengo que decir que toda la ruta en sí es un puro mirador. Los señalados y acondicionados no ofrecen más belleza que cualquier otro tramo del recorrido. 

 

                Dos de los alicientes más significativos de esta ruta son la Cueva de los Mármoles, visible desde el mirador de los Mármoles y la Umbría de Polvorite por la bonita planta endémica que por aquí crece. Es la Adonis Vernalis Granatensis.  Florece al llegar la primera y se puede observar sin dificulta alguna. Su precioso color oro  y derramada por entre la hierba de la umbría llama mucho la atención.

 

                A la Cueva de los Mármoles, no señalada ni incluida en ninguna de las rutas propuestas por la Administración, se puede llegar desde dos puntos concretos. Desde el Mirador de los Mármoles se desciende campo a través buscando el arroyuelo que baja desde la Umbría de Polvorita  y al llegar a la llanura por entre los pinos se van viendo las veredillas de los animales. Siguiéndolas se llega a la cueva. La otra entrada está desde el cauce del río Darro. Desde la pista de tierra que lo recorre se aparta una senda que sube hasta descansar en la misma llanura que antes dije. Siguiendo las veredillas de los animales se llega a la Cueva sin ninguna dificultad. Es esta una cavidad muy curiosa. Bastante estropeada porque siempre estuvo al alcance de todos pero bonita por las formaciones que las rocas calizas han ido esculpiendo a lo largo de los siglos. Todo el entorno por donde se abre esta curiosa cueva es de un gran encanto.

 

          8- Puerto de la Mora, barranco y Fuente de la Mora, Collado de los Poyos, Umbría de Polvorite.

Ir al índice Esta ruta no es oficial. No está reglamentada. Quiero decir que la Administración no la tiene incluida en su grupo de rutas señaladas por estas sierras. En la autovía A-92, por el Puerto de la Mora y viniendo desde Almería a Granada, al pasar  el kilómetro 262, por la derecha una llanura y una salida en forma de área de descanso. Justo aquí hay unas casas, Casas del Puerto, entre los barrancos de los Poyos y de la Mora. Dos barrancos muy similares en forma y recorrido que nacen al norte y sur del Cerro de los Poyos, 1651 m. Por el   Barranco de la Mora arriba asciende la ruta siguiendo pequeñas sendas de animales y como a un kilómetro se llega a una preciosa llanura. Brota aquí una fuente a la que le han constraído unos pilares y por el lado de arriba una valla cierra la preciosa llanura. Es la famosa Fuente de la Mora.  Por este mismo lado de arriba llega la pista de tierra. Siguiéndola se remonta hasta el Collado de los Poyos. Justo al volcar nace uno de los arroyuelos que comienza a darle aguas al río Darro. Se le conoce por el Barranco de Polvorite. Y aquí mismo comienza la Umbría de Polvorite. A la izquierda  de este collado según hemos remontado desde la fuente queda el cerro de los Poyos con 1651 metros, Majada del Arroyo, Polvorite y la Mora, El Mirador y Cerro del Muerto. Justo por aquí va naciendo el Arroyo de los Mármoles. Y  a la derecha queda el Puntal de la Mora, 1550 m.  Collado de la Mora, La Mora con 1517 m. y el Cerro del Pino con 1503 m.

 

                En recorrer esta ruta se puede tardar una tarde entera que se hará muy agradable si se hace en primavera. Por la zona crecen las peonías, la Adonis Vernalis granatensis, planta endémica en estos montes, los botoncitos de oro y otras plantas. La fauna está representada por la cabra montés, el jabalís, palomas, tórtolas, cucos, mirlos y otras aves.  Nota del autor: La palabra “Poyos” aparece por el lugar varias veces. En los mapas la he encontrado escrita con  “Ll”. Creo que no es correcto puesto que “Pollo” se refiera a un ave doméstica y “Poyo” es precisamente un accidente geográfico. Un trozo de tierra más o menos llano a mitad de la ladera o sobre las cumbres. Así es como precisamente se presenta por aquí el terreno. 

                                                             

           9- Casa forestal Los Peñoncillos, Mirador de las Veguillas.  Ir al índice 
      
Esta es otra de las rutas clásicas que la Administración presenta a las personas que se aventuran adentrarse en estos parajes. Muy sencilla y como tantas otras, con una señalización algo inexacta. Voy a intentar explicarla y aclararla en la medida de lo posible.

 

                Se llega por la autovía A-92. Si la hemos cogido desde Granada para Baza, un poco antes del kilómetro 264, encontramos una salida al Parque Natural de las Sierras de Huétor. Pasamos a la izquierda siguiendo una carretera asfaltada y enseguida por la derecha se aparta un carril de tierra. Lleva a la Casa Forestal de los Peñoncillos y a más rincones pero enseguida veremos que el paso con coches está cortado con cadenas. Aquí en estas cadenas tenemos que dejar el coche. Desde este punto salen dos pistas forestales. Tomamos la de la derecha siguiendo el letrero que nos indica al Mirador de las Veguillas. Se indica que se tarde una hora en llegar a este rincón y no es exacto. Bajando a un paso cómodo no se tarde más de veinte minutos.

 

                Pero desde donde hemos dejado el coche la pista desciende cómodamente y en muy buen estado. Se adentra  poco a poco en el barranco de las Tajoneras y luego sigue descendiendo por él con mucha más comodidad. Cuando ya casi hemos terminado de bajar por la izquierda veremos que se aparta otro carril de tierra no tan bueno. Se pega al surco del arroyo y lleva a la misma junta de los cauces. Nosotros seguimos por el que continua al frente y que se empieza a despegar del barranco. En solo unos metros nos encontramos con el anunciado mirador. Se abre por la izquierda y muestra las tierras del rincón por donde se juntan los cauces.  Cubierto el rincón por álamos y pinos  y centrado por una vieja alberca. En el mirador encontramos el panel informativo que no informa demasiado.

 

                Desde este punto como la pista continua también nosotros podemos hacerlo siguiendo las indicaciones que en los paneles encontramos. Pretenden que se haga todo el recorrido hasta la Umbría de Polvorita pasando por la Fuente de la Teja sin incluir la Cueva de los Mármoles. Lleva esta ruta hasta la Umbría de Polvorita, según lo que dicen los paneles pero lleva a más lugares y rincones bellos. Río arriba asciende el carril y en algunos momentos, para los que conozcan el río Borosa en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, el cauce con su chorro de agua se parece a este hermoso río llamado Borosa. Crece en su rivera la preciosa florecilla color oro llamada primavera. También las zarzas, algunos álamos y pinos. No tardaremos en ver el rellano por donde se encuentra la Fuente de la Teja. Este rincón fue zona de esparcimiento en otros. Lo han prohibido cortando la pista por donde Los Peñoncillos.

 

                El rincón de la Fuente de la Teja es muy bonito y realmente curioso. Y lo digo porque en este Parque Natural no abundan los parajes como el que conforma la Fuente de la Teja. Hay aquí varias construcciones, crecen algunos árboles frondosos y grandes  y los pinos dan frescas sombras.  Desde aquí, ya lo he dicho en otras rutas, podemos seguir según las ganas que tengamos de andar y completar el recorrido al modo en que la Administración lo ha configurado.  Yo lo dejo en este punto porque tengo mis razones.    

 

         10- Cumbre de la Cruz de Víznar.  Ir al índice 

Esta es una de las rutas de las que la Administración tiene catalogadas y señaladas.  En el punto en que decidieron que comenzara esta ruta pusieron el panel de la foto que acompaña este trabajo. Y decidieron que comenzara justo en el área recreativa de Puerto Lobo, por debajo de la casa forestal con el mismo nombre. Por el lado derecho de la carretera que desde este Puerto Lobo baja hasta el pueblo de Viznar. Entre los pinares está clavado el panel y ahí mismo sale una senda repecho arriba.

 

Quiero decir que el arranque de esta ruta es algo anormal porque lo hace ladera arriba cortando las curvas de nivel frontalmente. Por esto enseguida se nota que este trozo de senda es artificial. No es una senda trazada con lógica. Quizá lo hicieron así para alejar a los turistas tanto de la cerca que encierran a las cabras monteses como también de la casa forestal y demás. El caso es que la senda arranca repentinamente ladera arriba y en los primeros metros resulta algo dura. En cuando remonta la casa forestal y la cerca de las cabras monteses se encuentra con la que sí es una verdadera vereda. Mucho mejor preparada y ascendiendo con más lógica: yéndose casi paralelo a las curvas de nivel para ir remontando con la menor inclinación posible. Es una ladera con un fuerte desnivel y por eso la senda la va remontando poco a poco, trazando curvas y elevándose hacia el collado para escalar a la cumbre. 

 

                Arranca la senda sobre la curva de nivel de los 1200 metros y cuando termina de coronar hay 1559 metros. En un principio la vereda se viene un poco para el lado de Puerto Lobo, luego remonta y comienza a venirse para el lado del pueblo de Alfacar. Desde puerto Lobo para Alfacar pero sin dejar de subir y cortar curvas de nivel. Poco a poco se va metiendo en una ladera bastante poblada de pinos por donde sigue remontando hasta que se encuentra con la un leve hondonada. Es por donde vendrían las aguas al caer desde el mismo collado de la Cruz de Víznar. Por esta leve hondonada sigue subiendo para entrarle la cumbre justo por el collado que se forma entre dos picos: Cruz de Víznar a la derecha con 1559 m y su gemelo a la izquierda con 1553 metros.

 

                Al llegar a este collado se abren amplías panorámicas en todas las direcciones. Un pilar de piedra y cemento saluda con cuatro caras donde pusieron tablas indicando las distintas direcciones. A la derecha Cruz de Víznar, a la izquierda para la Cueva del Agua pasando por el bosque de pinsapos y al frente bajando por el barranco de la Umbría para la pista de tierra que sube hacia el Mirador de la Cueva del Gato. Si nos venimos para la derecha en poco rato coronaremos a lo más alto de la roca donde clavaron la cruz.  Un tablón grueso  bien encajado entre las grietas de las rocas. Cruzaron otro tablón en la parte alta y así se formó la cruz que mira al pueblo de Vízna. Para ascender hasta él hay que hacerlo casi escalando por las rocas pero se puede sin mayores problemas.  Ya junto a esta cruz de madera las panorámicas que se nos abren en todas las direcciones son grandiosas. La vega de Granada  sembrada por las casas de la ciudad y los pueblos, las cumbres de Sierra Nevada y las sierras de este Parque Natural.

 

                Desde este picacho se puede seguir cumbre adelante hacia el levante hasta alcanzar la caseta de los vigilantes de incendio sobre otro peñón casi a la misma altura que el de la cruz. Situados en este punto aún podemos gozar de mejores perspectivas sobre  el mismo Centro de Visitantes Puerto Lobo, el pueblo de Huétor Santillán, todo el barranco del río Darro, Sierra Nevada, la Alhambra y demás.  En definitiva la subida a esta cumbre merece la pena para aquellas personas que quieren tener una idea más o menos aproximada de este Parque Natural y los paisajes que rodean.  Advertir que toda la solana por donde sube la vereda está poblada de romeros, aulagas, tomillos y algunos pinos. Por la zona baja se dan bien las setas y ya en las cumbres con suerte podremos gozar de la presencia de águilas y otros pajarillos. En primavera es una de las mejores fechas para realizar. No hay agua en todo el recorrido.      

 

11- Barranco de la Umbría, río Darro   Ir al índice 

Esta ruta no es oficial. No está reglamentada. Quiero decir que la Administración no la tiene incluida en su grupo de rutas señaladas por estas sierras. En Puerto Lobo, en lugar de girar para el Centro de Visitantes, seguimos al frente por el carril de tierra que lleva al Mirador de la Cueva del Gato. Discurre con bastante comodidad este carril de tierra. Al llegar al arroyo que baja desde el Cerro la Cruz de Víznar, conocido por el Barranco de la Umbría,  la pista de tierra sigue y solo unos metros más adelante, en una curva, por la derecha se aparta otro carril de tierra. Está cortado con  cadena. Tenemos que dejar el coche por aquí y ponernos a andar.

 

                Este carril es en realidad el trazado de esta ruta. Comienza bajando por lo más alto de un cerro que va cayendo para el río Darro y en solo unos metros, por la izquierda se ve una vereda. Es un atajo que baja por la umbría del barranco que comienza a descender por este lado izquierdo. Si nos apetece podemos irnos por ella en lugar de seguir por el carril y así acortamos un buen trecho. La vereda cae por la umbría del cerro por donde discurre la pista forestal y en lo hondo del barranco y bastante más abajo del comienzo de esta ruta se vuelve a encontrar con la pista. Pero si en lugar de coger el atajo optamos por seguir el trazado del carril de tierra veremos como éste, ya al final del cerro y por donde se alza un viejo cortijo, va girando para atrás y comienza a meterse para el arroyo en busca de la senda que antes decía. Se la encuentra y al poco cruza el surco del arroyo. Por la ladera de enfrente, ahora solana, sigue avanzando el carriel muy cómodamente. Se va retirando del arroyo hasta que corona el cerro, lo vuelca, cruza otro arroyo, remonta y así   hasta encontrarse con el cauce del río Darro. Y justo cuando llega al río se encuentra con el carril de tierra que baja desde la Casa forestal de los Peñoncillos que es el mismo que sube a la Fuente de la Teja y a la Umbría de Polvorita. Yo describo esta ruta justo hasta el punto donde el camino se encuentra con el río. Se puede seguir pero como ya en otras rutas describo estos camino aquí paro.

 

                Esta ruta, entre otras muchas posibilidades y emociones, lo más interesante de lo que nos ofrece son los níscalos. Lo que por aquí se conoce como setas de los pinos. A lo largo de todo su recorrido crecen entre los pinares y en los rincones propicios. Son setas de otoño, muy fácil de reconocer y agradables al paladar. Por entre los pinares que va atravesando esta ruta crecen y sobre todo en la parte final antes de juntarse con el cauce del río Darro. 

 

12- Una bonita ruta en coche por el borde del Parque: los pueblos.   Ir al índice 

         Esta es una de las rutas más bonitas en las sierras de este Parque Natural. Discurre por la curva de nivel que va entre los 1100 metros  y los 1400 m. y enlaza con la carretera que lleva a la Alfaguara para seguir y atravesar todo el Parque, dando salida por el Molinillo, cerca de Diezma.  Esta ruta es para hacer en coche y discurre muy cómodamente por carretera asfaltada siguiendo la periferia del Parque por el lado del poniente. Va de pueblo en pueblo y en un trayecto no demasiado largo recorre cuatro de los siete pueblos que prestan tierras a este Parque Natural. A lo largo de todo el recorrido vamos gozando de una grandiosa panorámica sobre la vega de Granada así como  sobre Sierra Elvira y los pueblos que por todos estos rincones se levantan.

 

                La ruta comienza en el mismo Puerto Lobo. Solo unos metros antes del edificio Centro de Visitantes, por la izquierda se aparta una carretera asfaltada. Lleva al blanco y bonito pueblo de Víznar a 2 k de Puerto Lobo.  Enseguida por la izquierda aparecen los barrancos. Barranco del río Beiro y Barranco del Tejo.  Pasa por el área recreativa Puerto Lobo. La construyeron justo donde va naciendo el río Beiro. La carretera sigue avanzando por el Cerro del Señorico, loma abajo por entre pinares  se aproxima  a Víznar. Penetra dentro del pueblo pero al mismo tiempo lo bordea por la parte de arriba y solo rozando las casas sigue en dirección al pueblo de Alfacar.  Al dar esta curva y torcer para la derecha saluda al frente y a lo lejos el gran macizo rocoso. Queda coronado por La Cruz de Víznar, Tajo del Águila y Collado del Víznar, por donde va la linde entre Alfacar y Víznar. De la linde para Víznar en la ladera quedan los Barrancos del Cerrilo, de los Pozos y del Collado de Víznar. Al otro lado de la linde desciende el barranco de San Martín coronado por la Sierra de Alfacar con los Calares de Alfacar y de Nívar. Paralelo a la Cruz de Víznar  pero por encima de Alfacar se alza otro cerro que también se llama Cruz de Alfacar.  Los Calares son un cerro con 1528 m y una gran ladera, solana cayendo para el pueblo de Alfacar.  

 

                Nada más salir de las casas de Víznar se anuncia Fuente Grande a dos kilómetros  y a cuatro  el pueblo de Alfacar. Quedan atrás las blancas casas del pueblo de Víznar y trazando curvas por los barrancos que caen desde la cumbre sigue el trazado de la acequia de Aynadamar. Antigua acequia que desde Fuente Grande traía agua al barrio del Albaizín. Por aquí discurre también la Cañada Real de Alfacar a Cogollos.  Y también por aquí mismo discurre la linde del Parque. Así que esto es carretera, cañada real, acequia de Aynadamar y linde del Parque Natural.  Un poco antes de llegar al pueblo de Alfacar, por la derecha se aparta un caminillo. Se anuncia en una gran lápida de mármol. Sube solo unos metros y entre pinares ofrece el recogido rincón de los Pozos. En una depresión en el terreno por donde debe bajar el arroyo que desciende desde el Collado de la Cruz de Víznar. Dicen que aquí, en otros tiempos se retenía agua. Cuando la Guerra Civil en estos hoyos echaban a las personas que mataron en los pueblos cercanos. Han acondicionado un poco este lugar. Le han trazado un camino con algunos puentes de madera, frente al barranco han construido gradas con piedras y en lo hondo del barranco han amontonado piedras y entre ellas han puesto flores. Debe ser como homenaje a los que en estos pozos pedieron sus vidas. Se cree que entre los cuerpos de las personas aquí sepultadas está el de Federico García Lorca.    

 

                Siguiendo la carretera a poca distancia encontramos el Parque dedicado a Federico García Lorca. Queda a la derecha.  Es un recinto cercado sobre un cerrillo que acondicionaron con asientos y plantas. Por debajo de la Sierra de Alfacar y la gran solana de los Calares brota el manantial de Fuente Grande. No cae dentro del núcleo urbano del pueblo sino algo alejado de éste por la parte de arriba y sobre la curva de nivel de los 1100 m. El rincón es realmente curioso y bello. En un trozo de terreno donde brota este manantial que ya en tiempos remotos acondicionaron. Le trazaron un gran muro en forma de alberca y dejaron dentro la enorme balsa donde brotan las aguas. Desde aquí sacaron varias acequias  y la más importante la Acequia de Aynadamar. Actualmente el rincón ha sido restaurado dejando, en lo posible, sin tocar el recinto que recoge las aguas del gran manantial.  “El ayuntamiento de Alfacar en el año 1995 consiguió cerrar un acuerdo que nos permitió: que a Alfacar  se le dotara de una nueva toma de agua para su abastecimiento. Que la acequia de Aynadamar se le diera un tratamiento en consonancia con lo que cultural e históricamente representa. Y que la plaza Fuente Grande se recuperara urbanizada. Alfacar agosto 1996”.  Texto escrito sobre una lápida en el recinto de la Fuente.

 

Quiero decir que esta fuente natural se parece algo a la fuente también natural que da nacimiento al río Segura en la Sierra de Segura. Aquella parece más espectacular aunque creo que no es tan caudalosa como ésta. Los dos manantiales brotan  casi de la misma forma y recogidos en una poza artificial. Y las aguas de los dos grandes manantiales que estoy comparando vienen de grandes paisajes de rocas calizas.  Creo que este de Fuente Grande en Alfacar es más espectacular aunque aquel tiene una belleza muy singular.  Y para mí aun tiene más belleza.   

 

                Desde este punto, Fuente Grande, el área recreativa de la Alfaguara queda a solo 6 kilómetros. La carretera tuerce para la izquierda y se adentra en las casas del pueblo bajando por una empinada ladera. Pero si la seguimos al frente que es por donde continúa esta ruta en solo unos kilómetros por la derecha y en un mirador se aparta otra carretera. Es la que sube a la Alfaguara, rincón por donde se encuentra una zona de acampada. Desde este mirador baja una carretera bordeando las lindes del parque y enseguida se nos presentan las casas de otro de los bonitos pueblos de este parque natural. Son las casas del pueblo de Nívar. Pueblo nevado o paisaje nevado, según el color blanco de las rocas calizas.  Queda este pueblo sobre un bonito cerro, por donde ya la sierra va perdiendo altura y refugiado al norte de la Peña  Bartolo.

 

Nada más llegar al pueblo, por la derecha se aparta un carril de tierra. Recorre la linde del Parque y después de remontar un leve puntal rocoso por la curva de nivel de los 1100 metros se alarga hasta la Fuente de la Sartén, Fuente de Güevejar y al cauce del río Bermejo. Este camino se puede hacer con el coche. Muchas personas de este pueblo lo hacen andando en forma de paseo. Es muy agradable este paseo. En los primeros metros avanza por entre olivares para ir poco a poco tomando altura y remontar  el puntal. Desde aquí se torna casi llano y a  pocos  metros se encuentra con la fuente de Nívar. Es un caudaloso manantial que también procede de las sierras que coronan. Entre los troncos de unos álamos es donde brota. En realidad por aquí es por donde discurre la acequia que viene del Fardes por donde la fuente de Prado Negro.  Ya he dicho que la acequia del Fardes comienza en Prado Negro   y sale justo del manantial Fuente Grande.  Para llegar a este rincón viene todo el río Bermejo abajo y un poco antes de Cogollos Vega se viene para el pueblo de Nívar. Por este mismo rincón de los álamos pasa y sigue,  va regando toda la ladera que desde Nívar cae para la cuenca del río Bermejo y luego supera la colina por donde se asienta Nívar. Por el otro lado, cara que mira al valle de Granada, va regando todo lo que puede. Olivares, huertas, valles y laderas. Esta acequia es muy larga.

 

Por donde la Fuente de la Sartén le han hecho algunas obras para dejar el agua encerrada y protegida de todos. Por la parte de abajo sale la acequia.  Por ella se va un buen caño del líquido cristal y por su propio pie recorre toda la ladera en dirección al pueblo de Nívar. Esta acequia va repartiendo agua a las mil huertas y casas que en la ladera han construido. Por eso hacer el paseo siguiendo el trazado de esta acequia, sobre todo en primavera, es una delicia. Este rincón es todo un paraíso pintado de verde y regado con el mejor fresco. Por entre esta vegetación, natural y cultivada, se refugian las aves. Ruiseñores, mirlos, palomas, collalbas y otros pájaros.  El paseo puede resultar circular. Se puede ir desde el pueblo de Nívar hasta la fuente que he dicho antes siguiendo el carril y regresar por el borde de la acequia. Tanto para ir como para regresar el camino es muy cómodo. Todo él está engalanado con una gran variedad de plantas y flores. Tomillos, zarzas, majuelos, rosales silvestres, hinojos y más.

 

Desde esta Fuente de la Sartén y rincón de los álamos negros el carril sigue. Por el borde de la montaña que corona por la derecha avanza surcando una amplia llanura repleta de almendros, olivares, cortijos y tierras baldías. Crecen por aquí en abundancia los tomillos, el espliego y los majuelos. En primavera los ruiseñores alegran deliciosamente.  Cuando por fin el carril llega al cauce del río lo atraviesa y por la ladera opuesta se viene para el pueblo de Cogollos Vega. Por esta ladera que es solana y queda coronada por el cerro del Portichuelo han construido muchas casas.  Y todas ellas estás rodeadas de jardines, huertas, olivares y viñas. Pero quería decir que el carril que viene desde el pueblo de Nívar al llegar al cauce del río Bermejo, aunque un ramal se viene para la izquierda, al frente  y río arriba sigue el trazado principal. No cruza el río sino que por el mismo lado que ha llegado continua subiendo en dirección contrario a como corren las aguas hasta que remonta por el Barranco de la Alfaguara. Sigue y atraviesa el llano de Agosto, traza varias curvas cerradas, se mete por los tajos de la Solana, roza la Fuente de Lochar y por el Llano de la Mina se junta con el carril que ha subido desde Alfacar y busca el rincón de Florencia y la Fuente de los Potros.  Se puede hacer este carril con el coche pero en muchos tramos estás bastante difícil. Lo mejor es recorrerlo andando para gozar de la belleza del paisaje y el esplendor de los bosques. Por el lado del Peñón de Mata, 1669 m. el paisaje rocoso es grandioso. Quiero decir que las sierras que por aquí se alzan son mucho más quebradas que por la cuenca del río Darro. El macizo del Peñón de Mata asombra por la altura que presenta y el paisaje blanco rocoso que muestra. El nombre del río Bermejo lo toma de la cumbre que corona en las partes altas. En concreto Peñón Bermejo con 1328 metros.  Caen dentro de lo que es Parque Natural mientras que el Peñón de Mata solo el lado sur y parte del levante es Parque Natural.     

 

Por el lado de arriba del pueblo de Nívar, en la caída de la gran ladera del Calar, que es en realidad la cara sur de la Sierra de la Yedra, se elevan varios picones rocosos. Le llaman la Ventanilla de los Grajos. Este nombre le viene porque los grajos de vez en cuando se ponen sobre estas rocas y se asoman para las casas y tierras del pueblo. Por aquí está también lo que se conoce por La Mina. Es un manantial que han cerrado con una construcción y se llevan el agua a otro lugar.   

 

La carretera que desde el pueblo de Alfacar ha llegado a este pueblo de Nívar lo atraviesa y por el lado de abajo sigue en busca del último pueblo que por aquí presta tierras al Parque Natural. Es Cogollos Vega. También recogido bajo un buen cerro rocoso y al rumor del río Bermejo se aplastan las casas blancas. Por el lado de arriba brota la caudalosa fuente de Nívar. Desde este manantial van las aguas por una acequia hasta el pueblo.

 

           Segunda posibilidad de esta ruta: al corazón del Parque.

           Desde el mirador en la carretera de Alfacar Nívar por la carretera de la Alfaguara, tomamos a la derecha y remontamos. Esta dirección en la prolongación natural que hemos hecho desde Puerto Lobo para recorrer los pueblos de la periferia del Parque. Por aquí ahora nos vamos a adentrar en el mismo corazón de estas sierras y en los primeros metros de los ríos más importantes que nacen en el Parque.  Desde este mirador remonta la carretera aprovechando un gran barranco que se abre entre Los Calares y el Cerro de Las Higuerillas. Según remonta impresiona al frente lo que se le conoce por el Tajo de la Cimbra. A la derecha va quedando otro gran corte rocoso conocido por El Tranco.  Por aquí va también la Cañada Real de Cogollos  a Alfacar. Al terminar de remontar se abre una extensa y bonita llanura. Por la derecha saludan espesos y verdes los pinos. Por la izquierda la ladera está más pelada. Aprovechando las tierras llanas de una amplia cañada trazaron la carretera y por eso en cuento remonta empieza a descender un poco para la vertiente del río Darro. Estas son las llanuras que recogen las aguas de las lluvias y de las nieves que luego van a salir por los manantiales de los pueblos que han quedado atrás.   

 

Como al la mitad de esta gran cañada aparece un cruce. Al frente sigue la carretera y lleva hasta la autovía A-92. Por la derecha se aparta la que lleva al lugar llamado Alfaguara. A solo un kilómetro queda desde este punto el área recreativa.  Por la derecha y algo más atrás ha quedado el Cerro Calvero con 1489 m y por la izquierda se alza el Cerro de los Corralillos con 1523 m.  Desde aquí la Fuente de la Teja queda a tres kilómetros. El área de acampada Florencia a ocho kilómetros y la de la Fuente los Potros a diez kilómetros.  Si nos vamos por la carretera que nos da paso por el lado derecha subimos un poco y entre pinares y encinas enseguida aparecen las instalaciones  de la Alfaguara.  En una hondonada casi a 1400 metros de altura han levantado algunas casas, han hecho aparcamientos, han puesto mesas de madera entre los árboles y esta es la zona recreativa y de acampada. Desde los pueblos que han quedado atrás sube mucha gente a este rincón. Es bonito y tiene frescura. Justo en este punto la carretera pierde su asfalto y se queda con la tierra propia de estas sierras. Continua, remonta, lleva a la Cueva del Agua, también al Mirador de la Cueva del Gato, al barranco de la Umbría de la Cruz de Víznar y sigue hasta Puerto Lobo. 

 

                La carretera que sigue al frente, dirección a Polvorite, Fuente de los Potros  y por ahí a Murcia,  al poco del cruce pierde el asfalto y por un paisaje muy bello se deja ir hasta que por la derecha se aparta una pista que lleva al cauce del río Darro y a la Fuente de la Teja. Desde donde se aparta el carril hasta la fuente hay 1,7 m.  Un poco más adelante y también por la derecha se aparta otro carril que lleva a la Umbría de Polvorite. Ambas salidas estás indicadas e informadas en los paneles que la Administración puso por aquí. Unos kilómetros más adelante ya es vertiente al río Fardes. El área de acampada Florencia aparece junto a las aguas del río Fardes, llamado por aquí Arroyo de las Perdices, por la derecha. Es una zona muy poblada de vegetación, llana y sobre un nivel de 1.300 metros.  Por la derecha y alejada queda la gran sierra de la Cuerda de los Gitanos  con el Cerro del Corzo 1.600 m. más cerca la Majada de las Minas y a la izquierda se levanta la Cuerda de la Gallega. Justo por lo alto de esta cuerda va la linde del Parque y es donde se encuentran los montes más elevado. El Alto de Majalijar  tiene 1.878 m y a continuación se alza el Alto de las Buitreras con cinco cumbres todas  superando los 1.700 m.

 

                Desde la zona de acampada Florencia la Fuente de los Potros queda a solo dos kilómetros.  La carretera sigue avanzando pegada al cauce del río Fardes que por aquí se llama Arroyo de las Perdices. También por aquí y a la izquierda de la carretera va la Acequia del Fardes. La que lleva el agua hasta el pueblo y tierras de Cogollos Vega. En las mismas tierras llanas que ofrece el Arroyo de las Perdices por donde se le va a juntar el arroyo de las Chorreras que Baja de Majalijar enclavaron el área recreativa Fuente de los Potros. Una zona llena de mucha vegetación, con mesas de madera, alguna fuente y columpios para los niños. Por aquí mismo se aparta el carril de tierra  que lleva a la aldea de Prado Negro. También de aquí mismo sale la ruta oficial a Las Mimbres. La Acequia del Fardes corre por las laderas algo más arriba y no lejos queda una cerca con algún letrero que pone “Parque Cinegético”. Desde este punto la carretera continua y unos kilómetros más adelante se junta con la que lleva al Molinillo, otra aldea de Huétor Santillán ya en el mismo cauce del río Fardes. Este lugar fue en otros tiempos una venta. Se le conoce con el nombre de Venta del Molinillo.  Si una vez en la carretera del Molinillo nos venimos para la derecha enseguida salimos a la autovía A-92. Si giramos para la izquierda iremos a la aldea antes mencionada y desde aquí a otras muchas posibilidades.  En definitiva esta ruta sería la que recorre todo el parque desde un extremo a otro por el mismo centro. Desde ella tenemos muchas posibilidades algunas ya reseñadas en este trabajo y otras no. También algunas de estas posibilidades están señaladas por la Administración y otras no.

 

13- Segunda ruta en coche por los pueblos del Parque.    Ir al índice

         Esta segunda ruta para hacer con coche también discurre por los bordes del Parque Natural y saltando de un pueblo a otro. Si llegamos desde Granada al pasar Puerto Lobo, antes de entrar a la autovía A-92, por la derecha se desvía una carretera. Es la que lleva al bonito pueblo de Huétor Santillán. Se enclava este blanco y alegre pueblo justo al borde mismo de las aguas del río Darro un poco antes de donde este cauce empieza a irse por la acequia de la Alhambra. En una ladera, cara al sol de la tarde, entre almendros y huertas justo casi debajo del puente de la autovía. Este pueblo es el que más sierras presta al Parque Natural. En realidad es el que le da nombre.

 

            La carreta cruza por entre las casas y sigue paralela a la autovía. A solo unos kilómetros, por la derecha se aparta otra carretera más secundaria.  Lleva a otro bonito y blanco pueblo: es Beas de Granada. Solo a tres kilómetros de la desviación. La carretera avanza por entre huertas y prados, roza una cantera, remonta un pequeño collado y enseguida al frente las blancas casas del pueblo. Como aplastado al borde mismo del río Beas, afluente del Darro. Es un pueblo pequeño pero no por eso carente de interés. Le rodean huertas, olivares, tierras sembradas de almendros y praderas. Frente al gran macizo montañoso del Enebral Alto, 1400 m. Cerro del Vivero, 1424 m. y Cerro de Buenavista, 1664 metros. Son las sierras que el pueblo presta al Parque Natural por el lado sur.   Y repito, para los amantes de la naturaleza y espacios abiertos este rincón también regala belleza por todos lados. No hay arroyo pequeño ni roca insignificante ni mata de hierba vulgar  cuando se sabe captar y gustar la sencilla belleza que  cada uno de estos elementos encierran.

 

        14- Sendero de los pájaros.     Ir al índice  

Es esta una ruta menor en forma de paseo cortico por los alrededores de la casa de Visitantes Puerto Lobo. Ni siquiera se tarda diez minutos aunque depende de cómo nos lo tomemos. El recorrido arranca por el lado del sol de la tarde justo en la misma casa de Visitantes Puerto Lobo. Por entre los pinos y la vegetación menor que por aquí existe han trazado una senda. En los primeros metros va derecha a los depósitos de las instalaciones de este edificio. Los roza y baja por la suave pendiente siempre rodeada de pinares. Sigue un poco el trazado  de la carretera que trae a este lugar y antes de encontrarse con ella se presenta un mirador. Algo espectacular para lo poco que desde aquí se puede observar. Pero es un mirador construido con piedras y maderas y sirve para la función que fue destinado.

 

         Desde este punto la senda sigue y en unos metros se encuentra con un pequeño puente de madera. Al igual que el mirador antes mencionado también resulta exagerado para la insignificancia de arroyuelo que tiene que atravesar. Pero en esta sencilla ruta en forma de paseo no hay más de lo que hay. En cuanto deja atrás el bonito puente de madera se encaja sobre otro mirador. También grande, de piedra y madera y con pocas cosas que observar desde él. Repito esto porque casi todas las vistas que desde los miradores se alcanzan pueden verse con toda claridad desde cualquier punto de este recorrido y también desde la misma casa de Visitantes.

 

            Desde este segundo mirador la senda sube repentinamente y en unos metros se encaja justo en las jaulas donde encierran a las aves rapaces para recuperación. Y nada más. Este sencillo recorrido no tiene más emoción ni aliciente. Solo un paseo corto por entre un recogido bosque de pinos que tampoco son gran cosa. Sencillamente un paseo a ningún sitio aunque puede resultar agradable si se va en compañía de alguien charlando en forma de descanso relajado. Puede entretener también el juego que en panel explicativo se ofrece.  

 

              15- Sendero a Las Mimbres. Área recreativa, acequia del Fardes,
              cortijo de las Chorreras, praderas por donde se juntan los arroyos…   
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      Es esta una sencilla ruta en forma de paseo sin ningún tipo de problemas. Lo más interesante es el bosque por donde discurre y las preciosas vistas hacia las cumbres de Sierra Nevada, a lo lejos y más en primer plano la amplia llanura  que conforma la cuenca alta del río Fardes. También la vegetación que cubre esta extensa llanura deleita agradablemente mientras se va recorriendo la ruta. Si se hace en primavera por el cortijo de las Chorreras y más abajo nos recrearán las tupidas y frescas alfombras de hierba y flores. Regalan unas muy  finas y puras sensaciones.  La fauna y flora por el rincón es muy abundante y variada.


           
En la misma área recreativa de Las Mimbres o Fuente de los Potros existe un panel informativo al comienzo de esta ruta. Es el de la foto. Así que hasta este punto podemos llegar en coche. Tomamos por la pista de tierra que atraviesa la zona recreativa y lleva a Prado Negro y al final de esta zona recreativa, por la derecha es por donde tiene su comienzo la ruta. Justo al lado de los columpios para que jueguen los niños que por aquí instalaron. Aparece primero el panel que ya he dicho y  a su pie mismo arranca la ruta.  Una sencilla vereda de tierra que por entre pinares asciende bruscamente. En unos metros corona a un collado y se tropieza con una alambrada. Es la que construyeron para meter dentro cabras monteses y crear por aquí un parque cinegético.  Ya no está.  Se lo llevaron a Puerto Lobo y a Pino Genil.

 

            Desde este punto la senda se pega a la alambrada y aun asciende más bruscamente. Es aquí donde se nota que es una senda artificial para llevar a los turistas a donde interesan que vayan y no para trasladarse de un punto a otro lo más cómodo posible. Después de esta repentina subida la senda se tropieza con la acequia del Fardes. En este punto la dirección a seguir es para la izquierda. En la dirección en que corren las aguas por la acequia. Por su mismo borde va el camino perfectamente claro y cómodo. Sin apenas notarlos nos va llevando hasta lo más espeso del bosque de encinas y quejigos. Crecen apretados y frondosos por toda la ladera y la acequia y por so borde la senda los va recorriendo como en un verdadero sueño. Si mientras recorremos este tramo de ruta vamos atentos seguro que nos sorprenderá la presencia de autillos, arrendajos, mirlos, palomas y otros pajarillos. Es uno de los placeres que regala esta ruta.

 

            Después de un kilómetro poco más o menos y ya rebasados los  barrancos que caen desde Majalijar, la senda se separa de la acequia. Se advierte con facilidad. Se viene para el lado izquierdo que es también lado de abajo. Cruza el cauce de un arroyo con su chorrillo de agua limpia, remonta un poco y se encaja sobre el cerro donde fueron a construir el cortijo de las Chorreras. Me lo encuentro cerrado, casi derruido, sin nadie que lo habite y por detrás el rellano de la era. Ahí mismo han clavado dos o tres letreros que señalan a las distintas cumbres. Por este mismo lado debe continuar la ruta. Baja otra vez para el arroyo, lo sigue durante unos metros, lo cruza por un puentecillo de tablas puesta aquí no hace mucho, se mete por entre pinares y al poco sale a otra gran llanura. Una muy amplia llanura por donde se juntas varios arroyos y por eso hay muchas zarzas y otra vegetación.  Produce una sensación especial recorrer esta llanura en los días centrales de la primavera. El tupido césped de hierba recrea de una forma muy especial.

 

            Por otro puentecillo de tablas nuevas debe cruzar la senda y luego remonta para el rincón de la verdadera casa de las Mimbres.  Fue esto un cortijo en otros tiempos. Luego una casa forestal donde construyeron un centro de recuperación de aves rapaces y por los terrenos de la ladera hacia la acequia es por donde cercaron para el parque cinegético. Ahora ya no hay por aquí ningún animal. Ni aves ni cabras montes.  Las aves se las han llevado al centro que la Junta de Andalucía tiene por Pinos Puente y las cabras monteses ya andan sueltas por las cumbres de este Parque Natural.  La ruta roza las cercas de la casa de las Mimbres, sube un poco para la acequia y por entre pinos busca encontrarse con la vereda por donde discurre esta ruta en los primeros metros hacia la acequia. Se encuentra con ella y ahora baja porque ya va de regreso para el punto de partida. Así de este modo se cierra el círculo de este recorrido que no lleva a ningún sitio especial pero que puede servir para un buen paseo por entre bosques, arroyos, praderas y aire puro.

 

             16- Las Mimbres, Prado Negro, Collado del Agua. Ir al índice   

            Esta ruta se puede recorrer toda ella montado en coche y también caminando. No presenta más dificultad que todo es cuesta arriba y sube bastante. El camino es bueno porque en todo su recorrido discurre por pista forestal de tierra con algunos tramos asfaltados. Hay agua a lo largo de toda esta ruta puesto que discurre por uno de los parajes más elevados del Parque Natural. Por el rincón existen viviendas por lo que encontraremos personas por acá y por allá a parte de los que se haya aventurado a recorrer el rincón o simplemente para pasar un rato con los amigos o familiares.

 

            Al llegar al área recreativa de Las Mimbres, por donde la Fuente del Potro, a la derecha si subimos desde el Molinillo o a la izquierda si bajamos desde Florencia, se aparta un carril de tierra. En los primeros metros recorre la preciosas cañada por donde están las mesas de esta área recreativa. Por el lado de arriba se escapa adaptada al suave terreno de la cañada y enseguida remonta un puntalete. Vuelca y cae para el arroyo que baja desde el Tajo de las Buitreras. Sigue todavía con su firme de tierra en buen estado y en cuanto atraviesa el cauce del arroyo aparece el asfalto. Por la izquierda nos saluda un buen caño de agua que desciende bañando toda la ladera. Es agua que ha rebosado de la Acequia del Fardes que paralela al camino que recorremos discurre por la solana que nos va coronando por este lado izquierdo.

 

            El camino que recorremos nada más cruzar el cauce del arroyo remonta. Según los mapas por aquí cerca está la Cueva del Sol.  Al terminar de remontar aparece un suave llano espesamente poblado de encinas y tapizado de rocas calizas muy erosionadas. Es muy curioso este paisaje. Si  nos paramos y observamos el barranco por donde se aleja el arroyo que hemos superado al otro lado y no muy lejos descubriremos un espeso bosque de robles. Cubren toda la umbría  y llaman mucho la atención porque este tipo de vegetación es realmente bella. En primavera es cuando más belleza muestran estos árboles. Umbría de los Alcaldes es como se llama el rincón que vengo diciendo.  Por la izquierda nos sobrepasa un robusto filo rocoso. Es el que viene cayendo desde la cumbre del monte Majalijar, “Malijar”, según los pastores del lugar. Por este gran filo rocoso los nombres se reparten de la siguiente manera, desde la carretera para la cumbre de Malijar : Tajo de las Garduñas, Cañada del Moro, Tajo de los Halcones, Las Mimbres, Peñón de la Era, Las Chorreras y ya coronando el Alto de Majalijar con 1878 metros de altura sobre el nivel del mar. Sostiene a esta cumbre  la majestuosa Cuerda de la Gallega con media docena de picos todos por encima de los 1800 metros. Por la cima de estos picos van los límites del Parque Natural subiendo hacia Sierra Arana ya término de Iznalloz.  En lo alto, y es por donde empiezan a nacer todos los arroyos que caen para este barranco del río Fardes por Las Mimbres y el Molinillo,  coronan otras cumbres muy buenas. El Alto de las Buitreras con cinco picos  todos por encima de los 1700, el Cerro de los Tejos, elevado a 1837 y por fin Cerro de Orduña con 1976 metros. Este pico es el más alto en los límites del Parque Natural. Por debajo queda el precioso Collado del Agua y por enciman y algo más para el levante corona Los Pelados del Collado del Agua y Collado del Agua o de las Pozas. Brota por ahí la Fuente de las Pozas.

 

            La ruta que vamos recorriendo después de encajarse en la llanura por donde la Cañada del Moro se viene un poco para la derecha, remonta levemente y al poco se encaja en las tierras que conforman el bonito rincón de Prado Negro. Quiero decir que este lugar está configurado en forma de una ladera semi llana cara al sol del sur hermosamente enriquecido por abundante vegetación de encinas y monte bajo, con ricos manantiales de agua y fértiles tierras que en otros tiempos sembraban con toda clase de hortalizas. Ahora por aquí se levantan muchas casas.  No son cortijos sino casas modernas que unos y otros han ido construyendo para utilizar como segundas residencias. Enseguida entra por los ojos que la mayoría de las construcciones que se reparten por estas tierras de Prado Negro son chalés más o menos lujosos. Y como el terreno es amplio más o menos llano y con mucha agua y vegetación no han construido todas las casas juntas para formar un núcleo de población. Cada uno  ha levantando su chalé donde más le ha gustado y a ser posible lejos del otro. Así Prado Negro enseguida impresiona por esta característica que he dicho. Es un sembrado de casas modernas desparramadas por una buena extensión de tierra. A cada una de ellas va su camino particular. El asfalto de la carretera que llega a Prado Negro desaparece entre las primeras casas que es más o menos donde quedaría el centro de esta urbanización.  En una fuente con varios caños de agua y un pequeño rellano. No lejos queda un bonito restaurante y ya, para arriba, para abajo a derecha y a izquierda las construcciones que vengo diciendo.

 

            También quiero aclarar que desde este bonito y recogido rincón de Prado Negro la carretera sin asfalto sigue y surcando la ladera remonta para el arroyo de Prado Negro.   A la derecha va quedando  el Tajo del Despeñadero, el Cerro Almujejar con 1522 metros,  Collado del Haza del Horno, la Umbría de las Chozas y Llano de la Doncella que es por donde el camino cruza el arroyo y sigue adelante. Por la izquierda nos han  ido quedando las altas cumbres de la Sierra de Arana, la amplia Solana de Prado Negro y el Cortijo de Cinco fuentes. Por donde han levantando las casas de esta urbanización el nivel sobre el mar se reparte entre los 1500 metros y 1300 m. Una buena altura que es precisamente la causante de que en invierno por aquí nieve lo suficiente. Sobre todo en las cumbres de la Sierra de Arana. Del agua que regalan estas nevadas se alimentan los manantiales de este rincón de Prado Negro y casi todos los veneros que por estas sierras, barrancos y valles, brotan. Dije que el carril sigue y lleva a muchos más lugares de estas sierras. También al pueblo de Diezma y al de Iznalloz.

 

            Un poco antes del encuentro con las casas de Prado Negro, por la izquierda según  se llega, se aparta un carril de tierra. Es el que lleva hasta el gran manantial de Fuente Grande, punto de donde arranca la Acequia del Fardes. Y como la ruta que estoy comento continúa por este carril diré que en cuanto remontamos un pequeño puntal nos asomamos al barranco de Fuente Grande. Se allana un poco y en unos metros por la izquierda aparece la alberca de esta Fuente Grande. En el mismo cauce del arroyo, en un rellano muy tapizado de hierba en primavera y por donde el arroyo baja bastante sereno. Fuente Grande es como una alberca casi redonda, algo profunda, construida de piedra y mezcla de cal.  Se parece mucho a la otra Fuente Grande que hay en Alfacar. Las dos son de épocas lejanas. El agua mana del fondo, se remansa serenamente y luego se va por la acequia que comienza su recorrido por el llano que va dando forma a la preciosa Cañada del Moro. En el agua recién manada retenida en la alberca brevemente crecen muchos berros y otras plantas acuáticas. También las ranas saltan y croan en este cristalino y fresco remanso. Del agua que baja por el arroyo recogen parte en otra acequia que luego se funde con la que arranca desde la fuente domesticada.

 

            El carril se eleva barranco arriba pegándose cada vez más al surco del arroyo y tras varias curvas y repentinas cuestas se separa un poco para el lado derecho. Remonta ahora en una cuenta fuerte y enseguida se encaja en las tierras del Collado del Agua. Es este un bonito rincón por donde mana mucha agua, hay buenas tierras que en otros tiempos sí sembraban y también por aquí ya ha levantado algunas casas en forma de chalés. Se reparten fundamentalmente por el lado de la derecha y junto al carril que llega.  Pero este Collado del Agua en tiempos antiguos lo que de verdad fue es un cortijo. Vivió en él una familia con siete hijos que al hacerse mayores algunos se fueron del rincón y otros se quedaron. Se fueron casando y las familias de unos y otros comenzaron a levantar casas en las  que de siempre habían sido sus tierras. Así que casi todas las casas que por aquí ahora se ven son de los herederos de aquella familia. Pero el Collado del Agua fundamentalmente es una solana con tierras muy buenas por donde brotan varios veneros. Solana con tierras casi llanas sobre la curva de nivel de los 1600 metros. El collado propiamente se encuentra algo más arriba y se abre entre las cumbres del Cerro de Orduña con 1976  y el Cerro de Jinestral con 1901 metros. Esta última cumbre es la que corona a las tierras de Prado Negro. Al Cerro de Orduña los pastores del lugar la llaman “Pelao Orduña”. En un monte elevado por completo despoblado de vegetación y sobre todo de árboles.

 

            En este punto quiero dar por terminada la ruta que aquí he reseñado. Se puede seguir, con coche o andando, y según las fuerzas o ganas que se tengan llegar a otros rincones también interesantes. Al frente continua el carril de tierra que después de coronar el verdadero Collado del Agua sigue adelante y lleva hasta el pueblo de Iznalloz. No estás bueno para coches bajos pero con cuidado se puede recorrer. Para los lados y para las cumbres que coronal hay también veredas que se pueden recorrer. Y tengo que decir que este Collado del Agua ya queda fuera de los límites del Parque Natural, cosa que no debe importar demasiado a los buenos amantes de la naturaleza. Por aquí las cumbres de Majalijar, Alto de las buitreras, Cerro de los Tejos, Collado del Agua y el arroyo de Fuente Granda van los límites del Parque Natural. De tal manera que también toda la solana de Prado Negro, con las casas y el cerro que corona también quedan fueran del Parque Natural Sierra de Huétor.

 

            Pero antes de concluir quiero dejar reseñados algunos de los nombres de los sitios por este rincón. Y lo voy a escribir tal como lo pronuncian los pastores por el lugar.  El Collado de Majá Reonda, el Pelao Orduña, Tajo del Peñón de la Cruz, Corral de la Raja, la Cañá que es desde el Collado del Agua para arriba. Todo este terreno en otros tiempos lo sembraban tanto de trigo como de cebada y garbanzos.  Se daban por aquí unos garbanzos muy buenos. Se sembraba a mano, arando las tierras con mulos y yuntas de vacas. Se recogía a mano y luego se trillaba y aventaba en la era que hay frente al Collado del Agua por el lado del sol de la tarde. Otros nombres son el Espinar, las Majaillas, el Barranco de la Tejea. En tiempos pasados hubo por aquí tejo. Creo que todavía queda alguno. El Collado de los Chorreros, Umbría Tomaima, Chorrera de Tomaima y Solanilla de Tomaima,  Majá de En medio, el Collao del Lobo, el Cerrillo  y el Collao de las Pozas, el Tajillo Rijano, Peñón del Jato. Nota: “Jato” quiere decir hato que se refiere a la comida que llevan los pastores o las personas que trabajan en el campo. Queda por aquí todavía otros nombres como el Filete, el Cerrillo de la Erilla, donde en otros tiempos hubo una era para trillar y aventar las mieses… Los nombres que aparecen en los mapas del lugar en bastantes ocasiones difieren de estos que conocen y desde siempre usan los pastores de estos rincones.

 

         17- Cañada del Moro, Cortijo Majalijar, Alto de Majalijar.    Ir al índice

         En recorrer esta ruta se puede tardar unas cuatro o cinco horas. Depende del trazado y si vamos incluyendo rincones más o menos cercanos. En total los kilómetros serán entre siete o diez. Hay agua en las distintas fuentes, sombras por la Umbría de Majalijar y muy buenas vistas desde las cumbres de los montes a conquistar. Los tramos se podrían dividir en los siguientes: Cañada del Moro, fuente a la mitad de Cañada del Moro, Collado de Majalijar, Cortijo de Majalijar, Cañada de Majalijar, Umbría de Majalijar, Encina y Quejigo centenarios, Cuerda de la Umbría,  Fuente de Majalijar, Prado de Majalijar, Alto de Majalijar, Collado de las Buitreras, Barranco del Prao de Majalijar y regreso al cortijo y a la Cañada del Moro.

 

         Lo primero que quiero destacar es que esta ruta quizá se la más interesante de todas las que podamos trazar dentro de este espacio natural. Y lo digo por lo siguiente: discurre por los picos más elevados del Parque, hay mucha agua a lo largo de todo su recorrido, va por los paisajes donde más flora endémica existe y las panorámicas que se abren desde todos los puntos son inigualables. Al mismo tiempo discurre por uno de los rincones menos visitados y menos  acondicionados por los seres humanos.

 

            Otra cosa que  para mi tiene su importancia son los nombres de los sitios.  Por el lugar coinciden poco con los que aparecen en los mapas. Estoy usando el mapa del Instituto Geográfico Nacional escala 1:10,000.  En este trabajo voy dejando escritos los topónimos que aparecen en el mapa arriba dicho. Lo haré también en la descripción de esta ruta pero al final de ella pondré los nombres que me han contando los pastores del lugar. Se verá que coinciden poco con los de los mapas. Esto  me ha pasado ya muchas veces. Casi todos los mapas tienen errores grandes en cuestión de topónimos. Se nota en ello que el trabajo de campo  es pobre y muy descuidado a pesar del interés que deben poner.  Me fío más de lo que me cuentan los pastores que lo que leo sobre los mapas. Respeto más sus versiones de las cosas en cuanto a topónimo, caminos e historias que la que aparecen en los mapas sin que con esto quiera decir que todo lo que hay en los mapas es malo. Digo que tienen muchos errores en la toponimia los mapas de estas sierras y también los de otras. Tuve mi gran experiencia en los parajes del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas.

 

            Empiezo con la descripción de esta ruta. Se llega siguiendo la carretera que desde la zona recreativa de las Mimbres sube para Prado Negro. Al remontar el Tajo de las Garduñas aparece un llano. Un pequeña arroyo saluda por el lado izquierdo. Es el que viene recorriendo toda la gran Cañada del Moro. Por aquí se aparta un carril de tierra. Tiene cadena. Lleva al cortijo de Majalijar ya al final o comienzo, según se mire, de la Cañada del Moro. Aunque el cortijo se levanta en otra vertiente y cañada. Por este carril de tierra avanza la ruta que estoy diciendo. Sube por la cañada y mientras la va recorriendo lo hace paralelo al arroyuelo que cañada abajo desciende y también paralelo al otro carril de tierra que construyeron por la derecha y algo alzado en la ladera. Este carril da forma a un arroyo artificial que pretende sujetar las aguas que escurre la ladera de la derecha. Como a la mitad antes de coronar al collado, por la derecha y del corazón de la ladera, desciende un arroyuelo. Algo más arriba mana la fuente. No está indicada en el mapa. También pregunté y me dijeron que esta fuente no tiene nombre. Sin embargo me parece un manantial bueno porque donde mana crecen muchas plantas acuáticas y sobre todo la Orchi maculata. Le hice algunas fotos.

 

            La ruta sigue y en poco metros corona al collado. Ante los ojos se abren unas muy amplias y bonitas vistas. Y en primer plano nos sorprende la construcción del cortijo de Majalijar. Lo levantaron al comienzo de una también muy bonita cañada y justo antes de que esta cañada, con un buen caño de agua, comience a caer por el tajo que corona a la casa forestal de Las Mimbres. Se despeña el agua de esta cañada y a un lado queda el Tajo de los Halcones y a otro el Peñón de la Era. Esto cortijo de Majalijar es de propiedad privada. Tiene una extensión de tierra bastante buena y casi en el centro de esta extensión queda la cañada que baja desde las cumbres más altas del Parque Natural. El que en el mapa aparece como Alto de Majalijar y según los pastores de la zona se llama Buitrera. Llega a los 1878 metros sobre el nivel del mar.

 

            El carril muere un poco en este cortijo de Majalijar y todavía sigue adelante por la tierra de la cañada. La recorre hermosamente y según va remontando comienza a desdibujarse. Va dando paso a una senda que poco a poco remonta por la ladera en busca de la fuente. Es el manantial más caudaloso por esta zona. Tampoco viene en los mapas pera se le conoce por la Fuente de Majalijar. En este punto es donde brotan las aguas que surcan la cañada. Y son abundantes, fresca y puras. Regurgitan de las entrañas de las cumbres que coronan. Ya he dicho que una de ellas, la más elevada, es el Alto de Majalijar que conforma el extremo de la Cuerda de la Gallega. Esta cuerda tiene seis o siete picos todos por encima de los 1800 metros. Se rompe un poco con esta cresta de Majalijar pero sigue hacia el norte con otra ristra de picos algo menos elevados pero superando los 1700 metros. Por el Alto de las Buitreras, según el mapa que dije antes, se concentran otro buen puñado de crestas. Siguen para el Cerro de los Tejos y por las elevaciones de Cerro de Orduña la sierra alcanza su máxima altura. Casi roza los 2000 metros. Por el filo de estas cumbres que he dicho van los límites del Parque Natural.

 

            La ruta que describo corona a la llanura conocida por aquí como el Prao de Majalijar. Es una muy buena extensión de tierra al norte de la cumbre de Majalijar por donde nace otro arroyo.  Ni siquiera viene dibujado en los mapas este arroyo y sin embargo es un buen cauce por donde se despeña también un buen chorro de agua. Corre al norte del conocido Peñón de la Era y cae para la casa forestal de Las Mimbres. Desde este Prao de Majalijar la ruta sigue y buscando el mejor terreno se eleva para cruzar por el  Collado de las Buitreras. Queda este collado algo más arriba del Prado  de Majalijar y lo escolta por la izquierda el Alto de Majalijar y derecha el Alto de las Buitreras. Tanto para subir a un pico como al otro se puede hacer desde este collado y no es ni muy largo ni muy incómodo. Pero la ruta puede seguir hasta coronar tres buenos picos que quedan por completo al frente. Por la vertiente sur de estos picos va naciendo el río Blanco que es casi paralelo al río Bermejo, el que pasa por Cogollos Vega.

 

            Desde el Prao de Majalijar o el collado de las Buitreras la ruta se viene siguiendo el arroyo que nace en el mismo prado. Desciende por el cauce de este arroyo, al Norte del Peñón de la Era y en cuanto baja un poco se despega de él y se viene buscando el cortijo de Majalijar.  Asoma por la ladera que queda al frente de este cortijo y cayendo al arroyo descansa otra vez en el cortijo. Desde aquí regresa por el mismo carril que recorríamos al principio y que recorre toda la Cañada del Moro.  

 

            La Umbría de Majalijar.  Ir al índice    Quiero destacar este rincón porque es uno de los pajares más bonito en esta ruta. Queda esta umbría por encima del cortijo de Majalijar, a la izquierda según remontamos la cañada con el mismo nombre. Tendrá esta umbría como un kilómetro de larga y queda coronada por una cuerda con cuatro picos que van desde los 1652 a 1676 metros. Toda esta umbría se encuentra poblada de espesa vegetación de majoletos. Crecen por aquí las peonías y sobre las cumbres calizas se dan varias plantas de gran interés botánico. Al coronar es donde se abre el precioso Prado de Majalijar. Pero lo más interesante de esta umbría son los dos hermosos ejemplares de quercus que en ella perviven. Una encina algo más que centenaria y un quejigo también centenario. Los dos crecen casi unidos y en un terreno  poblado de majoletos, rocas calizas y   mucha humedad. Algo así como los tejos milenarios en la Cañada de las Fuentes en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas.  En la misma cañada de Malijar, cerca del cortijo crece una mimbre que también es centenaria. La última dueña del cortijo murió con noventa y seis años y cuando era pequeña la mimbre tenía el hueco que ahora se aprecia en su tronco.

 

       Los nombres por este rincón del Parque Natural según los pastores.  Ir al índice   Lo primero es aclarar que el nombre de “Majalijar” parece que procede de la unión de dos palabras. Majada y Lillar. Según me dicen lillar significa sitio donde hay muchas piedras. Por esto los pastores lo traducen como “Majada de las Piedras”. Y ciertamente por el rincón hay muchas piedras.  Es un paisaje típicamente calizo. Y el nombre de Majalijar, “Malijar”, se refiere exclusivamente al cortijo. El que se levanta al comienzo de la cañada. El cortijo le presta su nombre a la cañada que le entra por el lado de arriba, a la umbría, al prado, a la cumbre y a muchos otros sitios. Pero en los mapas lo han complicado todo.  Y tanto lo han complicado que hasta le han quitado el nombre al cortijo que es el que se lo irradia a todos los sitios cercanos. En el mapa aparece como cortijo de la Cañada y en otros como cortijo de las Mimbres, quizá por las dos o tres mimbreras que en la cañada crecen.

           

            Situado en el mismo cortijo de Majalijar los pastores me dieron los siguientes Nombres: La Solana que es la  gran ladera que cara a sol de la tarde queda por detrás del cortijo. Es una muy buena extensión de tierra por donde crecen los espliegos, las aulagas, los romeros y las retamas. Por aquí hay muchas perdices y los espliegos se aprovechan  para sacar esencias. Esta solana es terreno de la finca de Majalijar y el dueño explota tanto las flores de la mejorana para la esencia como la miel que sale de estas flores y también la caza. Corona la Morra de Enmedio, el Cerro de las Sabinas, Las Buitreras, que es el punto donde los mapas sitúan al Alto de Majalijar,  la Mitra, Barranco de Malijar, Fuente del Borbotón y Fuente del Prao.

 

            - Hay que tener en cuenta que en aquellos tiempos casi todos los sitios de por aquí tenían sus nombre árabes. Este cortijo tiene una historia muy antigua. Sus primeros propietarios fueros árabes. Los Reyes Católicos, como prebenda, se lo donaron a los Condes de Chincón por haberles prestado su ayuda.  Según iban conquistando terreno los reyes fueron regalando cortijos a unos y a otros.  De los Condes de Chincón esta finca pasó a Familiares de la Casa de Alba. El cortijo principal queda ahí abajo y se llama la Ermita. Algunos de los cortijos por aquí eran este del Malijar, Tomaima, Almueja, Carialfaquín.  Los de la Casa de Alba fueron vendiendo y así pasó a familias particulares este cortijo de Malijar y otros hace más o menos ciento cincuenta años.

 

            Por el Tajo de los Halcones hay una cueva grande. Por donde cuelga una Yedra. Se llama la Cueva de Hoya Fría.  Es como le llamaban a uno que dicen era bandolero. La sierra más alta es la de Orduña. Es por donde confluyen tres términos. Huétor Santillán, Cogollos Vega e Iznalloz. Por ahí se encuentra el Barranco de la Cerrá que por donde nace el río Blanco, el que abastece al pantano de Cubilla. Cerca del cortijo de Malijar quedan los Poyos de las Mimbres. Al pie de aquella sierra está la Cueva del Agua. Detrás de aquellos tajos hay otra Cueva del Agua. Por donde le llaman la Cabeza del Caballo.

 

            18- Llanos de Santo Vivo, cortijo y Fuente del Chorrillo.    Ir al índice

            Es esta una bonita ruta para un paseo en una tarde tranquila. Se recorre con mucha facilidad y pasa por rincones muy bellos.  Los pinares del llano Santo Vivo, ladera cara a sol de la mañana de las cumbres de la Mora, praderas y suaves lomas por donde el cortijo del Chorrillo, fuente del Chorrillo, Umbría del Chorrillo, Tajos del Chorrillo y cumbres por donde el collado del Cigarrón. Se llega por la autovía A-92 y en la desviación para Las Mimbres y Prado Negro, se sale para el Parque. Se toma por el carril que avanza paralelo a la autovía por el lado norte y a los pocos metros aparece una cadena cortando el paso a coches. El carril de tierra sigue y hay que hacerlo andando o en bicicleta. No es  ruta señalada por la dirección de este Parque y en algunos tramos discurre por tierras de propiedad privada. Atraviesa por el centro la finca del El Chorrillo y en un punto concreto el carril roza las paredes de este cortijo.

 

            Quiero contar que yo hice esta ruta en la tarde del 15 de junio del 2003. Era una tarde bonita, calurosa, con el cielo cubierto de nubes negras entre las que estallaban los truenos y saltaban los relámpagos. Dejé el coche donde la pista de tierra es cortada con la cadena y me puse a recorrer el camino en  dirección al Puerto de la Mora desde la desviación para Prado Negro. Durante un buen tramo el carril acompaña a la autovía por el lado norte hasta que luego gira  se pone paralelo a las montañas de La Mora y la Umbría del Chorrillo. Pero antes de llegar a la curva donde el carril tuerce para la finca del Chorrillo dejé este camino y fui por entre los pinares que van cubriendo las llanuras del lugar llamado Santo Vivo. Empezó a llover. La hierba se mojó y mis pies empezaron a empaparse. El cielo se fue cubriendo cada vez más de espesas nubes negras y los truenos estallaban uno detrás de otro. No le temí ni le hice caso. Mas bien me empecé a poner alegre porque la tarde se vestía con un traje especial.

 

            Por entre los pinares que cubren las tierras más o menos llanas del rincón llamado Santo Vivo fui buscando una senda. Me encontré algunas rodadas de coches y las seguí. La hierba a cada paso estaba más mojada porque la tormenta no paraba en su actividad. En dos o tres momentos las rodadas que iba siguiendo cambiaban de dirección hasta que cuando menos me lo esperaba me encontré con el carril que lleva al cortijo del Chorrillo, la fuente con el mismo nombre y continúan para Las Minas y la Fuente de la Teja. Me alegré encontrarme con el carril porque pude comprobar que mi dirección era correcta. Dejé de pisar hierba mojada y en estos momentos me concentré en la belleza que la tormenta me regalaba en esta singular tarde de junio.  Las praderas de hierba aun verde y espesa se sucedía antes mis ojos, las nubes se espesaban cubriendo todo el cielo por encima de mí, la silueta de las montañas se borraban por las gotas de lluvia que caía y los bosques se vestían de limpio. La lluvia que la tormenta estaba dejando sobre los campos teñía de limpio a las hojas de los árboles y a los tallos de la hierba y esto daba lugar a un espectáculo realmente bello.

 

            Siguiendo el carril remonté un pequeño puntal y de pronto ante mis ojos a lo lejos apareció la blanca figura del cortijo del Chorrillo. Me alegré porque esta era mi intención al trazar la ruta que en la tarde estaba recorriendo. En esto momento la tormenta estallaba con fuerza y la lluvia arreciaba. Me paré al borde del carril y bajo el paraguas me puse entre las ramas de los pinos. Por aquí los pinos crecen muy espesos porque son de repoblación. Cuatro o cinco metros tendrán de alto y todos aparecen muy pegados entre sí y casi en hilera. Mientras esperaba que aflojara un poco la lluvia me entretuve en  gozar más detenidamente del precioso espectáculo que la tormenta y la tarde me regalaba en medio de este también singular paraje. Me sentía muy bien.  Era hermoso todo lo que mis ojos estaban viendo. Quiero decir que en estos días del mes de junio ha hecho mucho calor. A más de cuarenta grados ha llegado en algunos rincones del país. Las tormentas han aparecido después de los días calurosos. Por eso esta tarde se ha vestido de una belleza excepcionalmente limpia y honda.

 

            Acampa un poco y reanudo el paseo que he decidido trazar esta tarde por este rincón. Por la derecha y muy cerca del camino me encuentro un bonito peñasco. La lluvia lo ha lavado y rodeado de algunas matas de clemátides florecidas se me presenta como una figura muy hermosa. Le hago algunas fotos y sigo. El carril baja a una bonita cañada que la descubro toda tapizada de mucha hierba, muchos majuelos vestidos con un verde brillante, varias matas de saúco llenas de flores blancas y algunos cerezos. Me entretengo con las flores de los mil rosales silvestres  que aun regalan flores y también con las arrugadas piedras calizas que han amontonado por el lado de arriba. Son   muy curiosas. Tanto que al descubrirlas me digo que si se las pudiera llevar quién bien sé las pondría en su jardín para decorar.

 

            Sigo todavía con el paraguas abierto y dando pasos lentos porque no tengo ninguna prisa y al dar una curva con el camino para entrar por la cañada recto al cortijo del Chorrillo los perros ladran. De bruces me encuentro con el pastor que baja desde el cortijo. Lo saludo y le digo:

- Dando un paseo.

- ¿En una tarde como ésta?

Se refiera a la tormenta que sigue crujiendo y derramando gruesas gotas de lluvia.

- Es una tarde excepcionalmente bonita.

No contesta pero sí añade:

- Voy a ver a las ovejas y enseguida vuelvo.

Le quiero Preguntar cosas  pero enseguida pienso que otro día volveré y lo buscaré. Será mejor porque para ese día ya me conoceré mejor el rincón. Le digo:

- Voy a llegar hasta el cortijo y me vuelvo.

Le aclaro esto porque el calzado que esta tarde llevo no es el más apropiado para andar por el campo con la hierba empapada en lluvia.  Ya me he mojado las sandalias, los calcetines y los pies. No traigo esta tarde el mejor calzado para andar por estos campos tan repletos de hierba recién regados de lluvia. Lo despido.

 

            En unos metros llego al cortijo. Me gusta nada más verlo. Es alargado, blanco de nieve, con su chimenea, su noguera centenaria en la misma puerta y el chorro de agua cristalina.

- ¿De dónde viene?

Le pregunto a Rosario que es la mujer del pastor y que me la he encontrado fregando los platos en el chorro de agua que cae al pilar.

- Viene de la fuente de los Chorrillos. 

- ¿Dónde está esa fuente?

- Allí, en medio de la Umbría de los Chorrillos. Siguiendo la pista se llega a ella y luego se corona hasta lo más alto de los tajos de los Chorrillos.  Son esos filos rocosos que coronan en lo alto.

Desde la misma puerta del cortijo se ven perfectamente los tajos de los Chorrillos y toda la grandiosa umbría de los Chorrillos. Sobre esa cumbre rocosa la tormenta estalla y la lluvia cae. A rosario la está empapando porque mientras  friega los platos y contesta  a mis curiosidades la lluvia la moja.

- Pero no me importa.

Me dice. Luego hablamos de la noguera, las muchas nueces que cada año le cogen, del camino que sube para la fuente de los Chorrillos, de las nevadas que en invierno caen sobre los tajos de los Chorrillos, de la gente que pasa por aquí haciendo senderismo tanto en bicicleta como andando, del estiércol que le sacan a las ovejas y luego venden muy bien y hablamos de más cosas. De su huerto y de que otro día tendré que volver para terminara de recorrer esta ruta.

 

            Despido a Rosario y me vuelvo por el mismo carril. Va cayendo la tarde y la tormenta también se va deshaciendo. Sigue tronando y por el cielo las nubes se abren. Regreso lentamente por el mismo camino pero ahora mucho más despacio para gozar a fondo los hermosos paisajes recién lavado por la lluvia de la tormenta y reventando de verde. El recorrido se puede hacer en menos de una hora.  Yo he tardado casi tres porque me he ido entreteniendo mucho en la vegetación y el limpio paisaje que el rincón regala. Tengo que decir que por aquí crece una vegetación muy especial. Muchos majuelos, encinas, varias especies de pinos, tomillos, mejoranas, espliegos, cantuesos, endrinos, saúcos y árboles frutales. También hay clemátides, lino azul, muchas zarzas por donde se instalan los ruiseñores y los mirlos y entre los pinares los pájaros carpinteros, los jabalíes y las cabras monteses. 

 

1516- Tarde de tormenta

del mes de junio

calurosa y fresca,

en los prados mojada

la verde hierba

y por entre los pinos

volando la niebla.

Voy por el camino

soñando mi pena,

amasando tu imagen

en la ausencia,

perfume de tomillo

y de mojada  tierra.

Tarde de lluvia

con nubes que vuelan

por montañas y bosques

que al trueno tiemblan

y por el camino

amasando mi pena,

llorando con las nubes

tu ausencia.     Del libro:
                                                      
                  Aromas de Hierba

Tarde por el Chorrillo, Parque Natural de las Sierras Huétor

 Santillán. Tormenta con lluvia y viento y muchas praderas de hierba verde. 15-3-03.

 

            19- Dientes de la Vieja, Tajos del Chorrillo.   Ir al índice

            En la tarde del día seis de julio del 2003 hice esta ruta. En recorrerla tardé cuatro horas. Desde las tres y media hasta la siete y media sin parar nada.  Solo en el cortijo del Chorrillo diez minutos para echar un ratillo de charla con el pastor. La distancia total de esta ruta creo que se acerca a lo seis kilómetros. No concreto mucho porque yo fui por muchos tramos campo a través y subí y bajé barrancos y laderas. En esta tarde todavía el campo estaba bastante verde y aunque agua no hay nada más que por la umbría de los tajos del Chorrillo tampoco la necesité.

 

            Los nombres por el rincón que recorrí son muchos más de los que aparecen en los mapas. Pongo aquí los de los mapas y luego los que yo he aprendido. Nombres en los mapas: Santo Vivo, los Fabiares, Cerrillo del Poste, Loma del  Espino, cortijo de El Chorrillo, collado del Cigarrón, Puntal de la Mora, Umbría del Chorrillo, Majada Contreras, Pozo de Santo Vivo. Los nombres que yo he aprendido por el mismo lugar son como siguen: Dientes de la Vieja, justo donde es la salida de la autovía para Prado Negro, Los Praillos de Aguilar, justo por donde la calera en el arroyo, Cueva de los Praillos de Aguilar, Acampada de Florencia, Cerrillo de la Peste, por detrás del cortijo del Chorrillo, Tajo de la Abubilla por detrás del cortijo del Chorrillo, Collado del Cigarrón que también se le conoce por el Collado del Polvorite y es el que divide las cuencas del río Darro y ésta del río Fardes por encima del cortijo de los Chorrillos. En la vertiente del río Darro está la Fuente del Polvorite y por las cumbres que coronan el barranco del Chorrillo hay un punto que se le conoce por los Tajos de la Gitana, otro punto se llama Hoyo del Gamón, por donde mana la fuente del Chorrillo se le conoce por el Barranco del Chorrillo. Está luego el del Cortijo del Chorrillo Alto y Bajo, por donde  la cadena en la en carril que lleva al cortijo se llama Llano de Fátima. Este nombre aparece en los mapas pero situado junto a la autovía A-92 antes del Puerto de la Mora dirección Baza. Por donde la cadena en el carril hay un cerrillo con una llanura y un helipuerto para los helicópteros y a ese punto se le conoce por la Majá de Contreras. Por detrás del cortijo del Chorrillo corre un arroyo menor que se le conoce por el arroyo de Florencia. No es el mismo que pasa por donde la zona de acampada.

 

            Quiero aclarar que el nombre de “Fabiares” que aparece en los mapas creo que está equivocado. La expresión correcta parece ser “Sabiares” o “Sabinares”,  lo cual me parece lógico. Por la zona crecen sabinas y este arbusto no es abundante en otros rincones cercanos.  También quiero aclarar que el nombre de “Cerrillo del Poste” que aparece en los mapas no es bueno. Como el anterior lo han equivocado. Su nombre correcto es “Cerrillo de la Peste” que desde luego tiene más lógica. Parece que es un topónimo derivado de la actividad serrana y más en concreto de la pastoril. Lo del “Poste” para mí es extraño. Lo de la “Peste” encaja porque es algo surgido en la zona y de la propia zona.  Y ahora ya describo la ruta según mi sencilla experiencia en la calurosa tarde  de verano. El nombre de cortijo del Chorrillo Bajo se refiere a unas ruinas que hay por el lado de abajo del actual cortijo del Chorrillo. Por el lugar ya hoy no existe ninguna instalación.  

 

            Dejo el coche justo en el punto que se le conoce por los Dientes de la Vieja. Al salir de la autovía A-92 para Prado Negro y en la primera curva a la izquierda que es por donde se aparta un carril de tierra. Hay una cadena y aquí mismo se divide el carril. Un ramal se viene paralelo a la autovía y otro ramal se dibuja al frente dirección al arroyo que baja de Florencia. Tomo este carril y enseguida desciende. Se mete en la hondonada del arroyo y no tardé en llegar al cauce. No corre agua ninguna por este arroyo. El carril se va cauce arriba y al llegar a una llanura que es donde se junta dos cauces se ve la vieja calera. Ya he dicho que este punto se le conoce por los Praillos de Aguilar. Hay mimos y por encima de la vieja calera se elevan las rocas formando una covacha.

 

            Sigue la pista arroyo arriba viniéndose para la izquierda y después de atravesar una bonita llanura se encuentra con la carretera asfaltada que viene desde la Alfaguara para Las Mimbres. Al llegar a este punto no continué por la carretera sino que me vine para el lado izquierdo y seguí subiendo por el arroyo. Solo unos metros más arriba me encontré con la zona de acampada Florencia. La rodeé por el lado de arriba y me volví para el rincón del cortijo del Chorrillo siguiendo las veredas de las ovejas. En unos minutos remonté al cerrillo de la Peste que es un punto donde las rocas calizas blanquean mucho. Aquí le ponen sal a las ovejas para que la tomen y por eso todo el rincón está muy trillado.

 

            Seguí un poco más y ya descubrí la figura del cortijo del Chorrillo. No me vine para él sino que por la ladera de enfrente y por la parte de atrás seguí remontando hasta cruzar el arroyuelo por la parte alta. Subí por una empinada ladera repleta de pinos y al poco me tropecé con el carril  de tierra que remonta al collado del Cigarrón. En este punto continué por el carril pero subiendo para el collado dirección a la Umbría de Polvorite. En solo unos metros coroné al collado. Desde aquí se abre una amplia panorámica para toda la zona alta del río Darro. A la derecha corona el la cumbre del Cerro del Corzo que es donde se encuentra la caseta de vigilantes para los incendios. Por de bajo queda un punto muy amplio que se le conoce por Las Minas, y siguiendo toda la parte alta de estas sierras y también por la derecha se alargan las cumbres conocidas con el nombre de Cuerda de los Gitanos.

 

            Para la izquierda se vienen las cumbres que según los mapas se llaman Puntal de la Mora, cosa que pongo en duda porque a mí me han salido otros topónimos por este punto. Yo me vine para este lado de la izquierda siguiendo el cortafuegos que por aquí han abierto. Coroné un puntal y antes mis ojos se abrió otro collado. Es el conocido por el collado de Los Chorrillos porque justo en este punto nace este arroyo para el lado del río Fardes. Para el lado del río Darro nace uno de los arroyuelos de la Umbría de Polvorite. Al llegar este punto me vine para el lado de la izquierda que es por donde me quedaba el cortijo de los Chorrillos pero en lo más hondo de paisaje. Comencé a descender por entre los pinares siempre buscando el surco del arroyo que desde el collado viene cayendo para este lado.

 

            Tengo que decir que por este rincón los pinares se espesan mucho. Tanto que casi es imposible andar por entre ellos. Son pinos que fueron repoblados hace unos años y ahora alcanza los diez y doce metros.  Nunca los han limpiado. Desde abajo hasta las copas todos estos pinos están llenos de ramas secas y por el suelo se amontonan las piñas secas, las ramas y pinos caídos, el pasto y las zarzas.  Según venía recorriendo esta ladera iba descubriendo que este bosque es un puro polvorín. Si un día se desata por aquí un incendio todo arderá como la pólvora. Los pinares están tan tupidos y tienen tanta materia seca que no habrá forma de apagar un incendio por estos rincones. Esto me decía mientras acababa de comprobar como por todo lo alto de la cumbre han abierto un largo y ancho cortafuegos. Va de un extremo a otro por la misma cresta  de estas montañas y esto es bueno porque en caso de incendio las llamas no pasarán de una vertiente a otra opero también sería bueno que limpiaran un poco estos bosques. Al menos sería bueno que dejaran pastar los rebaños de ovejas o cabras porque esto es una forma natural de limpiar el monte.

 

            Seguí descendiendo por el barraca, al principio muy pronunciado y según avanzaba poco a poco menos inclinado. Las zarzas se espesan por este barranco y la tierra removida por los jabalíes aparece por doquier. Ya casi por la mitad de esta hondonada por el lado de la derecha que es por donde coronan los Tajos de los Chorrillos, me tropecé con un arroyuelo repleto de agua.  Es lo que por aquí conocen y llaman “La Fuente de los Chorrillos”.  Un buen manantial que brota al norte de los Tajos de los Chorrillos, en la misma umbría y desde aquí desciende por el barranco. Un buen caño de agua que tiene su sentido.

 

            Los Tajos de los Chorrillos son unos grandes crestones rocosos que coronan a más de 1600 metros de altura entre las cumbres de la Mora y las llanuras de Santo Vivo. En concreto son cuatro las cumbres más significativas. En invierno estos tajos se cubren de nieve y sobre estas cumbres, en otoño y primavera llueve mucho.  Estas altas cumbres son esponjas naturales absolviendo agua tanto de las nevadas como de las lluvias. Por algún punto tendrán que soltarlas y  es por donde la umbría y Fuente de los Chorrillos.  Pero a esta Fuente de los Chorrillos le quitan el agua que por ella brota. Para el cortijo de los Chorrillos se la llevan por un tubo de plástico y por eso del cortijo para abajo el arroyo ya no lleva agua ninguna. En verano no corre agua por ningunos de estos arroyos.

 

            En esta tarde de verano seguí bajando por el barranco y un poco antes de ponerme a la altura del cortijo me vine para el lado derecho. Atravesé una bonita solana hacia el carril que sube para el Collado del Cigarrón y por donde las viejas nogueras vine a salir a este carril. Lo seguí y en unos metros ya tocaba las paredes de este cortijo. En la puerta y a la sombra de la vieja noguera estaba el pastor. Con él estuve charlando un buen rato y luego continué. La ruta desde este cortijo hasta el punto donde había dejado el coche, los Dientes de la Vieja, es la misma que ya he descrito en otro apartado. Por entre pinares, los del llano del Santo Vivo y siguiendo un pequeño arroyuelo que viene a salir muy cerca de donde he dicho dejé el coche.

 

            Y para resumir quiero decir que esta ruta, sin ser una ruta clásica ni estar metida dentro de las que la Administración tiene establecidas, resulta un paseo muy bello. La mejor época es la primavera. Pasa por paisajes donde la hierba tapiza abundantemente y desde las distintas cumbres que va superando se divisan panorámicas muy significativas. Sirve para ir adquiriendo  conocimientos de las montañas y valles de este Parque Natural y sobre todo para adentrarse en lo que para mí es el corazón mismo de este espacio. Las cosas que no me han gustado a lo largo del recorrido que traza la ruta voy a ponerlas a continuación. Y lo digo porque me parece que puede servir para el bien de los paisajes y de las personas que en el futuro puedan gozar de estos paisajes.

 

            No me ha gustado lo del área de acampada llamada Florencia y digo por qué. La han montado en un sitio donde no hay agua ninguna. Ni en el arroyo ni en las fuentes. Las instalaciones creo que  son muy deficitarias. Por todo el alrededor de esta zona hay basura de todas clases, sobre todo excrementos humanos y otras lindezas. Creo que la Administración debería replantearse la situación de esta zona de acampada y el tipo de instalaciones y servicios. Tampoco me ha gustado los cortafuegos que ha trazado sobre las cumbres de los collados del Cigarrón, Polvorite y otros. Han metido una máquina de esas que usan para hacer las carreteras y la han llevado desde un extremo a otro de las cumbres. Han removido toda la tierra y más que un cortafuegos  lo que parece es una autopista sin asfalto. Sería mucho mejor limpiar el terreno sin dañar la montaña ni acabar con la vegetación. Tal como ha quedado esta cortafuegos si este verano cayera por aquí una buena tormenta se llevaría por delante muchas toneladas de tierra y precisamente de lo más alto de la cumbre. Creo que si la Administración es exigente con los ciudadanos para que estos respeten a la naturaleza ella debería dar ejemplo.

 

            Y otra cosa que tampoco me ha gustado ya la he comentado un poco más atrás. Han plantado muchos pinos por estas cumbres y laderas pero los han puesto tan espesos y los han dejado tan en las manos de Dios que estos pinares son ahora un polvorín. Desde que nacieron estos pinos nadie ha limpiado estos montes. En caso de incendio todo ardería como la pólvora. Se preocupan mucho de cortar todos los carriles para que las personas no puedan entrar con sus coches por los montes, y creo que es bueno pero también deberían darle el cuidado correcto a los montes y paisajes. Esto es lo que creo y lo digo porque lo he visto con mis propios ojos.

 

            20- Dientes de la Vieja, Calera en el arroyo, trincheras sobre los cerrillos 19-7-03.  Ir al índice

          Segunda opción de la ruta anterior. Discurre campo a través en una distancia de aproximadamente tres kilómetros. La altura a superar va por los 1300 metros. Por donde las trincheras sobre los cerrillos crece el té de roca, la sanguisorba, los maguillos, muchas encinas, aulagas y otras plantas interesantes. Los pinos son todos de repoblación y como en otros rincones de este parque desde que los sembraron nos los han limpiado. Lo mismo que por las cumbres de los Tajos de los Chorrillos, si un día se declara un incendio por aquí la vegetación arderá como la pólvora.   Por esta zona hay jabalíes, alguna cabra montés, arrendajos, mirlos, palomas, zorros y otras especies. No hay manantiales para coger agua y la que baja por los arroyos seguro no es potable porque algo más arriba pasa por Las Mimbres y el área recreativa Fuente de los Potros. En invierno por estos cauces sí corre con un buen caño de agua pero en el estío solo baja agua por el arroyo de Majalijar. Este cauce desciende de las cumbres y laderas del pico Majalijar  y se junta con el de las Perdices antes de cruzar la carretera que lleva al Molinillo. Por el cauce de estos arroyos crecen espesos los majuelos, la retama y las aulagas. Se hace difícil el paso por algunos tramos debido a la espesura de estos majuelos pero siguiendo las sendas de los animales se consigue avanzar.

 

      En la tarde de este día 19 de julio hace mucho calor. Un mes largo lleva ya con unas temperaturas muy altas. A más de cuarenta grados han llegado algunos días tanto en esta ciudad como en otras. Pues en esta calurosa tarde me he puesto en moviendo por el mismo rincón de la ruta anterior. En el mismo  punto he dejado el coche. En la cadena que corta la pista de tierra qua baja para el arroyo de las Perdices por donde la calera. El recorrido hasta en arroyo es común con la ruta que he dejado descrita atrás pero al llegar al arroyo me he venido para el lado derecho, he cruzado el cauce y he remontado al primer cerrillo. Desde el arroyo ya se ve en lo alto del cerrillo las paredes de piedra en forma de pared como si pretendiera ser un corral para encerrar animales. Estas construcciones vistas desde la pista que recorre el cauce es lo que más llama la atención. Por eso antes de recorrer el rincón he buscado en los mapas y lo único que encuentro es una simple palabra: “Sillar” así a seca. Pero ¿qué es un sillar y en todo caso qué fueron las construcciones de este sillar?

 

            Tengo que decir que por este punto discurre la vía pecuaria con denominación de Cañada Real de Víznar a Diezma. Justo por donde las paredes de este sillar pasa esta vía pecuaria que ya casi se ha perdido por la espesura de la vegetación y el poco uso. En esta calurosa tarde cruzo el cauce sin agua del arroyo de las perdices. Por entre los pinos de repoblación subo y en unos minutos ya estoy sobre e primer cerrillo de las paredes de tierra. Me remonto a todo lo alto y desde arriba voy recorriendo el rincón. Y lo que descubro es lo siguiente. En lo más alto de este cerrillo hay rocas calizas. Forman como una pared a manera de frontón mirando al sol de la tarde, por este mismo lado y en la vertiente del arroyo que he cruzado hace unos minutos, muy pegada a la pared de rocas naturales han levantando otra pared de piedras sueltas. Es lo que se ve desde el barranco y lo que corresponde a lo que en el mapa aparece con la palabra “Sillar”. Imagino que a esta obra se referirá.

 

            Y lo que en un primer momento pienso es que esta pared fue construida aquí para aprovechar la roca  natural y levantar un carral para encerrar ganado. Esto es lo que pienso pero no me convence.  Lo que voy viendo no tiene pinta de corral para ganado. Algunos indicios me lo indican. No tiene sentido un corral para encerrar ganado en lo más alto del cerro y tan cara al sol, a las lluvias y a los vientos como lo que aquí estoy viendo. Tampoco tiene sentido porque el terreno es muy malo para que el ganada se mueva por aquí con cierta comodidad a la hora de entrar o salir del corral. Y otra de las cosas que también me extraña es que cerca no hay ningún manantial ni tampoco tierras que den buenas hierbas. No encuentro lógico lo de que esta construcción sea un carral para encerrar ganado.

 

            Recorro la roca desde la parte alta y por uno de los extremos  entro al espacio que se abre entre la pared de roca natural y la pared de piedras colocadas aquí por personas. Y este hecho también me extraña.  El espacio que encierra la pared contra la roca además de estrecho es alargado y casi sin capacidad. ¿Cómo puede ser esto un corral?  Me pregunto otra vez. Me remonto sobre la roca y de las plantas aromáticas que aquí crecen, Jasonia glutinosa y que conozco como té de roca, cojo un puñado. Ya tienen las flores abiertas y los tallos bien desarrollados. Los amarro con unas hebras de espliego y sigo en busca de puntal gemelo un poco más adelante en la dirección que corre las aguas por el arroyo pero en lo alto. Muchas aulagas, muchas encinas aun no muy desarrolladas, pinos, pastos  y retamas. Me abro paso como puedo y en tres minutos estoy en el segundo cerro donde también se ven construcciones.             

 

            Compruebo que son muy parecidas a las primeras pero en esta ocasión se conectan unas con otras como por una zanja o trinchera. ¡Qué raro! Me digo convenciéndome de que por esta zona no mana agua ni tampoco corre. No pueden ser estas zanjas para conducir o sujetar agua. Y ahora caigo en algo. Estas zanjas se parecen en algo a las que conozco por el Cerro del Maúllo. Tienen toda la pinta de trincheras para esconder tropas en ellas y desde aquí defender el terreno.  Ya está, las paredes que existen sobre estos cerrillos y aprovechando las rocas naturales quizá sean eso, trincheras. Desde estas alturas de divisa y domina perfectamente el surco del arroyo por donde discurre la pista y que al mismo tiempo puede ser un buen paso natural para las tropas enemigas entre por aquí y se acerquen para las tierras de Granada.

 

            Termino de recorrer estas construcciones, mucho más rotas y menos significativas sobre este segundo cerrillo y me vengo para el lado del arroyo. Por entre la vegetación de encinas bajo y rozo algunas rocas por donde encuentro algunos agujeros en forma de cuevas pequeñas. Compruebo que se refugian por aquí algunos animales y también jabalíes. Un poco en la hondonada y entre encinas, majuelos y retamas descubro las camas donde han dormido no hace mucho. Desciendo por la torrentera repoblada de pinos y vengo a salir al mismo surco del arroyo pero mucho más debajo de donde el carril se acerca a este cauce. Por el arroyo no corre agua ninguna pero todo el lecho se empiedras de piedras lavadas por las aguas que en invierno sí corre por aquí. Salto por estas piedras y arena remansada en las pozas y me hundo en la dirección que corre el agua. El terreno se complica y a los lados cada vez más aparecen rocas y laderas muy escarpadas. Un poco más abajo la carretera que lleva a Prado Negro y al Molinillo atraviesa este arroyo. Para ese punto bajo y no tardo en tropezarme un buen bloque de rocas donde se abre una oscura cueva. Se me presenta por el lado derecho y bien alzado en la ladera. Los majuelos, las zarzas y los rosales silvestres crecen muy espesos a un lado y otro del arroyo.

 

            Me aparto para el lado de la cueva porque quiero reconocer ese rincón cuando de entre los majuelos sale un jabalís.  Dormía en la sombra de esta vegetación y entre la hierba y al verme huye arroyo abajo. No me extraña pero al mismo tiempo me digo que seguro voy a tropezarme con agua enseguida. Los jabalíes toman aquellos terrenos donde hay agua y más en un verano tan caluroso como este.  Salto por las rocas y recorro la entrada y los recovecos de la cueva. En ellas han dormido cabras no hace mucho. Por aquí están las cagarrutas frescas todavía.

 

            Me vuelvo y sigo bajando por el arroyo. Solo unos metros más adelante a mis oídos llega el rumor de una corriente. Me digo que por aquí seguro está el manantial y al acercarme  compruebo que no es manantial sino arroyo. Por el lado izquierdo llega un arroyo que no esperaba pero que ahora asocio enseguida con el arroyo de Majalijar. Es el único cauce por esta terreno que tiene agua en estas fechas. Y me doy cuenta que entre este arroyo de Majalijar y el de la Perdices que es el que vengo recorriendo quedan los cerros donde se encuentras las trincheras.  Sigo cauce abajo y enseguida por la derecha los majuelos se espesan tanto que es casi imposible avanzar. Busco el paso por donde puedo y salgo a otro arroyuelo que llega por el lado derecho. Este no tiene agua y sé como se llama. Es el pequeño cauce que baja del rincón llamado Dientes de la Vieja.

 

            Por aquí comienzo a subir en busca de la carretera y a cada paso la espesura de los majuelos es más. Busco sendillas de animales por el lado izquierdo hasta que me tropiezo con las bloques de rocas que son propiamente los Dientes de la Vieja. Muy pegado a la carretera que lleva a Prado Negro y a la autovía A-92.  Remonto estas rocas y las recorro por la parte de arriba. El paisaje es un puro calar. Es la depresión, por el lado norte, del Alto del Calabozo. Por esta ladera que cae para la junta de los arroyos de las Perdices, Majalijar y el que  baja desde la Fuente de los Potros metieron la autovía a más de 1300 metros de altura.

 

            Termino de remontar y me acerco al rincón por donde he dejado el coche. En la misma entrada de la pista que lleva a la calera. Calienta fuerte el sol y las chicharras cantan sin parar. Me voy diciendo que en realidad la ruta que esta tarde he trazado por aquí sirve para dar un buen paseo por entre la naturaleza y los arroyos pero que no es fácil por la cantidad de majuelos que impiden andar con cierta comodidad. Y me voy diciendo que como en otras partes de este parque natural si se declarara un incendio ardería toda la vegetación porque además de estar muy seca tiene mucho pasto, muchas ramas secas y los pinos crecen muy espesos. Me voy diciendo esto cuando al acercarme al coche veo policía de la Junta de Andalucía. Al llegar los saludo  y como veo que observan un coche que han aparcado un poco al lado de la cadena que corta la entrada por el carril les digo:

- Alguien debería poner por aquí alguna señal para que las personas sepan que en estas fechas estos carriles pueden necesitarse en caso de incendio en el monte.

Me dicen:

- Eso lo deberían saber las personas. Todos los días multamos coches aquí y en otros carriles porque los aparcan cortando el carril.

- Pero si las personas no ven ninguna señal de prohibido o de advertencia ¿Cómo pueden saber lo que tienen que hacer?

- Nosotros no tenemos más remedio que multarlos. Así aprenderán. Porque no vamos a poner señales por todos sitios.  Esto es un Parque Natural y hay que conservar el paisaje. Tantas señales afean y contaminan.

 

            Caigo en la cuenta que por la pista de Los Peñoncillos, en este mismo parque, al empezar a bajar para el río, hay un montón de señales casi todas inútiles. Las del Patrimonio Forestas, las de Icona, las del Ama, las de la Junta de Andalucía y alguna más. Afean de verdad el paisaje pero ahí están donde no se necesitan casi para nada y aquí, donde sí se necesitarían para no multar a tantas personas por no tener conocimiento de si el carril es o no necesario para los vehículos en caso de incendio, no hay ninguna. Creen que multando a todo el que deje el coche por aquí se arregla el problema porque, como tantos, piensan que la culpa es de los ciudadanos y no de la Administración. Pero además caigo en la cuenta que yendo contra los usuarios del Parque Natural, multándolos y culpabilizándolos, pueden conseguir lo contrario de lo que se pretende. Muchos incendios son por lo que son.    

 

            Y para concluir con este recorrido  quiero aclarar un par de cosas sobre los arroyos de esta zona del parque. Por las fechas que hice estas rutas el arroyo de las Perdices, el que baja por donde el área de acampada Florencia, no tenía agua ninguna. Tampoco el de los Chorrillos en cuanto pasa del cortijo para abajo. Ninguno de los arroyos que he cruzado por este rincón de la sierra tienen agua. Solo el de los Chorrillos por encima del cortijo y el de Majalijar  en todo su recorrido. Los demás cauces por esta zona en verano no tienen ni una gota de agua. Lo encuentro lógico porque no hay cumbres significativas excepto por donde Majalijar y Oruña. Esos arroyos sí tienen agua. Así que al aventurarse por aquí en los meses del estío hay que tener en cuenta estas circunstancias. El agua no es abundante en este Parque Natural y se echa de menos. Una naturaleza sin abundante agua se queda pobre.    

 

            21- Barranco de la Umbría, Collado de Víznar. 13-10-03   Ir al índice

            Distancia:              1,5 kilómetros ida y vuelta.

            Tiempo:                 1,5 horas ida y vuelta solo al collado.

            Dificultad:              Casi ninguna aunque todo es subida.

            El camino:             Vieja senda en buen estado.

 

            Preámbulo.

            Es esta una ruta muy sencilla, casi un paseo por ser corta, cómoda de hacer y bella. Discurre por un bonito paisaje de pinares, algunos ejemplares de pinsapos de gran porte y bellos y cumbres bastantes grandes. La distancia  es algo más de un kilómetro, va por buen camino, vieja vereda bien acondicionada, se eleva hasta el collado de la Cruz de Víznar y sobre este bonito mirador descansa para luego seguir, a la derecha para la Cueva del Agua y la izquierda, cumbre de la Cruz de Víznar.  No ofrece ninguna dificultar  pero sin un agradable paisaje, sobre todo en el otoño por las setas entre los pinares, las florecillas del azafrán silvestre, el musgo cubriendo verde y denso toda la umbría y la grandiosa quietud del barranco. En invierno también es muy emocionante recorrer esta sencilla ruta y lo mismo en primavera. En verano ya no lo es tanto porque todo es subida y aunque la espesura de los pinares regalan sombra suficiente remontar a la cumbre se hace más pesado.

 

            Cuando la senda llega a la cumbre del collado sigue en dos direcciones opuesta. La que se deja caer por el barranco de Víznar y sale a la carretera por debajo de la casa forestal de este parque y la que se va por la cumbre y entre pinares en busca de la Cueva del Agua. Cuando llega a este punto sigue tomando ya poco a poco forma de carril forestal hasta enganchar con el carril que sube desde la Alfaguara y Puerto Lobo por la cumbre precisamente de la Alfaguara. Se podría decir que todo es la misma senda y en realidad lo es pero como en el collado se divide en varias direcciones no es posible recorrerla linealmente y en la misma excursión.  Creo que esta senda es de tiempos muy remotos y que por eso es vereda serrana. Las sendas que trazaron las personas que en alguna ocasión vivieron o poblaron los rincones de estas montañas. Aunque estas montañas por algunos lugares nunca fueron pobladas con cortijo o algo parecido.     

 

            Describo la ruta recorrida en la bonita tarde del otoño de 13-10-03.

            En la tarde de este día, lunes y fiesta de la Virgen del Pilar por ser ayer y caer en domingo, me he venido por este barranco de la sierra. Una bonita tarde otoñal con muchas nubes cubriendo el cielo, quietud en el ambiente, humedad en el aire y luz con tonos cenicientos. Una tarde casi triste de tan melancólica como se le ve pero repleta de paz, limpia belleza y honda sensación de eternidad. La carretera es asfaltada hasta el mismo Puerto Lobo. A partir de este punto continua en pista forestal de tierra. La han arreglado este verano y por eso se puede rodar por ella con toda comodidad. Traza varias curvas mientras recorre el primer llano y luego cuando poco a poco se va metiendo en el barranco. Sube por el lado derecho del arroyo que va formando este barranco y al llegar al punto donde se encuentra con el arroyo traza una curva más amplia.

 

            En este mismo punto dejo el coche. En esta tarde tan bonita y llena de misterio en el lugar encuentro varios coches. Pero hay espacio para aparcar y al borde mismo del carril lo dejo. Aquí mismo da comienzo la ruta por la preciosa senda a la derecha del arroyo que viene desde el mismo collado. Ya he dicho que la senda está muy bien preparada. Arranca algo llana subiendo y poco a poco se va metiendo en el bosque de pinos que puebla toda esta gran umbría. Por el terreno la humedad es mucha y por eso, en los meses del otoño y luego ya a lo largo de todo el invierno, el musgo tapiza bellamente tanto rocas como tierra y troncos de árboles. En cuanto remonto unos metros me encuentro con los pinsapos. Los primeros en el mismo surco del arroyo  y son los más bellos. De gran porte y con mucha dignidad clavan sus raíces en la tierra húmeda del arroyo y se estiran buscando la luz del sol por entre los pinos. Varios ejemplares más crecen por el lado de arriba de la senda, izquierda según se remonta y también en la amplia umbría y por entre los esbeltos pinos. Son muy bellos estos ejemplares de pinsapos. Los sembraron hace mucho por eso tienen troncos recios y se elevan entre veinticinco o treinta metros.

 

            Los arrendajos lanzan sus gritos al paso del que sube y los picapinos también llenan el barranco con los ecos de sus trinos. La senda deja atrás a los hermosos ejemplares de pinsapos y unos metros más arriba traza la primera buena curva. Tiene que remontar a la cumbre y en lugar de hacerlo repentinamente se va adaptando al terreno y sube lo más cómoda posible. El bosque de pinos se espesa y la sensación de humedad es mayor según se asciende. Unas curvas más y la senda busca al collado. Antes de alcanzarlo todavía traza una nueva cuerva y cuando ya lo va coronando por el terreno aparecen las primeras flores de azafrán silvestre. En este primero días del otoño ya ha brotado la hierba. Las lluvias de finales de agosto y en algunos días de septiembre han regado lo suficiente el terreno. El último trozo antes del encuentro con el collado es suave. Casi llano y por un clarillo porque el bosque va desapareciendo según se alcanza la cumbre.

           

            Corono sin más problemas y soy recibido por una buena ráfaga de viento desde el lado de Víznar. El terreno se torna llano, la hierba ya brota por entre el pasto engalanado con las limpias y frescas florecillas del azafrán silvestre, las rocas calizas salpican el paisaje y las matas de esparto y espinos se mecen al paso del viento. Sopla fuerte el viendo desde el lado de la vega de Granada. Desde el rellano sobre el collado donde se dividen las sendas la visión sobre la ciudad y la amplia vega es total. Limpia en las tardes y mañanas del otoño y algo misteriosa cuando las nubes o las nieblas coronan o se desparraman por el rincón. Desde la bonita plataforma natural que ofrece esta montaña en este punto se domina medio mundo. Perfectamente todo el barranco de Víznar por donde va cayendo la senda que ha llegado y por donde los pinares se espesan. No en esta tarde de otoño porque justo en este bonito y amplio barranco hubo un incendio este verano. Uno de los dos incendios que en el verano pasado han prendido en los bosques de este parque natural.  Por eso en estos momentos mis ojos se asombran frente a los pinos quemados por todo el barranco de Víznar.

 

                Y la tarde se detiene sobre esta llanura en la cumbre al tiempo que se marcha llevándose el ladito del alma entre sus brumas. La tarde es misteriosa de tan serena, bella y limpia y por eso me duele. Me duele el recuerdo de lo que amo en la distancia y para siempre perdido.  Me duele la sencilla belleza de los paisajes como asombrados frente a mí y me duele la soledad y el viento que me roza. Casi espontáneo del corazón se me escapa una extraña oración sin comienzo ni fin  y al mismo tiempo doy gracias. No sé por qué y quizá si lo sepa pero algo me impide concretarlo. Tampoco sé por qué estoy en estos momentos sobre el collado de las florecillas de azafrán silvestre y por eso durante un rato me dedico a ir de acá para allá como si buscara algo. Me entretengo en hacer algunas fotos a estas flores y luego acaricio la fresca hierba que me regala el terreno. Varias personas se acercan desde el lado de la Cueva del Agua. Nos saludamos y pasan de largo tomando la vereda que acabo de recorrer. Unos minutos después también me voy por esta misma vereda con la intención de regresar. Así que con esto pongo punto y final a la ruta por la Umbría al Collado de la Cruz de Víznar. Ya lo he dejado escrito para que se sepa que la ruta es muy bonita sin tener nada espectacular. La tarde del otoño, completa y regala todo lo demás.

 

      Mientras desciendo por la sencilla senda que se agarra a la ladera de la umbría se me va quedando el alma por los barrancos hacia la cueva de los Mármoles. Por esos barrancos se tupen los pinos y bajo su ramas y sombras, por estas fechas el musgo florece. En tanta cantidad y tan espeso que da gloria verlo. Por la sombra de estos pinares se acumula la humedad y también por estas fechas nacen las setas. Los níscalos son una de las especies que por ahí nacen. No en cantidades grandes pero nacen y lo sé porque el año pasado los busqué y los encontré. Quizá dentro de unos días me vaya por esos pinares. Al caer la tarde y siguiendo las sendillas de los animales en busca de níscalos. No seré el único pero lo que a mi me interesa es irme por esos rincones y pisar la hierba que tapiza el suelo. Quizá como aquella tarde, me vuelva luego en la soledad y triste, bien sabe Dios por qué. Pero tengo que decir que los barrancos por donde se tupen los pinares en las sierras de Huétor presentan un misterio desconocido en otros rincones del mundo. Una belleza distante y cercana que agarra con fuerza. Por estos barrancos he paseado los sueños de mi alma como si quisiera entregárselos al mismo viento que que regala aromas de tomillos y pinos. Por estos barrancos he ido soñando los sueños que no tienen nombre ni pertenecen al planeta Tierra. Ni lo sabes ni lo sabrás nunca pero así ha sido.   

 Por los barrancos que conozco

y en el otoño el musgo

huele a humedad y moho,

me iré una tarde de estas

para esconderme en lo hondo.

 

 

Me gusta la hierba verde,

las zarzas por el arroyo,

el olor de los pinares,

y el viento silbando a coro

por entre las viejas encinas

de cenicientos troncos.

 

Por los barrancos de la umbría

el corazón a trozos

se me quedó aquella tarde

y aunque como un pobre loco

di mil vueltas buscando  luz,

me vine triste y roto

y rezando, no sé qué rezaba

ni por qué ni de qué modo.

 

 

            22- Barranco de la Umbría, Cueva del Gato, río Darro.  Ir al índice

            Distancia aproximada:   3,5 kilómetros ida y vuelta.

            Tiempo aproximado:      3 horas ida y vuelta hasta el río.

            Dificultad:                       Casi ninguna.

            El camino:                      Vieja senda en buen estado y carril.

 

            Para orientarse.

          Se encuentra esta preciosa cavidad por debajo de la pista forestal que va desde Puerto Lobo a la Alfaguara, un poco antes del Mirador llamado también del Gato. En la ladera que hay por debajo de este mirador pero antes de llegar a él según se sube por el carril de tierra. No tiene pérdida una vez que se sabe con certeza la senda a seguir pero en los pocos mapas que sobre la zona existe no está bien situada. La marcan más cerca del carril de tierra y la cavidad se abre por esa zona pero algo más metida en el barranco aunque un poco elevada en la solana. Casi enfrentada a la que también los mapas nombran como Casa Forestal de la Cueva del Gato, sobre la cumbre de un cerrillo entre el Barranco de la Umbría y el mirador que ya dije se le conoce como Mirador de la Cueva del Gato. A este mirador también en los mapas le ponen otro nombre. Le escriben como Mirador de Víznar. Quizá sea correcto pero el de la Cueva del Gato es más apropiado. La gran cavidad en las rocas calizas tiene personalidad y antigüedad. ¿De dónde le viene el nombre? Ahora no lo sé pero el que su nombre se extienda por la zona a su alrededor es bastante lógico.

        

       Por donde se abre esta cavidad se hunde un poco el terreno, rocas calizas casi a nivel de la tierra, hay zarzas, una higuera, varios ejemplares muy buenos de pinos y hasta parece que el terreno fue preparado, en tiempos lejanos, para sembrarlo. Es un paisajes muy característico porque justo por donde la cueva, aclarea un poco  la vegetación y ello indica que algo debe existir por el lugar. Un poco más retirado de la cueva las aulagas y otras plantas son espesas. Si uno no va concentrado pude pasar muy cerca de la cavidad y no verla. Se hunde en el terreno entre las rocas y solo se ve cuando se está encima de ella. Pero una vez localizada asombra por lo grande que es. Una amplia cavidad casi redonda y solo un poco hundida en el terreno. En otros tiempos, los pastores del lugar, la usaban para encerrar a sus ovejas. Por el lado de la entrada le levantaron una rústica pared de piedras y le pusieron una puerta. Era un corral perfecto para encerrar a más de doscientas ovejas donde quedaban resguardadas de todo. De las lluvias o las nieves, de las heladas, de los vientos, del frío y también de los posibles depredadores.   En algún momento los pastores dejaron de andar por estas sierras y por eso la cueva también dejó de tener utilidad para ellos. La puerta de madera que le pusieron se pudrió, la pared se ha ido cayendo poco a poco y los que llegan han empezado a dejar sus mensajes escritos en las rocas que forman las paredes de esta preciosa cavidad. Pero eso por el suelo todavía se ven muchos restos de cagarrutas. 

 

                Uno entra y desde el fondo de esta amplia cúpula observa y se queda asombrado. Por lo grande que es esta cueva, la forma en que la naturaleza la ha modelado, el sitio donde se abre y la singularidad de su techo, paredes y suelo. Todo pura roca caliza muy sobada por los que la ocuparon en otros tiempos y los que la visitan ahora y por eso también muy rota. Todavía se nota que en un principio, solo Dios sabe cuando fue este principio, esta cueva tuvo sus estalagmitas y estalactitas. En el techo y en el suelo se puede ver donde estaban formadas estas caprichosas formas rocosas. Pero en un principio en este lugar debió correr el agua en abundancia. Ahora ya no. Solo en los inviernos de muchas lluvias por las rocas salen algunas gotas que dejan de fluir en cuanto se retiran las lluvias. Por la otra cueva que por aquí cerca se abre, sobre la cumbre que corona y que se le conoce con el nombre de Cueva del Agua, hay más filtraciones de agua que por esta estando mucho más metida en el barranco.

 

                 La ruta.

                Lo primero que quiero decir se conecta con lo que ya he dejado escrito atrás. A lo largos de bastantes días miré en los mapas y busqué el punto exacto por donde indican la cueva. No pude dar con ella. Pero una tarde de otoño y cuando por la zona regresaba de una búsqueda infructuosa por unos cerrillos cerca del río Darro por donde las Veguillas,  me viene por entre los pinares que hay por debajo del mirador del Gato. Tenía una intuición personal con relación a esta cueva. No pregunté a nadie porque siempre me gustó descubrí las cosas de la naturaleza sin más apoyo que algún mapa y las viejas sendas que desde lejanos tiempos van por los montes. Y unos días después volví por el lugar e hice la ruta desde el principio hasta el final. Siguiendo fiel el trazado de la vieja senda  hasta el río y luego por el carril de tierra. Y digo de nuevo que esta sencilla ruta es un precioso paseo por rincones nada espectaculares pero sí muy preñados de silencios, fresca naturaleza decorada con preciosas laderas de rocas calizas y amenizada por la presencia de muchos pajarillos silvestres. En los meses del otoño por todos los paisajes que recorre la ruta se dan en abundancia las setas y esto hace que, para los amantes de este mundo, el recorrido se convierta en un verdadero placer y descanso.  En primavera la variedad de plantas silvestre convierten el recorrido en un autentico festín para la vista y el enriquecimiento botánico.

 

                Describo la ruta.

                En la tarde del sábado siete de octubre del 2003 llego al rincón por cuarta o quinta vez. Al cruzar el arroyo que baja desde el collado de la Cruz de Víznar, giro un poco para la derecha y enseguida me encuentro el carril de tierra que se aparta de la pista principal que sube hasta el mirador y a la Alfaguara. En este punto giro y cerca de la cadena que corta este segundo carril me detengo. Me preparo con par de cosas y comienzo la ruta. Aquí mismo le han puesto una gruesa cadena a la pista para cortarla y que los coches no pasen. Pero la cadena la han roto no sé cuantas veces ya. Esta tarde me la encuentro rota por un extremo y en el otro sujeta con un candando enorme. Nuevo porque todavía brilla pero enorme de grande y potente. Me paro y durante unos segundos observo la realidad que me encuentro y después de meditar y pensar algunas cosas sigo. El carril, desde esta cadena hasta donde se le aparta la senda que baja para el arroyuelo de la izquierda no tiene más de doscientos metros. Comienza a bajar por lo más alto del puntal, trazan una pequeña curva para la derecha, luego para izquierda y cuando vuelve a trazar la segunda curva para la derecha aquí mismo se aparta la senda. Justo en la curva y por entre un par de pinos pequeños se ve la senda que comienza a bajar hundida en un surco. Desde donde ha quedado el coche hasta este comienzo de senda también se puede llegar andando por lo más alto del puntal, campo a través en lugar de seguir el trazado del carril. Es una distancia muy corta y se recorre en unos minutos acompañados de bellos ejemplares de pinos.  

 

                Ya en la senda el paseo aun se hace más cómodo. Cae casi en picado surcando la umbría que se enfrenta a la cueva del Gato por entre un espeso bosque de jaras, pinos, carrascas y tomillos. Por esta umbría y terreno en los meses de  otoño, como ocurre esta tarde, se ven muchas setas. Casi ninguna son comestibles pero solo verlas da gusto. El que la vereda sea buena y su trazado muy lógico indica que fue hecha hace mucho tiempo y por personas que necesitaban moverse por estos bosques. No es una vereda ni turistera ni de la Administración de turno. Y aclaro algo más sobre este punto. Creo que esta senda es la misma que remonta por la Umbría del Barranco de Víznar. La misma que sube por la ladera de Víznar hacia el collado de la Cruz y luego baja por el barranco, se mete por este puntal, surca la umbría por donde ahora bajo, se vuelve a hundir en el arroyuelo de la izquierda y remontando por la solana de la cueva del Gato se va por estos parajes hasta encontrarse con el río. Por donde se tropieza con este cauce lo cruza y luego sube para la casa forestal de los Peñoncillos. Quizá desde este punto es la misma senda que discurre señalada hasta la Cañada del Sereno. Y quizá cuando llega al río Darro se fuera por este cauce en las dos direcciones. Río abajo para las Veguillas y luego al nacimiento de este río y ría arriba para la fuente del la Teja y luego para la cueva de los Mármoles y otros puntos. Quizá esta senda atravesara estas sierras por los puntos que he dicho y fuera recorrida por los serranos que tenían algún contacto con estos montes.

 

                Mientras se recorre por este punto según va cayendo para el arroyo, en otoño se goza el olor a musgo, hay mucho por aquí, el olor a tierra mojada, el olor a jara y el olor a setas. Es una delicia para los que por entre la naturaleza buscan los pequeños placeres de las cosas sencillas que la naturaleza regala sin más. El recorrido de este primer trozo de senda no es más de trescientos o cuatrocientos metros. Enseguida se encuentra con el carril de tierra que dejó un poco más arriba. En realidad el carril lo que hace es irse en busca de la casa forestal de la cueva del Gato por lo más alto del cerrillo y luego allí mismo gira para meterse en este barranco. El carril tiene que buscar más comodidad que la senda. Por eso los carriles trazados por la Administración de turno además de romper mucha naturaleza ni siquiera van por los sitios más bellos. Los carriles son distintos a las sendas porque resuelven situaciones diferentes. Pero las sendas siempre tienen más dignidad que los carriles. En cuanto la senda se junta con el carril que vengo diciendo hay que venirse para la izquierda siguiendo este trazado de carril. Solo unos metros y se llega a una cuerva muy cerrada justo por donde pasa el cauce del arroyo que nos acompañaba por la izquierda. En esta curva y cauce esta tarde me encuentro montones de piedras traídas expresamente. Acaban de construir un muro de presa pequeña para contener las aguas del arroyo. Aguas que nunca he visto en este arroyo. Así que tampoco veo el sentido de esta presa aun sin estrenar pero la Administración quizá sepa lo que se hace.

 

                Al girar con la curva que traza el carril, por la izquierda y por donde el montón de las piedras que ha dicho, por ahí mismo arrancan la senda. En realidad no arranca sino que va por aquí que es su sitio natural desde tiempos lejanos. Lo que pasó es que cuando trazaron el carril que más o menos nos acompaña por estos parajes, la rompieron por aquellos sitios donde se encontraban con ella. Es lo que sí hicieron sin contemplación alguna cuando trazaron las pistas de tierra por estos montes y otros. Rompieron muchas sendas muy hermosas y significativas que desde tiempos remotos han dando dignidad a los paisajes. Pero ya lo sabemos, al trazar la curva que el carril dibuja sobre este barranco, por la izquierda hay que buscar la senda. El montón de piedras lo han puesto justamente para que ni se vea la senda ni se pueda pasar. Pero se pasa rozando el tronco de un grueso pino. Se ve enseguida la dignidad de la senda que sube casi recta repecho arriba como si quiera comerse la solana. Su trazado es perfecto pero en unos primeros metros muy cuesta arriba y un poco antes del paraje por donde se abre la cueva empieza a llanea por la solana porque tiene que buscar un collado para cruzar por él. Y el paraje de la cueva aparece por la izquierda a solo unos cien metros de donde hemos dejado el carril. Señalan a este paisaje y por este lado izquierdo, una encina, una higuera, las rocas calizas como empedrando el terreno, grandes macetones de zarzas justo por donde en otros tiempos sembraban el terreno y  algunas paredes de piedras sueltas. Como si en tiempos lejanos las tierras de este singular rincón hubieran sido sembradas. Las paredes de piedras sueltas  parecen como si formaran bancales.

 

                La senda no visita directamente a la cueva. Según se va acercando al paraje se va viniendo para el lado de la derecha tomando un nivel casi llano y  deja a la cueva por la izquierda y arriba. Un indicio más de que esta senda iba a otras partes de estas sierras. Recorría la sierra llevando a los rincones que se necesitara pero no venía exclusivamente a la cueva del Gato. Según se va poniendo en línea con la misma curva de nivel  se viene para la derecha sin dejar de elevarse lo suficiente porque busca el mejor terreno para meterse por un  bonito collado. Buenas matas de enebros, jaras, tomillos, encinas y pinos es la vegetación que por esta solana acompaña. Sale a unas tierras llanas como pórtico al collado. En esta tarde de otoño me encuentro el suelo cubierto por finas y frescas briznas de hierba. No hace frío ninguno y por estas fechas ya ha llovido lo suficiente. El campo se ha puesto esplendoroso. Por el collado que he dicho los pinos se espesan, son altos de troncos retorcidos y por entre ellos se espesa la vegetación. Remonta la senda siguiendo la configuración del terreno y al volcar se  mete por la solana que hay justo por debajo del mirador de la cueva del Gato. Por aquí el terreno queda un poco en umbría y por eso la vegetación se espesa más, hay muchas setas de varias especies pero no veo ningún níscalo. Los níscalos sí son comestibles y por eso los buscan muchas personas. Yo todavía no he visto ninguno por aquí y hasta estas fechas.

 

                Varios pinos caídos y cruzando en la senda. Los pajarillos levantan vuelo y los arrendajos emiten sus gritos. Creo que por estos rincones también hay algunos jabalíes. Tampoco los he visto. En cuanto la senda deja atrás el pequeño trozo de umbría que he dicho remonta a un puntal menor y ahora baja. Se mete por una hondonada menor y baja como buscando el arroyuelo por donde crecen unos arces. Muchas aulagas por este punto y puntal abajo cae casi en picado. Parece ahora como si la senda se fuera perdiendo. La vegetación ha crecido a su aire y como la senda ahora la andan pocos, se borra cada vez más. Se encuentra con el arroyuelo que he dicho de los arces y sube unos metros. Justo en este punto se encuentra  con un trozo de carril muy poco usado. Este carril viene subiendo por el arroyuelo desgajado del carril principal que nos acompañó en los primeros momentos de la ruta. Ya he dicho que este carril principal llega hasta el río Darro por encima de la Veguilla, lo cruza y luego se junta con el que viene desde la casa forestal de los Peñoncillos y por la fuente de la Teja remonta hasta encontrarse con el desde la Alfaguara atraviesa el Parque Natural hacia las Mimbres.

 

                Pues donde la senda se encuentra con el trozo de carril poco usado, arroyuelo de los arces, tenemos dos opciones. O venirnos para la derecha bajando por el estropeado carril hasta encontrarnos con el principal o  seguir subiendo por el ramal estropeado de carril. Solo hay que remontar unos metros y veremos que muere sobre un collaillo muy bonito. Al frente se ve un precioso bosque de pinos y las tierras muy trillada por las ovejas que en este punto han establecido su majada. Sobre este collado y por el lado de la izquierda se abre un surco en el terreno. Por ahí mismo sigue la senda pero apenas se ve. Se va para el lado de la izquierda surcando la solana, remonta un poco y cada vez cuesta más distinguirla. Aulagas, romero, jara blanca y mejorana. El terreno es gris pizarra. Vuelve a caer por el puntal  como buscando el río. Se pronuncia mucho y por la derecha aparece un arroyo donde entre las zarzas se ven unos árboles con hojas llenas de otoño. Parecen castaños pero no me acerco a comprobarlo. Al final de este arroyo la senda vuelve a borrarse mucho más. Pero se va siguiendo el surco del arroyo y se acerca otra vez a la carril principal. Como antes, otro ramal de carril poco usado sube por este barranco y es otra vez el momento de irse por aquí al encuentro del carril bueno.

 

                Yo no lo hago. Sigo las señales de senda que por entre el monte voy viendo hasta que me asomo al surco del río. Ya por este punto no hay senda. Creo que se ha ido de verdad por ese último arroyo para encontrarse con el carril. Por ahí iba en otros tiempos esta senda y ahora ya es pista forestal. Por entre espesa vegetación de aulagas, romeros, enebros y jaras me dejo caer hasta el cauce del río. Me encuentro con él y ahora me vengo siguiendo la dirección en que corren las aguas. En unos metros me encuentro con el río y el carril principal. Aquí podría poner punto y final a la ruta. Pero ya he dicho que en este lugar el carril se une al que viene de la casa de los Peñoncillos y sigue luego río arriba. Hasta este punto he tardado una hora poco más o menos. Me dispongo y regreso por el carril principal trazando todas las curvas que por aquí le hicieron. Un montón de curvas porque tiene que ir salvando los barrancos que caen desde el lado del mirador. Y son cuatro los barrancos significativos. Dos menores y dos mayores. Siguiendo el carril de tierra que vengo diciendo y de regreso para la cadena donde ha quedado el coche, en el barranco cuarto y segundo de los mayores, es por donde se aparta el trozo de carril que en gancha con la senda por el arroyuelo de los arces. Ya lo dejé dicho más atrás. Pero por la derecha y en este barranco cuarto trazaron una  pista para que entraran las máquinas y recorriendo su corto trazado se puede enganchar con la vereda ya recorrida y regresar por ella hasta la cueva del Gato. A este arroyo del barranco cuarto en los mapas le ponen el nombre de Cañada de la Cueva. Ni es cañada ni la cueva se encuentra por esta zona sino bastante más arriba. Pero también en los mapas a una amplia zona que hay más arriba de esta “cañada” pegando al río pero a la altura del mirador, han escrito el topónimo de “Cueva del Gato”. Por lo menos cuatro veces lo repiten en la zona este nombre y por una muy buena extensión de terreno. Repito que me fío poco de estos mapas.    

 

                Vegetación por la zona.

                Por la zona la vegetación es muy abundante y sobre todo los pinos y las aulagas. Pero de todas las especies las que más me han llamado la atención son dos árboles y dos arbustos. Los árboles son robles y arces y los arbustos la coscoja y en enebro. Ninguna de las cuatro especies son realmente interesantes a no ser el arce y el roble. Pero por mi parte creo que estas cuatro especies por la zona sí tienen un buen interés. Muy brevemente y sin entrar en demasiado profundidad voy a poner algunas líneas de cada una de estas especies. Los robles crecen por la umbría que se enfrenta  a la solana de la cueva. Es una zona húmeda, con bosque denso de encinas, enebros, pinos y  jara. No son demasiados ni tampoco grandes pero tienen su belleza. Sobre todo en los meses del otoño cuando sus hojas se tiñen de ocre oro. A los robles se les caen las hojas y por eso en otoño cambian de color. Es de grupo de los quercus. Otro árbol que también en el otoño se cubre de colores naranja, ocre y oro es el arce. Varios ejemplares de este bonito árbol crecen por el arroyo que baja desde el mirador y todavía antes de juntarse con el río Darro. Tampoco son ejemplares significativos ni por su tamaño ni por su vejez. Pero son bonitos y enriquecen las tonalidades del bosque llenándolo de dignidad. También por este barranco crecen buenos ejemplares de coscoja. Es este un arbusto del grupo de los quercus pero con características muy concretas. El borde de sus hojas siempre está lleno de agudas espinas, estas hojas presentan un verde intenso al contrario de las encinas que son de color algo ceniciento. Las coscojas dan bellotas algo más menuda que las de las encinas pero casi siempre muy redondas. Este fruto es un buen alimento para los conejos, las palomas torcaces, los jabalíes y otros animales del bosque. En cuanto al enebro está presente en casi todos los puntos de estas sierras. Es también un arbusto con hojas delgadas y puntiagudas. Su fruto son vayas que maduran en el otoño. Es este arbusto muy resistente a las sequías y a los calores estivales. Lo mismo le pasa a la coscoja que es, si cabe, mucho más resistente que la encina. A las cuatro especies que acabo de reseñan les gusta los terrenos calizos y bajo sus ramas siempre hay buena tierra con hierba, musgo, setas y otros seres vivos del bosque.

 

       Quejigo, roble andaluz,  es árbol que puede sobrepasar los 25 m de talla, con la corteza grisáceo-pardusca, resquebrajada, con surcos longitudinales profundos y algunos transversales más someros. Hojas alternas, marcescentes o subpersistentes, subcoriáceas, de oblongas a ovado-elípticas, de 6-18 cm de longitud y 3-11 cm de anchura. Bellotas cortamente pedunculadas, bastante cilíndricas, de 2-3 cm de longitud, aglomeradas en pequeños grupos. Sus hojas y frutos son comidos por el ganado. Se utiliza en parques como árbol de sombra. El arce es especie arbórea caducifolia que puede llegar a los 20-30 m de altura con la corteza lisa, grisácea que se hace agrietada y escamosa con la edad, desprendiéndose en placas de manera parecida al falso plátano. Hojas simples con 3-5 lóbulos ovales, algo acuminados, desigualmente dentados, con senos poco profundos. Miden 8-15 cm de longitud y de anchura, aunque a veces son de menor tamaño. Pecíolo rosado o rojizo de 5-15 cm de longitud. Base cordada. La coscoja Quercus coccifera  es un arbusto perennifolio, con hojas simples, de margen espinoso y con el haz y el envés glabros y de color verde brillante. Flores unisexuales, de pequeño tamaño, con un perianto de tamaño reducido de 5 sépalos, las masculinas en amentos ramificados y las femeninas solitarias o en la base de los amentos masculinos. Frutos o bellotas rodeados por una cúpula de brácteas. Florece entre marzo y mayo y fructifica en el otoño. La encina y el alcornoque son árboles del mismo género. El enebro Juniperus oxycedrus que es de la  familia de las cupresáceas.  Es un arbusto o arbolillo que no suele superar los 10 metros de altura. Mantiene sus pequeñas hojas aciculares y punzantes todo el año.  La palabra Juniperus es un latinismo derivado del celta jeneprus: "rudo, áspero" en referencia a sus hojas punzantes. Como todas las especies de esta familia, su madera es rica en resinas que tiene aplicaciones en medicina como antiséptico y cicatrizante. El alcohol destilado con las bayas junto con maíz, centeno, malta y otros granos era ya conocido por los antiguos romanos, y es la base para la fabricación de la moderna ginebra. Gracias a las bayas, le da propiedades digestivas en dosis apropiadas.

 

             23- Cruce a la Alfaguara, Sierra de la Yedra.  Ir al índice

            Carril de tierra, a la izquierda por donde el desvío a la Alfaguara y que sube a la Sierra de la Yedra. Al coronar deja a  la izquierda el cerro de las  Higuerillas y al final se encuentra con el tajo rocoso conocido con el nombre de El Tranco. El que queda a la izquierda cuando se asciende por la carretera desde Alfacar para la Alfaguara. El recorrido de este carril, en ida y vuelta, tiene unos tres kilómetros. Presenta un firme de tierra bueno y lo corta una cadena por donde se desvía de la carretera asfaltada pero en el otoño del 2003 esta cadena estaba cortada  y los coches entraban por este carril sin problema alguno.  Pongo algunos datos para orientar algo aunque este paseo tiene tan poca dificultad que lo mejor es recorrerlo sin más. Pero para orientar pongo algunos datos.

 

Distancia hasta el Tranco                  1 Km.

Tiempo en recorrerlo                        45 minutos.

Desnivel                                          100 metros.

 

            Los paisajes.

            Conforme se va llegando recrean delicadamente los espesos pinares por la derecha y por la izquierda las laderas calizas  con encinas salpicadas. Por entre este bosque de encinas crecen los espliegos, los enebros, las aulagas, los romeros, los tomillos y el esparto. Según se va coronando siguiendo el carril se surcan paisajes calizos con la vegetación que he dejado dicho y al coronar se abren los horizontes hacia la áspera sierra por donde el Peñón de la Mata, coronando el pueblo de Cogollos Vega. Entre esta sierra lejana y al frente, se encaja la cuenca del río Bermejo que es el que roza las blancas casas del pueblo de Cogollos de la Vega. Más a la derecha y más lejos quedan las cumbres de la Cuerda de la Gallega, por donde se eleva Majalijar y el Alto de las Buitreras. Y cuando el carril corona a la Sierra de la Yedra, por un pequeño collado, enseguida para el lado del sol de la tarde se abren las vegas de Granada por donde el Pantano de Cubillas y Sierra Elvira. Mientras se va recorriendo este carril y a partir de este punto del collado ya no se deja de gozar de la preciosa vista que sobre la vega, los pueblos y las casas de Granada, aparece. Es quizá este el más significativo de los atractivos que ofrece esta sencilla ruta. Hay otros, todos poca cosa como parece que es esta ruta pero sin que dejen de tener su valor. Porque el paisaje calizo por donde discurre el paseo tiene sus matices peculiares.  La vegetación por las cumbres de esta sierra y los cortes rocosos por donde el Tranco elevado sobre el pueblo de Nívar pueden complacer lo suficiente como para llenar una tarde plenamente. Y si es una tarde como la que me tocó a mí se puede convertir casi en un sueño. En primavera resulta también una delicia recorrer esta sencilla ruta.

 

            El recorrido.

            En la tarde del sábado 14 de noviembre remonto desde el pueblo de Alfacar por la carretera asfaltada que acerca a la Alfaguara. La tarde de este día es totalmente otoñal. Con el cielo por completo lleno de espesas nubes negras, frío el viento que sopla fuerte desde el lado de la vega de Granada y con la luz del día casi apagada. A las cuatro de la tarde parece como si ya estuviera anocheciendo. Ni siquiera en el pueblo de Alfacar se ve a nadie. Puede empezar a llover de un momento a otro y sobre las cumbres de la sierra que me van coronando por la derecha y por la izquierda hasta puede que caigan las primeras nieves del año. Estas sierras se elevan sobre los mil quinientos metros y algo más.  Pero con esta cara de otoño ya casi entrando el invierno la tarde es muy hermosa. Me gusta. También es muy bello el paisaje que me regala la montaña mientras remonto la estrecha carretera asfaltada. Ahora es época de bellotas y veo que por las laderas, una vez superados los dos trancos que la montaña ofrece a ambos lados, por entre los pinos aparecen encinas. No muy grandes pero por las laderas y crestas de la Sierra de la Yedra, la que me va quedando a la izquierda, se ven encinas clavadas casi en las puras rocas. Y me digo que aunque no es gran cosas este paisaje  porque en mi mente tengo la imagen de otras montañas mucho más grandes y escarpadas, tiene su belleza y puede recrear lo suficiente en una tarde como esta.

 

            En cuento termino de remontar la carretera se torna casi llana y empieza a discurrir por una cañada alargada repleta de pinos. Muchos más espesos estos pinares por la derecha porque son tierras mejores y caen casi en umbría. En la primera recta por la derecha descubro que se aparta un carril de tierra. No lo conozco aun pero sé que se mete por una preciosa cañada conocido por el Barranco del Puerto y cómodamente va subiendo hasta terminar en el rincón de la Alfaguara. Recorrer este precioso carril es muy placentero porque los pinares son espesos y la vegetación  presenta un encanto singular. Mientras lo voy dejando atrás me digo que otro día vendré por aquí lo recorreré sin prisa. Ahora me centro en la carretera que se va tornando cada vez más llana. Hasta baja un poco y antes del cruce descubro por la izquierda como unas construcciones. Me paro y me detengo por entre estas construcciones un tanto extrañas. Son como albercas redondas y solo un poco hundidas en el terreno. Pero lo que más me llama la atención es que en su tiempo estuvieron cubiertas con una fina pared de ladrillos y cementos. Como si fueran chavolas o tiendas de campañas pero construidas de cemento y ladrillos. Son cinco o seis y en algunas de ellas puedo ver que tiene  cocina donde encendían fuego. Quizá fuera esto algún tipo de refugio en aquellos años de la guerra. Quizá porque el sitio donde se encuentran es como si hubieran sido control de paso en este valle y camino.

 

            Sigue la carretera con su buen asfalto, llana casi por completa, decorada por los espesos pinares y casi al final de la recta aparecen los indicadores del desvío a la Alfaguara. Unos cien metros antes, por la izquierda, se ve el carril de tierra que busco. Aquí mismo paro y sin apenas preparar nada comienzo a subir por este amplio carril. En unos metros me encuentro con la cadena que en este caso es un grueso cable de acero y está cortado. Justo aquí mismo y por la derecha veo un letrero. Un palo hincado en la tierra con una tabla clavada en la parte de arriba donde puedo leer: “Para realizar parapente hay que tener permiso de la Agencia del Medio Ambiente”. Me llama la atención porque esta información debe llevar puesta aquí mucho tiempo. Bastantes años porque la tabla ya está casi podrida, lo mismo el palo y las letras escritas en la tabla se leen con dificultad. Para mí me digo que es lo de siempre, un día cualquiera la Administración de turno pone información o cualquier otra cosa que cree debe poner y ahí se queda para la eternidad.  Si se pudre con el tiempo que se pudra y si lo rompen y se cae da igual. También da igual que las cosas pasado el tiempo sean diferentes. Lo que un día se puso puesto está y aunque no sirva para nada ahí se queda.

 

            Pero con lo que aquí puedo leer saco la conclusión que este carril de tierra lleva a la cumbre del cerro que voy remontando y que desde esta cumbre quizá se practique parapente o se practicaba. Sigo subiendo sin prisa retenido por el fuerte viento que me llega de frente. Y además es muy frío. Como si en cualquier momento empezara a dejar lluvia o nieve. No me importa porque el terreno por donde va remontando el carril es bonito. Por la izquierda y por la derecha algunas encinas no muy grandes. Tienen bellotas y cojo un puñado. Me las voy comiendo mientras corono casi sin darme cuenta. Un coche me adelanta. Dos hombres y una niña me saludan. Solo unos metros más arriba y ya sobre el collado me los encuentro preparándose para echarse al monte a buscar no sé qué. Por lo que puedo observar por esta zona no debe haber setas porque es tierra de cumbre, con pocos pinos y como hace algunos días que no llueve en el terreno no hay mucha humedad. Pero los que han llegado en su coche se echan al monte con bolsas de plástico y recogen cosas. Son pinas secas. Los saludo al pasar y en cuanto vuelco un poco se me abre la gran panorámica hacia el barranco por donde baja el río Bermejo. También descubro sobre la ladera el blanco pueblo de Cogollos Vega, el grandioso y robusto pico de Peñón de Mata y la amplia vega por donde el embalse de Cubillas y las tierras repletas de olivares que le redoran. Durante unos minutos me entretengo en la contemplación de esta vista tan bonita y al poco sigo.

 

            Justo aquí en el collado el carril giran para la izquierda y se torna casi llano discurriendo por la misma cumbre. Hay muy buenos pinares por este paraje y más buenos por el lado de la derecha que es la ladera que cae hacia el pueblo de Cogollos Vega y Nívar que me queda un poco más al frente pero en lo hondo. Ahora mismo discurro siguiendo el carril por la curva de nivel que recorre los mil cuatrocientos metros. El pueblo de Nívar y el de Cogollos Vega se recogen sobre los mil cien metros o algo menos. Así que estoy sobre un muy bello mirador. El viento me da de frente y con fuerza. Caen algunas gotas pero no me preocupo. Sigo con interés el trazado del carril que a tramos se torna casi llano para enseguida remontar levemente un poco más y luego nivelarse por las tierras llanas de lo que ya es parte alta de la cumbre. Y mientras lo voy recorriendo sin prisa para gozar el paisaje y la curiosa tarde busco alguna señal  que me indica cualquier cosa sobre lo del parapente. No encuentro nada pero me digo que desde estas alturas seguro que no es difícil lanzarse al aire y empezar a volar hacia la amplia vega que ya he dicho. Recorro un trozo por donde el carril se ha tornado llano por completo. Llueve un poco más. Sopla el viento con algo más de fuerza porque viene de lado de la vega y ahora mismo me asomo a esa vega elevado a más de mil cuatrocientos metros.  Descubro que una vez recorrida la recta y llanura de este trozo de cumbre el carril empieza a bajar. Sigo con la intención de llegar hasta el final. Pero en cuanto avanzo unos metros bajando la lluvia arrecia y el viento también. Me vuelvo.

 

            Saco el paraguas y me vuelvo. No temo a la lluvia pero la tarde se está cerrando en densas nubes, en lluvia, en viento y en frío. Ya he conseguido casi todo lo que pretendía. He descubierto por dónde avanza y a dónde lleva este carril. Y por eso repito lo que dije al principio: no es gran cosa pero resulta un precioso paseo hacia la cumbre que es como balcón al valle del río, de la vega y de los pueblos blancos en las laderas antes de la vega. Esto solo ya es suficiente y puede enriquecer perfectamente una tarde de otoño como la presente. Pero además, los que han llegado en el coche y la niña se pierden por entre los pinos y llenan bolsas de piñas secas. Al cruzarme con uno de ellos me dice:

- Se ha estropeado la tarde.

- Un poco sí pero tiene su encanto.

La niña me mira y como venga refugiado en el paraguas hasta pienso que siente un poco de envidia pero no. Se le ve feliz con la pequeña aventura que está viviendo.

 

            Mientras desciendo en busca de la carretera por donde he dejado el coche la lluvia arrecia. Tanto que en solo unos minutos por el carril de tierra se forman arroyuelos que saltan con la alegría de la tarde del otoño y el frío de los granizos. En unos minutos ya estoy en el coche y me pongo en marcha. Giro por la carretera que sube para el rincón de la Alfaguara y la lluvia es tanta que casi no me deja ver. Por los barrancos se acumulan las nieblas y por los lados de la carretera se deslizan las aguas. Me gusta la tarde y la lluvia que así de pronto ha traído sobre estas montañas. Sin prisa subo y rozo las construcciones por donde la Alfaguara. Ni me paro. Remonto despacio y al poco empiezo a bajar por el carril que lleva al mirador del Gato. Por esta cumbre los pinares se espesan y por entre ellos también se espesan las nieblas con la lluvia que cae sin parar. ¡Qué tarde más bonita y así de pronto! Desciendo despacio para gustar a fondo el rumor de la lluvia que cae, los arroyuelos que ya bajan por el mismo firme del carril y las nieblas cubriendo el bosque. Miro para el lado de la cuenca del río Darro y no se ve nada. Todo es una pura nube cubriendo densamente y descargando agua. Me digo que viene bien esta lluvia. Todavía no hace mucho frío y para las setas en estos bosques viene bien que llueve en estas fechas. Quizá los níscalos salgan en abundancia dentro de unos días. Ya han salido algunos pero los níscalos son algo más tardíos que otro tipo de setas. El año pasado los cogí yo de entre los pinares por debajo de la cueva del Gato ya próximo a la Navidad. La recia lluvia de esta tarde de otoño puede ser muy importante para los níscalos y otras muchas setas por entre estos bosques. Por esto y por más cosas me hace muy feliz ver como la tarde se ha cerrado por completo y llueve a cántaros. Por las cumbres de Sierra Nevada lo que cae es nieve y eso es otro cantar. Lo de Sierra Nevada es otro cantar con mucho turismo, coches, construcciones y demás. 

 

            24- Barranco del Puerto, La Alfaguara. 23-11-03     Ir al índice

           La carretera sube desde el pueblo de Alfacar y por el barranco, entre calares y tajos, va trazando curvas. Al terminar la última curva entra en las tierras llanas de la cañada, por donde la curva de nivel de los 1400 metros, y justo cuando empieza a  ponerse recta, por la derecha aparece el surco de un arroyo, Barranco del Puerto. Justo por este mismo arroyo comienza a dibujarse un carril de tierra. Sube y recorre todo el barranco, algo ya al final gira para la izquierda y unos metros más arriba  se viene otra vez para la derecha. Aparece un amplio prado con sus álamos, su fuente, su tapiz de hierba y su pino “Gordo”. Al remontar por donde el pino Gordo gira para la derecha y luego izquierda. Baja por un barranco muy bello y al poco se da de bruces con el rincón de la Alfaguara. Por aquí podría terminar la ruta pero yo la alargo todavía algo más. Se puede regresar por la carretera asfaltada que lleva a este rincón de la Alfaguara o por el mismo sitio para entrarle al cerro Calvero y coronarlo. Tiene este cerro 1489 metros de alto y se viste hermosamente con paisajes de rocas calizas y bosques de pinos y quejigos. Es uno de los cuatro cerros significativos que delimitan al rincón de la Alfaguara.  Los datos en esta ruta y aproximados son como siguen:

 

            Tiempo aproximado                 :  2  horas en un paseo reposado y gozando los paisajes.

            Distancia aproximada              :  4,5 kilómetros si se hace el recorrido completo.

            Dificultad                                  : Ninguna porque no hay desniveles ni paisajes complicados.

            El camino                                 : Carril de tierra, campo a través y carretera asfaltada.    

                                                                             Para hacer andando o con bicicleta.

                 Describo la ruta.

                Esta ruta la he recorrido en la bonita tarde otoñal del día 23 de noviembre del 2003. Por estas fechas, estos lugares y este año todavía no han llegado los fríos de verdad. Llueve lo suficiente de vez en  cuando y en concreto en esta tarde y la noche que le corresponde, ha llovido un poco más. Por eso el terreno en estas montañas se encuentra con la suficiente humedad para que en los bosques la hierba brote y las setas se abran a la vida. En la tarde de este día el cielo se encuentra por completo cubierto por densas y espesas nubes negras que hasta tienen pinta de tormentas. Si llueve será estupendo porque cuando mejor vienen las lluvias es en los meses del otoño. Pero repito que con el escenario que presenta el cielo y las montañas en la tarde de este día es realmente bello y hasta propio para trazar una ruta por estos lugares. Son lugares estos de setas, bellotas, bayas de majuelos, muchos musgo por las rocas  y el bosque de la umbría y muy buenas y bonitas praderas de hierba.

 

                Al terminar las curvas que la carretera traza para subir por el barranco hacia la Alfaguara, dejo el coche. En el rellano que junto a la carretera hay y que utilizan muchos de los que por estos lugares vienen. El arroyuelo de la derecha está aquí mismo y pegado a él se ve el carril de tierra que debo coger. Se le conoce a este cauce con el nombre de barranco del Puerto y viene justo de la cumbre por donde la Cruz de los Maestros, cerca de la Cueva del Agua. También aquí mismo crecen unas encinas y sus bellotas, gordicas y redondas, se esparcen por el suelo. Antes de ponerme en marcha recojo un puñado de estas bellotas y me las empiezo a comer. En el otoño maduran las bellotas y aunque hoy en día no son frutos muy apetecidos por las personas, las bellotas de las encinas resultan muy gratas al paladar y sobre todo si se acompañan con un poco de pan. Nada más que esto y a disfrutar de un sabor realmente agradable y sano. Sabores de antaño que ya casi no se conocen en los tiempos de ahora.  

 

                Con mi puñado de bellotas y la ilusión de la nueva ruta por estos rincones me pongo en marcha carril arriba. En los primeros metros discurren casi a la par carretera, arroyuelo y carril de tierra. Suben levemente y en cuanto se avanza unos metros, el surco del arroyo y el carril de tierra van despegándose de la carretera para venirse para el lado de la derecha, que es por donde me va quedando el grueso de la montaña. Es normal que de las cumbres que me coronan por este lado descienda un arroyo y es normal que el trazado del carril lo hicieran siguiendo el surco de este arroyo que por otro lado no es gran cosa. Desde luego que no lleva agua y  me inclino a creer que pocas veces correrá agua por aquí.  Por la derecha y arriba me supera la cumbre de los Tajos de la Cimbra coronados por el pico de Los Calares con 1528 metros. Por la izquierda, casi terreno llano pero con unos seis  picos que van desde los 1432 hasta los 1498  en lo alto del Cerro Calvero. Por eso por la derecha toda la ladera es pura umbría. Se cubre esta umbría con bosque de pinos, quejigos y algunas encinas y la vegetación baja está formada por espliegos, tomillos, carrascas, algunas aulagas, retamas y jaras. Los majuelos crecen salpicados por donde este arroyo y también la Digitalis oscura con algunas matas de esparto.

 

                Mientras avanzo sin encontrar ninguna dificultad voy mirando por si descubro setas. Tengo la impresión que el terreno es propio de ellas. Y mientras espero verlas recuerdo que esta misma tarde, en el Campus Universitario de Cartuja y junto a la Facultad de Farmacia, han montados unas carpas para en los días próximos ofrecer una exposición y degustación de setas.  Compruebo que el carril se encuentra en buenas condiciones para que lo recorran los coches todo terreno. No tiene cadena. A unos doscientos metros traza una curva para la derecha y un precioso bosque de encinas. Mucho musgo en las rocas, muy verde y mucha humedad.  Al superar el bosque de encinas se abre un poco la vegetación y se vez al frente la cumbre por donde la Cueva del Agua. Siguiendo el curso del arroyo remonta el carril pero en algunos trozos se separa bastante para meterse más por la umbría. Van apareciendo los quejigos y las rocas calizas emergiendo de entre el bosque. El paisaje es muy bello.  El carril se vuelve a pegar otra vez al arroyo. Por la derecha una cantera y una gran roca coronando. Al fondo sigue viéndose la cumbre por donde la Cueva del Agua. Algunas de las encinas por aquí tienen muchas bellotas y muy gordas. A partir de la cantera para arriba se estropea mucho. A unos cincuenta metros por encima de la cantera se torna llana y discurre por encima mismo del surco del arroyo.

 

                Y de pronto se divide en dos. Y lo que sucede es que el arroyo se va para la cumbre de la sierra que le viene dando vida y el carril han decidido que debe venirse para el lado de la izquierda. Sigo por este lado porque es mejor y creo que lleva al rincón que vengo buscando. Aparece como una llanura menor con tierra muy fértil. En esta tierra llana crecen un buen puñado de quejigos y todos esta tarde con sus hojas teñidas de oro. Por la derecha va quedando un terreno que se le conoce con el nombre de Majada de la Zorra.  Más arriba y hacia el rincón de la Alfaguara aparece un topónimo que se dice La Alfaguarilla. Discurre el carril ahora muy llano y siguiendo un arroyuelo con muy poca entidad. Parece que por aquí si entran muchos con los coches. Unos cien metros más arriba de la división que dije otra pequeña llanura con muchos majuelos, pinos, carrascas y quejigos. Traza una curva bastante cerrada para la izquierda y al poco se viene otra vez para la derecha. Aparece otra llanura y por la izquierda se separa otro ramal de este carril. Lleva a las mismas cumbres del Cerro Calvero. Me vengo para la derecha cruzando la cañada y comienza a recorrer una tierra casi llana y despoblada de vegetación. Es como un amplia cañada  por donde voy viendo algunos álamos y alguna construcción de cemento. Una noguera no muy grande sin hojas ni nueces, un par  de majuelos y mucho pasto. En el centro de esta tierra medio llano un grupo de niños juegan y gritan. El carril surca este terreno y al remontar se sitúa sobre  el cerrillo que casi tiene forma de era. En el centro crece un magnífico ejemplar de pino.  Se le conoce a este pino con el nombre de “Pino Gordo”.  Le hago algunas fotos porque es realmente bello y también a los pinsapos que lo rodean. Aquí mismo gira el carril para la derecha remontada por unos cerrillo y lomillas. Los pinos son de ejemplares muy buenos. Las encinas y los quejigos son también bellos y altos. Se espesa la vegetación y llega a una hondonada por donde empieza a descender.

 

                Ya al final de este barranco con su arroyuelo gira para la derecha y se torna casi llana. Discurre con mucha comodidad y antes de que me lo espere aparece el rincón de la Alfaguara. Lo primero que me saluda es la cerca botánica y la puerta abierta como invitando a entrar. Sin pensarlo mucho entro y empiezo a recorrer la senda que han trazado dentro de esta cerca. Un letrero donde leo el nombre que le han puesto al rincón: “Arboretum Alfaguara”.  Y  me digo que se habrán quedado tan satisfechos yéndose y dejando aquí clavado tal información. Recorro la sendilla que va por entre la vegetación, la hierba y el denso pasto. Voy leyendo despacio cada uno de los letreros que aparecen junto a las plantas correspondientes, a lo largo del recorrido y donde se indica también los lugares por donde se distribuyen estas  especies. Y empiezo con elpino salgareño, zarzamora, sauce blanco, abeto blanco, pinsapo, abeto rojo, cedro de Oregón, chopo o álamo, avellano, pino amarillo, olmo, quercus rotundifolia, majuelo, quejigo, ciprés, pino pinaster, endrino, arce, peral, manzano, cerezo de Santa Lucía, rosal silvestre y cedro de Atlanta”. Estos últimos forman un batallón de diez ejemplares muy grandes y gruesos. Salgo y miro el reloj. He tardado una hora en hacer el recorrido de esta ruta y en  visitar este espacio botánico.

                   

                 El rincón de la Alfaguara.

                Este recogido y bonito espacio se encuentra enclavado en el centro de un paisaje espectacular. A lo grande, a todo este conjunto de montañas y barrancos, se le conoce con el nombre de Sierra de Alfacar. Aunque la Sierra de Alfacar se eleva un poco al levante en una cuerda alargada y con una sucesión de más de quince picos casi todos rozando los 1600 metros. Un poco al poniente se eleva la Sierra de la Yedra también en una sucesión de doce o catorce picos que no se levantan más de 1500 metros. Entre estas dos cuerdas montañosas se abre una especie de llanura, sin que sea llanura por completo, y al lado del levante y algo en la umbría de la cuerda de la Sierra de Alfacar, se abriga el rincón de la Alfaguara. Un poco en la umbría y llanura quedando enmarcado el rincón por cuatro picos más o menos regulares. Estos picos son: Cerro Calvero que tiene 1498 metros, Cerro de los Corralillos que tiene 1523 metros, Cerro del Pino con 1466 metros y Cerro de las Calaveras con 1586 metros. Trazando una línea recta de una cumbre a otra de estos cuatro picos sale el dibujo aproximado de un rectángulo. Pues en el mismo centro de este dibujo se enclava el paraje de la Alfaguara. Donde están las instalaciones para recreo y el campamento con el singular jardín botánico.  

 

                Pero algo más a lo pequeño, el rincón de la Alfaguara es una cañada de tierra muy fértil, un poco al norte de las cumbres por donde la famosa Cueva del Agua y engalanado por un espeso bosque de pinos, encinas, quejigos, jaras, tomillos, aulagas y retamas.  La altura sobre el nivel de mar está entre los 1450 a 1500 metros y como queda coronado por las cumbres de las sierras que he dicho antes tiene la suficiente humedad y agua para enriquecer el bonito espacio natural. Las instalaciones que en este rincón hay ahora mismo son las siguientes: Una carretera asfaltada que llega desde el lado del pueblo de Alfacar y la misma vía que llega desde el lado de Puerto Lobo pero en este caso es carril de tierra aunque en buen estado. También se puede llegar por el carril de tierra que he descrito en esta ruta y por algunas veredas que surcan la umbría por donde la Cueva del Agua. Ya en el rincón se levanta un establecimiento que es bar, restaurante, un amplio llano para que los visitantes puedan aparcar sus coches, por el lado de arribe del bar, un espacio con mesas y cocinas para el recreo de las personas y en la misma cañada y por encima de los aparcamientos, las instalaciones de un campamento para grupos organizados. Comedor, salas, explanada para las tiendas y actividades y hasta espacio para practicar deporte. Por encima de estas instalaciones se levanta el edificio de lo que fue una casa forestal. Lo sigue siendo pero cercada y cerrada. En la misma cañada del rellano para los aparcamientos y por debajo de éste, han cercado un trozo de tierra. Dentro han dejado un puñado de plantas silvestre y otras sembradas por los humanos. Han trazado una senda por este espacio y han puesto algunos letreros informando del nombre y algunas características de las especies. Han clavado dos grandes paneles con información sobre plantas y aves, algunos bancos de madera para que las personas puedan sentarse y a la entrada de la cerca botánica, la puerta está siempre abierta, han puesto un panel donde se puede leer el nombre que le han dado a este rincón.

 

                Mi opinión sobre este cercado espacio botánico semi natural es que está bien y sin duda que algo enriquece a las personas que quieran visitarlo pero el que el terreno esté cercado con una recia alambrada no es bueno.  Con el tiempo, toda la vegetación silvestre dentro de un espacio cerrado, se altera mucho. La hierba crece tanto que en verano el pastizal es denso y alto. Así es como me lo he encontrado esta tarde. Y un buen pastizal es el mejor combustible para los incendios. Un terreno natural cerrado, si no se cuida y en este caso no hace falta porque se pretende mostrar la vegetación en su estado silvestre, no tiene depredadores naturales y por estas causas y otras la vegetación se va deteriorando poco a poco. Cuando las plantas silvestres se desarrollan en condiciones buenas por la bondad del terreno, la humedad y la ausencia de depredadores naturales, los serranos dicen que están muy “consentidas”. Y todo lo que crece consentido no está preparado para las adversidades. La naturaleza, como los demás seres vivos y humanos, necesita fortalecerse para adaptarse y así mantener la pureza de las especies.  Lo mejor para el ecosistema es dejarlo a su aire y no intervenir en él para nada. La naturaleza es mucho más sabia que la sabiduría de los humanos. Esta es mi opinión y en este caso  creo que acierto.   

 

        Además de lo dicho, por este rincón de la Alfaguara discurre una vía pecuaria que tiene su importancia. Más en los tiempos pasados que ahora porque los rebaños de ovejas, cabras y vacas, cada vez son menos en las montañas. Cada vez los pastores tienen más problemas para el pasto que necesitan los rebaños y cada vez menos personas desean seguir con esta bonita actividad. A las Administraciones de turno no les interesa y por eso ignoran tanto al mundo del pastoreo como a los pastores y a sus rebaños. Mil veces me he preguntado por qué son las cosas así y casi nunca encontré respuestas.  Pero esta vía pecuaria que vengo diciendo y que en realidad son dos, tiene su importancia aunque ahora se use poco. Por el mismo barranco que asciende la carretera asfaltada a este rincón sube también la vía pecuaria. Se le conoce por “Cañada real de Cogollos de la Vega a Alfacar”. Esta vía pecuaria al coronar el barranco se va un poco por encima de la Sierra de la Yedra y un ramal se viene por donde discurre la carretera asfaltada para ir muriendo por estos rincones. La que discurre por la sierra que he dicho, después de dejarla atrás sigue para los llanos del Fraile, sale a los llanos de las Minas y por ahí gira para la fuente de las Piletas  y continúa avanzando  por esas sierras. Otro ramal de vía pecuaria discurre por la Sierra del Alfacar, algo al levante del rincón de la Alfaguara. Es la que sube desde Víznar por el collado, la cumbre de la cueva del Agua, pasa por el cerro de las Calaveras, el cerro del Pino y se mete para la fuente de la Teja para seguir río Darro arriba y perderse en esas lejanas tierras hacia la fuente de los Potros. Se le conoce a esta vía pecuaria con el nombre de “Cañada real de la Cuna y de Víznar”. Así que el rincón por donde se recoge las instalaciones de la Alfaguara queda también casi rodeado de dos buenas vía pecuarias que en otros tiempos fueron muy usadas. Ya he dicho que hoy no tanto y por eso en muchos tramos casi no se sabe por dónde discurre. 

    

                Panel de las rosáceas. Dentro de la cerca botánica que hay en el rincón de la Alfaguara han colocado dos grandes paneles con información de la vegetación de la zona. En uno de ellos se puede leer lo siguiente: “La familia de las rosáceas comprende  numerosas especies frutales, silvestres o cultivadas, buscadas por el hombre, los pájaros e incluso la abejas, que se alimentan del néctar de sus flores. A menudo se encuentran cerca de las viviendas, en parques y setos o en claros del bosque”.  Tanto este panel dedicado a las rosáceas como el otro dedicado a las coníferas mediterráneas están perfectamente ilustrados, a todo color y con detalles de varias plantas, las flores, los frutos y las hojas. En este panel que comento ahora están reseñadas las siguientes plantas: el cerezo silvestre, con detalles de flores y frutos, el cerezo de Santa Lucía, el rosal silvestre, el mostajo con detalles de flores, frutos y hojas y los colores de las hojas al llegar el otoño. También están representados el majuelo, el madroño, el peral silvestre y el manzano con dibujos muy bellos de los frutos, hojas y demás. Al final, en la parte de debajo de este panel, se dibujan algunas aves presentes en los bosques ocupados por estas plantas. Las aves frugívoras están representadas por el piquituerto, el jilguero y el verderón. Tres de las aves insectívoras son, el mirlo común, el reyezuelo y el herrerillo. El texto que acompaña a estos dibujos dice lo siguiente: “Vuelan entre los árboles y arbustos, una serie de pájaros que se alimentan de las frutas, semillas e insectos que se desarrollan en este tipo de vegetación; son las denominadas aves insectívoras y frugíveras”.   

 

                Panel de las coníferas. En el panel dedicado a las coníferas se puede leer lo siguiente: “Coníferas mediterráneas. Algunas zonas del sur de Europa ofrecen condiciones ecológicas difíciles: suelos pobres, baja pluviosidad, calor intenso en verano… Además de los alcornoques y las encinas algunas coníferas se han adaptado a estas condiciones adversas: el pino carrasco, que gusta de los ambientes secos y luminosos, el pino piñonero o, en altitud, el pino negral, destaca en el paisaje mediterráneo.” Perfectamente ilustrado este panel lo mismo que el anterior, recoge los dibujos de las siguientes especies:  el abeto, la tuya, el pino albar, el pino rodeno, el pinsapo, el pino negro, el pino carrasco, el pino piñonero, el pino negral, el enebro de la miera, el ciprés, el tejo y el alerce.  Los dibujos muestran las semillas, hojas y ramas de estas especies e incluso se presenta en qué parte de las montañas se dan cada unas de estas plantas. En definitiva, un buen panel con la información suficiente para enriquecer nuestro conocimiento sobre las plantas de los bosques que rodean y cubren a estas montañas. Pero en este panel echo de menos el que no se haya reseñado la fauna que se desarrolla y vive entre los bosques de coníferas. Por esta zona he visto señales de jabalíes,  zorros, arrendajos, palomas torcaces  y las simpáticas ardillas. Justo en el bosque de los diez cedros de Atlanta que hay a la entrada de este espacio protegido he visto muchas pinas comidas por las ardillas. También me las he encontrado por entre los pinares que he recorrido. Pero donde mejor las he podido gozar ha sido en la misma explanada de las instalaciones para el campamento. En los viejos pinos que crecen en esta explanada y cerca, esta misma tarde he visto varias ardillas subiendo y bajando por los troncos de estos pinos y parándose para observarme. Casi podría decir que he jugado con ellas y ellas conmigo y hasta le he podido hacer un par de buenas fotos. Quizá no sean muy abundantes las ardillas por aquí pero sé que las hay porque las he visto con mis propios ojos.

 

25- Mirador Cueva del Gato, Sanatorio de la Alfaguara, Berta.    Ir al índice

El rincón que voy a reseñar en esta ruta creo que es un punto y a parte entre los demás rincones de este espacio natural. Y creo que es así por varias características pero sobre todo por una muy concreta. Y digo lo que digo porque el rincón tiene paisajes muy singulares, vegetación muy concreta, panorámicas quizás únicas en todo este Parque Natural y sobre todo, un cerro con 1504 metros en cuyas laderas solanas y frente a Sierra Nevada, se desmoronan las últimas paredes de un edificio muy simbólico. Lo que fue en otros tiempos un sanatorio y todavía por los pueblos, capital de Granada y en otras partes del mundo se le conoce por el Sanatorio de la Alfaguara o de Berta. Por la zona ahora solo hay ruinas, espesuras de bosques con setas, bellotas y piñas, soledad y hondos silencios. Pero el rincón es muy especial.

 

A este rincón, punto y aparte entre los otros, se le puede llegar desde varios lados. Por la carretera que sube desde el pueblo de Alfacar y llega hasta el área recreativa de la Alfaguara. Desde este rincón sigue remontando ya en pista de tierra y al coronar, justo al coronar, por la derecha se aparta un carril de tierra. Lleva este carril a las ruinas del edificio que vengo diciendo. También se puede llegar a este precioso espacio siguiendo la carretera que sube desde el pueblo de Alfacar y al llegar al cruce para el área recreativa, continuar. Enseguida se convierte en carril de tierra y como a un kilómetro más o menos, desde la desviación, por la derecha se aparta un ramal. Es el que sube y sobre el collado se junta con el carril que ya dije antes que baja desde la misma cumbre. No va a ningún otro sitio este carril sino a las ruinas del edificio del antiguo sanatorio. Desde el lado del  área recreativa Florencia se llega por este mismo carril y en la desviación que ya he dicho hay que torcer, en este caso, para la derecha. Y desde dos ángulos más se puede llegar al rincón de las ruinas. Uno desde Puerto Lobo por el carril de tierra hasta el mirador de la Cueva del Gato. Solo un kilómetros cien metros más adelante y sobre la misma cumbre, por la derecha se aparta el carril que ya he descrito antes y que lleva al desaparecido sanatorio. Y el otro camino por el que se puede llegar hasta este singular rincón ya no es carril sino vieja senda. Es la vieja y bonita senda que hay que coger justo por debajo del área recreativa Puerto Lobo, sube por el barranco de la Cruz de Víznar, corona al collado de la Cruz de Víznar, sigue para la Cueva del Agua por paisajes muy bellos, continúa  desde la Cueva del Agua y se encuentra con el carril de tierra que viene desde el área recreativa la Alfaguara y también desde el mirador de la Cueva del Gato. Es el mismo carril que ha he mencionado varias veces. Por eso una vez en este punto no hay nada más que seguir la pista de tierra que indiqué atrás. Para llegar y recorrerlo pongo a continuación algunos datos resumidos y aproximados tomando como punto de partida la cumbre de la Alfaguara.

 

            Tiempo aproximado                 :  2  horas en un paseo reposado y gozando los paisajes.

            Distancia aproximada              :  4  kilómetros si se hace el recorrido completo.

            Dificultad                                 :  Ninguna porque no hay desniveles ni paisajes complicados.

            El camino                                 : Carril de tierra y campo a través.

                                                                    Para hacer andando o con bicicleta.

 

            Describo la ruta.

            En la tarde del sábado 29 de noviembre llego al mirador de la Cueva del Gato. En esta ocasión no llueve ni hace viento pero sí la temperatura es fría. Desde el mirador contemplo la grandiosa panorámica tanto sobre el valle del río Darro surcando los bosques este Parque Natural hacia el pueblo de Huétor como las cumbres de Sierra Nevada. Ya está vestida de blanco desde el centro de Visitantes el Tornajo para arriba. Solo hace unos días ha comenzado la temporada para el deporte de la nieve. Desde este mirador para arriba la pista de tierra se inclina mucho y está algo rota por las aguas de la lluvia. A un kilómetro justo y por la izquierda se aparta el ramal de pista que lleva a la Cueva del Agua. Tiene su panel de información correspondiente porque la Administración de turno ésta sí la considera una ruta  oficial. Solo cien metros más adelante y por la derecha se aparta otro carril. Tiene sus postes de hierro con el cable de acero cortando el paso a los coches. Lo cortaba porque el cable me le encuentro roto y ninguna señalización que informe un poco. Pero este es el carril que lleva al rincón de las ruinas del sanatorio.

 

            Solo unos metros más adelante y ya justo sobre la cumbre misma de la Sierra de la Alfaguara, también por la derecha se abre un espacio llano. Sirve para que las personas dejen su coche y se pongan en movimiento por el lugar. En las tierras de esta explanada crecen algunos ejemplares de pinos muy grandes y bellos.  Este punto queda en el centro de cuatro picos sobre la cuerda de la Sierra de la alfaguara. La altura de estos picos son: 1523, 1506, 1503 y 1497 metros sobre el nivel del mar. Por el pico que mide 1523 me muevo y siguiendo una sendilla sin categoría remonto a lo más alto. Sé que el carril que lleva al rincón de las ruinas me queda por la derecha  y un poco más atrás pero le voy a entrar campos a través coronando primero este pico y bajando luego por entre la vegetación y las rocas. Lo consigo fácilmente porque ofrece poca dificultad y en solo unos minutos. Ya en lo más alto de este pico me dedico a observar el terreno. Compruebo que la larga cuerda de la Sierra de Alfacar un poco se interrumpe aquí. Con este pico sobre el que me encuentro se corta un poco esta sierra y el terreno se convierte en laderas, algunas llanuras por donde discurre el carril que lleva para el área Florencia y una pronunciada hondonada por donde avanza el carril que recorre la ruta de esta tarde. Desde la cumbre tengo frente a mí la bonita  Sierra de Cogollos con el Peñón de Mata y al fondo las cumbres de Majalijar.

    

      Desciendo por entre la vegetación y las rocas calizas y al mismo tiempo voy mirando. Por aquí me encuentro setas de casi todas las especies pero ningún níscalo. No tardo en tropezarme con el carril que  baja desde la cumbre y lleva a las ruinas de este sanatorio. Y justo al encontrarme con el carril veo un montón de setas tiradas sobre la tierra del borde de este carril. Al verlas enseguida pienso que alguien ha estado buscando setas por aquí y ha ido cogiendo todas las que ha visto y al juntarse por este punto con algún acompañante le ha dicho que no son buenas y aquí mismo las ha tirado. Varios kilos de setas que ciertamente no son buenas y por eso las has dejado esparcidas por aquí. Pienso que no está bien que las personas hagan esto porque de este modo es como sí se le hace daño a la naturaleza. Para salir a los bosques a buscar setas también hay que tener alguna formación porque de lo contrario se hace lo que ahora mismo veo y es un modo  de dañar a la naturaleza.

 

            La vegetación es retama, carrascas, pinos negros, quejigos y encinas. Cuando la pista termina de bajar por la derecha se aparta un pequeño ramal. Recorre este carril la umbría del Cerro del Pino y luego se va hundiendo para el río Darro por donde la Fuente de la Teja. Remonta ahora por lo alto de un puntal en busca del cerro casi gemelo que acabo de coronar. Este cerro gemelo tiene 1504 y se encuentra como aislado o un poco a la derecha de la Sierra de la Alfaguara. Por este puntal el carril discurre muy llano entre jaras, pinos, carrascas y tomillos. Un paisajes de pinos muy bellos bastantes grandes pero no muy altos. Muchas setas entre las jaras y ningún níscalo. Al final del puntal la pista traza una curva para la derecha. Por la izquierda le llega el ramal de carril que sube desde la pista principal que es la que  va  del área de la Alfaguara al área de Florencia. Y más al final de esta loma menor el carril que vengo recorriendo se divide justo al encontrarse con el cerro que decía antes. Por la derecha se va un ramal y quiero creer que es el que lleva directamente a las ruinas del sanatorio pero como el ramal que sigue un poco al frente y un poco para la izquierda, lo veo en mejores condiciones, sigo por aquí. Le entra al cerro por la umbría y descubro algunos ejemplares de pinsapos no muy grandes. Discurre llano mientras al frente se ve con toda claridad y potencia la robusta cumbre de Majalijar. Baja un poco y buenas encinas por la izquierda. Una pequeña construcción, una llanura y como un pozo al lado de arriba de esta llanura. Es un manantial en forma de pozo cubierto con una pequeña puerta para cerrar. La construcción parece refugio pero no lo es y por el lado de abajo del carril unos pilares de cemento con agua. Aparece por aquí el nombre de Icona. A este rincón se le conoce con el nombre de Fuente Fría. Mana en la umbría del cerro que alberga las ruinas del sanatorio y algo más debajo de esta fuente se abre el surco de una bonita cañada que al poco se convierte en arroyo. Su nombre es Barranco de la Hoz y se le junta al río Darro algo más arriba de la Fuente de la Teja.

 

            Es muy bonito este rincón y ahora con sensación de mucha humedad. Para el barranco cae un espeso bosque y por entre su denso verde sobresale el dorado de los quejigos. Es muy bonito este rincón. Continúo y ahora el carril sube algo. Sobre la tierra mojada descubro pisadas de perros. Al poco se torna casi llano y entra a una umbría muy húmeda. Siguen los pinsapos y de pronto veo un níscalo. Justo mismo al borde del carril y es precioso. Con tono dorado fresco porque no es muy grande y limpio. Lo cojo y mientras lo toco me digo que es el primer níscalo que este año me encuentro en los bosques de este parque. Deben haber nacido ya en muchos puntos pero yo no he tenido la suerte de verlos todavía este año. Éste me lo voy a comer esta misma noche asado con un poco de aceite de oliva y unos granos de sal. Así es como realmente están buenas estas setas porque conservan todo su sabor y olor. Termina el tramo llano de del carril y ahora sube. Ya se acaba la umbría del cerro y ahora sube buscando un collado para pasar a la solana de este cerro. El lado que mira a Sierra Nevada y al barranco por donde desciende el río Darro.  El collado se abre entre el cerro de la fuente, que es también el del sanatorio y otro cerro casi igual que se le conoce con el nombre de Cerro de la Encina. Y quiero decir que este Cerro de la Encina tiene 1493 metros de altura. Otro cerro que hay un poco más hacia la Cueva de los Mármoles se le conoce con el nombre de Cerro del Carbonero y tiene 1425 metros. Por entre el Cerro del Carbonero y el Cerro de la Encina baja el Barranco de la Hoz, el que ya dije antes es afluente del río Darro y se encuentra con éste algo más arriba de la Fuente de la Teja.

 

            Siguiendo el carril remonto al collado y por la derecha me asombra la figura de un grandioso pino clavado en las mismas rocas y con dos pies. Se eleva en todo lo alto y parece como si gritara con los brazos abiertos. Es un cuadro muy bello y hasta asusta un poco. Al terminar de remontar el carril gira como si quisiera abrazar al cerro del pino de los dos pies. Se torna llano y ahora ya discurre por zona de solana total. Me doy cuenta que la dirección que ahora mismo llevo es casi por completo para atrás. Como si buscara el mirador de la Cueva del Gato. Varios ejemplares de pinos  muy grandes y bellos. Por la izquierda me va quedando el barranco del río Darro en este caso muy hundido y entre bosques densos y anchos. Por entre la vegetación descubro la figura de un edificio. Es la primera vez que vengo por aquí pero ya sé seguro que esta figura son las ruinas del santuario que vengo buscando. Me aproximo con sumo cuidado como si tuviera miedo de dañar no sé qué. 

 

            Por las ruinas del santuario.     

            Antes de llegar un paisaje muy bello. Un rodal de tierra llana por donde se ven todavía algunas paredes y la hierba. El carril sube un poco y ahora compruebo lo que intuí hace un rato cuando me encontraba de frente con el cerro que corona. Y lo que compruebo es que el carril que se desgajaba por la derecha viene directamente a lo que fue sanatorio. Al terminar de girar me encajo justo en la explanada que precede al edificio. Dos gruesos cipreses y por encentro entra el carril. Sobre el tronco de uno de ellos se apoya una bicicleta. Su dueño descansa sentado en un trozo de pared y ahí mismo dos latas de cocacola, un trozo de pan y colillas de cigarros. Lo saludo y me acerco a las ruinas. Tengo miedo y respeto y no sé por qué. Saco la máquina y hago fotos. Le entro por la parte de delante. Está por completo hundido. Todo en ruinas y con muchas zarzas a su aire. Por el lado en que viene la pista que he recorrido una zona llana con un buen pino que se ha caído.  La tierra con mucha hierba y mucho pasto. Vista hacia Sierra Nevada fabulosa. Sobre el cerro que corona un gran ejemplar de pino totalmente seco. También como gritando pero en este caso con sus ramas peladas de hojas.

 

            Lo recorro por el lado que mira a Sierra Nevada pero sin entrar. Por lo que fue como un gran porche y todavía tiene sus columnas. Los huecos donde estuvieron las puertas, las ventanas sin madera ni cristales y el techo sin tejas. Algunas viga todavía colgando como si se resistieran caer y al mirarlas me parecen como si también gritaran a no sé qué. Como si pidieran auxilio. Lo recorro por la parte de atrás y otro pino caído. Como un depósito o cuarto hundido en el terreno con unas escaleras para bajar, pero sin puerta. ¿Qué fue esto? Por las paredes que aun quedan en pie se adivina que tuvo tres plantas. Los pasillos no muy largo ni tampoco muy anchos. Algunos somieres sirven para cerrar en hueco de algunas puertas porque un recinto de esta parte baja parece que alguien lo usa para encerrar animales. Quizá un burro o un mulo porque ahí se ven los cagajones.  Hay dos cubos grandes como los de la basura en las capitales, algún cacharro más pequeño, unos puñados de cebada esparcida por el suelo y como ahora le tierra tiene suficiente humedad, varios granos de esta cebada germinados. Hasta parece que alguien los ha regado no hace mucho. Hago hasta treinta fotos y mientras disparo la máquina sigo sintiendo como miedo, respeto, sensación de estar donde no me pertenece.

 

            Salgo y me muevo para el lado de abajo. Por entre los pinos, muy gruesos y grandes, veo la figura de otro edificio. En mejores condiciones porque todavía tiene su techo de uralita, sus puertas de hierro y sus ventanas con cristales. Tiene apariencia de casa forestal pero no creo que sea esto. Sobre un montículo cerca de este segundo edificio la construcción de un transformador. Hasta este rincón trajeron tendido eléctrico y todo. Dentro de esta construcción tejas, madera de pino, armazones de sillas de hierro, el cuadro de la luz en este transformador y puertas de madera. En un rellano menor cerca de la casa más grande las bobinas de madera que sirvieron para enrollar a los cables de la luz. Dos y las han puesto en forma de mesas. Por detrás como una gran piscina pero sin agua. Dentro y en un rincón un chambado con techo de uralita tapando troncos y ramas secas de pino. Es como si todavía alguien viviera de vez en cuando en este segundo edificio y esta leña fuera para encender fuego.

 

                Me retiro del rincón. Lo despido  y es como si como si fuera una despedida después de mucho tiempo juntos. Sigo por el carril y mientras lo recorro en busca del trozo que ya tengo andado miro por entre la tierra de los pinos. Me digo que a lo mejor encuentro algún níscalo más. Pero no. La tarde cae y sobre la cañada que precede a las ruinas del edificio que fue sanatorio se amontan los quejigos. Es tan bonita esta cañada y se tiñe de tanto oro este bosque de quejigos que me entran ganas de pararme aquí y esperar a que se haga de noche. Hago algunas fotos más y sigo. Recorro la umbría, otra distinta a la de  Fuente Fría y miro pero no encuentro ningún nuevo níscalo. O no han nacido este año y los han buscado tanto que ya no hay más.   

            El nombre Berta.

            Corresponde al de una mujer de origen alemán y por ello lleva el apellido de Wilhelmi y que vivió entre los años 1858-1934. Cuando todavía era una niña sus padres se establecieron en Granada y montaron varias fábricas de papel. Ella vino a esta región unos años después y cuando ya había visto morir a su hermano de tuberculosis. Se casó varias veces, tuvo varios hijos, construyó una casa en el rincón de El Purche que llamó “Las Acacias”  donde empezó a atender enfermos de tuberculosis. Poco tiempo después, creó el Patronato Antituberculoso de la Alfaguara, con la ayuda de los doctores Alejandro Otero y José Blasco Reta. En 1923 se inauguró el Sanatorio de la Alfaguara, especializado en el tratamiento de la tuberculosis, y en 1924 organizó un preventorio para niños y niñas, con todas las características de una escuela al aire libre.  

 

Su gran actividad y sus muchos viajes se compaginaron con temporadas en la casa del Purche, en compañía  de sus hijos y nietos, que serán objeto de su atención educadora. Separada del Sr. Domínguez, encargado de la fábrica de papel que tenía en el término de Pinos Genil y segundo matrimonio de Berta, se dedicó plenamente a ayudar a los demás.  Tanto en su vida privada como en su actividad pública, Berta no se ciñó al patrón de esposa y madre propio de las mujeres de su clase y época. Compartió los últimos años de su vida con su hija Berta y con su sobrina, Emma Wilhelmi. En la primavera de 1931, un derrame cerebral la inutilizó física y mentalmente, muriendo el 29 de julio de 1934. El pensamiento feminista de Berta Wilhelmi queda patente en la ponencia presentada al Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano, titulada «La aptitud de la Mujer para todas las profesiones», donde defenderá «la igualdad de ambos sexos en cuanto al derecho a buscarse los medios de subsistencia necesarios para la vida..., derecho de gobernarse por sí y de tomar parte en las cuestiones sociales».  

  

Esta mujer de gran inteligencia, fuerza y buenos sentimientos, feminista y amante de la naturaleza, fue muy conocida en Granada por sus escritos y la ejemplaridad de vida, siendo calificada en su momento como «ilustre señora», «insigne escritora» o «dama ejemplar». Progresista, libre de prejuicios, de fuerte carácter y respetuosa con otras ideas, llevó a cabo en Granada una enorme labor en muy diversos ámbitos, entre los que destacan los de carácter pedagógico y filantrópico, impulsada por su preocupación en la regeneración física y moral de las personas. En la ciudad de Granada existe una calle con su nombre.


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