POR EL SANTUARIO DE TÍSCAR

Y PUEBLO DE QUESADA, Ruta al Cabañas

                        

 El contenido de esta página es parte del texto de un pequeño

       libro titulado:          "Quesada, Tíscar".    Si  pincha        

en este enlace puedes verlo en la editorial y tienda online.   

 

Quesada, dos pinceladas
Fiestas en Quesada

El Mueso de Zabaleta
Por el casco antiguo
Arco de la Manquita
Iglesia del Hospital
La Iglesia de San Pedro
La antigua Villa
Castillo de la Majuela
Puerto de Tíscar
Torreón de Don Enrique
Castillo de Peña
Negra
Santuario de Tíscar
Cueva del Agua
Flora por la Cueva
La palabra “Tíscar”
Don Pedro y Belerda 
Otras cuevas
 

  Rutas por las sierras       de Tíscar, Cabañas.

Quesada, Puerto de Tíscar, Santuario de Tíscar, Barranco de la Canal, Puerto Llano y pico Cabañas. GRANDES RUTAS

La distancia

El tiempo

El Camino

El Paisaje
Describo la ruta

Cuando tú te vayas

HE VUELTO

La fragancia eterna
 

      POR LOS PARAÍSOS DEL SUR

EN TÍSCAR

TIENE SU TRONO

 

En Tíscar tiene santuario

la que es madre y soberana

y como ella es luz en la mañana,

en Tíscar Dios le ha regalado

las más bonitas montañas

el río más puro y claro,

las crestas más escarpadas,

los bosque mejor plantados

y una fantasía de  agua,

entre los duros peñascos.

 

Y como ella es madre y reina,

en Tíscar tiene bordado

el mejor manto de plata

que pintor nunca ha pintado

porque es de luna y de escarcha

y de rocío que inmaculado,

tiembla en las verdes zarzas

en  noches del silencio largo.

 

En Tíscar tiene la Madre,

el trono más recio y alto

que bajo las estrellas nunca,

artista, halla tallado

porque es de roca pura y viva,

de viento puro y claro

y por eso hoy mi corazón

se atreve y grita callado:

Bendita tú, Madre bonica,

que permites que a tu lado

me postre y te dé las gracias

por el beso que me has dado

         Las sierras de este Parque Natural conforman un mundo  donde  se esconde bellezas extensas que se clavan y nunca sacian. Poco a poco lo fui  recorriendo por cumbres, valles, ríos, pantanos, arroyos y fuentes y fascinado fui descubriendo el espectáculo de naturaleza, paz y silencios latiendo bajo el manto blanco de la nieve en invierno, el tapiz multicolor de las flores en  primavera, la alfombra pálida de las hojas en otoño y el grisáceo y a la vez celeste cielo limpio del verano. Subyugado por el vigor limpio que brota de estos paisajes y sus gentes, he sentido mi espíritu empujado a irlos recogiendo,  en fotos,  páginas escritas y mapas con el único deseo de explicármelo a mí mismo y fundirlo a mi alma para conocerlo un poco mejor a fin de dar gracias por premio tan grande que me regalan y no merezco.

 

           El pequeño capítulo que sigue,  recoge algunos trozos de los espacios encontrados y gozados en estos paseos. “Si les llenó de asombro su poder y su energía, aprendan de ahí cuánto más poderoso es quien los formó. Pues por la grandeza y la hermosura de las criaturas, se descubre, por analogía, a su Creador”. (Sabiduría 13- 2,9)

 

Para llegar hasta el Pueblo de Quesada hay dos rutas fundamentales. Desde el lado norte por la carretera de la  Loma, Bailén Albacete y entre  Úbeda y Villacarrillo desviación para Cazorla por la carretera  A -315,  Torreperogil - Baza.  Y desde el lado sur por la misma carretera, Pozo Alcón, Santuario de Tíscar, Puerto de Tíscar, Quesada. También se accede por la carretera A-322 Estación de Jódar Quesada y desde el mismo pueblo de Cazorla por esta A-322.
 
    A unos kilómetros saliendo de Pozo Alcón para Tíscar la carretera se divide. Por la izquierda sigue el nuevo trazado que es la A-315 Baza, Pozo Alcón, Hinojares, Huesa, Quesada, Peal de Becerro y Torreperogil y por la derecha queda el viejo trazado de la C-323 que es la carretera que lleva al Santuario de Tíscar, Puerto de Tíscar y Quesada.  Por aquí el recorrido es mucho más corto y aunque la carretera tiene muchas curvas su firme es muy bueno y los paisajes de una gran belleza. Es carretera de montaña y por eso atraviesa el Puerto de Tíscar.

 

Desde Granada las distancias son como sigue:
Granada, autovía Murcia desviación 
embalse Negratín     85    Km.
Granada,  Pantano del Negratín                                         95   
Km.
Granada,  Pozo Alcón                                                       
  115  Km.
Granada, Santuario de Tíscar                                          
  135  Km.
Desde Pozo Alcón Quesada por el Puerto de Tíscar          32   
K
m.

Por el lado norte, Torreperogil – Baza las distancias son:
Torreperogil - Peal de Becerro                                               30  Km.

Peal de Becerro a Quesada                                         12  Km.

Desde Quesada a Cazorla                                           17  Km.

A Huesa                                                                        14  Km.
 

Desviación Barranco de la Canal Nacimiento del Guadalquivir

A Quesada                                                                            21  Km.

Al nacimiento del Guadalquivir                                              26  Km.

Al Chorro por pista forestal                                                   38  Km.     
Cazorla por pista forestal                                                      62  K
m.
 

 

 

 

Queda este pueblo situado en los límites del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas por el lado del poniente. Se asienta junto a las aguas del río Extremera y en el primer valle de la cuenca alta de este río.  Queda coronado al sur por el gran macizo de la

 Cuerda del Rayal esponja natural paraaguas de lluvia y nieves. Al norte de este gran macizo es donde nace el río Extremera, por el lado sur nace el ríoTíscar y al levante nace nuestro hermosísimo y legendario río Guadalquivir.  Justo al final de la Cañada de las Fuentes y por eso el nacimiento real de este histórico río queda dentro del término de Quesada.  Por el lado del poniente el pueblo de Quesada queda coronada por la cumbre del Caballo del Quesada y por el lado norte es por donde se va abriendo el gran valle del río que después de regarla se aleja en busca del Guadalquivir. Quesada es uno de los pueblos más bellos del Parque Natural por la variedad de sus paisajes,  olivos, escarpadas montañas y preciosos valles, por la abundancia de limpios manantiales y por la especial orografía de su asentamiento y de su entorno.

 

    Quesada, dos pinceladas de su  historia.    
   En el trazado urbano de algunas calles por la zona más antigua del pueblo se puede apreciar la pervivencia islámica. Son calles no aptas para la circulación de coches ni para la convivencia fuera de las casas.  Esto queda patente en las calles más cercanas a la antigua fortaleza, donde  se levanta la iglesia principal.  La intimidad y el recogimiento era el elemento principal en la construcción de aquellas épocas. Desde el mirador que hay por detrás de la iglesia se puede aprecia con mucho detalle esta realidad.  

 

                Las fechas más importantes de la historia de Quesada son como sigue: En el 711 entrada de los musulmanes en la Península. 896 se realiza la expedición de Tudmir. En 1147 Alfonso VII conquista Quesada y después la conquista Ibn Hamusk. En 1157 Los cristianos pierden Quesada. Por 1171 los almohades ocupan Quesada. En 1224  Fernando III conquista Quesada.  En 1295 el rey de Granada se apodera de Quesada.  En 1310 Quesada pasa a manos de Castilla. En el año 1319 el infante D. Pedro  de Castilla conquista los castillos de Tíscar, Huesa y Belerda.  Por 1331 Quesada pasa a manos de Úbeda.  En el año 1350 Yusuf I ataca Quesada. Por el año 1406 nuevo ataque musulmán. Ya en el año 1469 último ataque musulmán a Quesada.

 

Por  algunas cuevas cercanas a Quesada se conservan restos de los que podrían ser los primeros pobladores de estas tierras. Entre estos hallazgos están  algunas muestras de arte rupestre encontradas en la Cueva del Encajero, Cueva de la Hiedra y abrigo de Manuel Vallejo.  De la presencia de los romanos por estos rincones da muestra la Villa romana de Bruñel  a pocos kilómetros de Quesada y antes del pueblo de Cazorla, aguas abajo del arroyo de Bruñel. Sobre la colina están los restos de una importante villa romana donde se puede apreciar cómo se desarrollaba la vida dentro de un significativo núcleo romano.  Ahí se conservan mosaicos como el de la diosa Thetis. Parece que el origen de Quesada es visigodo. De esa época no quedan muchos restos pero los dos capiteles con labores naturalistas, una columna labrada con varios motivos y una estela discoidea que representa una cruz de brazos iguales dan testimonio de aquella civilización. 

 

Por la aldea de Belerda quedan los restos de un  Castillo. Se conserva parte de sus muros en la ladera del Cerro del Caballo, en su vertiente sur, justo encima de la actual aldea. Restos de otro viejo castillo llamado de los Rosales se  encuentran por  la falda del Cerro del Caballo en su vertiente oeste, por encima de la actual aldea de los Rosales y bajo la cueva de las Palomas, en la cual según cuenta la leyenda, eran arrojados y despeñados los condenados a muerte. De él sólo se conservan algunos muros, un pequeño torreón encima de una escarpada roca y su gran aljibe.

 

       El periodo más significativo  de la historia de este pueblo se da en la época musulmana. A ellos se les debe el nombre de la ciudad.  Deriva de las palabras “Casa” que se refiere a   lugar y “Chayda” que quiere decir fértil. Tierras fértiles y en realidad lo son por la abundancia de agua y el buen terreno junto a los ríos y arroyos.  Entre otros restos romanos los más importantes son varios trozos de muralla, objetos de cerámica, una estampilla de barro cocido que tiene decoración vegetal y el alicatado nazarí del camerín y sacristía del Santuario de Tíscar.

 

A lo largo de muchos siglos Quesada fue un lugar muy estratégico y fronterizo.  Varias veces pasó de manos árabes a cristianas y lo contrario. Aquí estuvo la sede del Adelantamiento con el Arzobispo Jiménez Rada y vivió y se dio también la conquista del Santuario y castillo de Tíscar en 1319 por el Infante Don Pedro de Castilla tío de Alfonso XI.  Algunos restos de esta época son el singular torreón de Don Enrique en lo más alto del Puerto de Tíscar y que data del 1240  y  la torre de homenaje del  castillo que en Tíscar se asienta sobre la grandiosa Peña Negra. Esta fortaleza es del siglo XIV y en ella se dieron muchas batallas en la reconquista hacia Granada.

 

Quesada se encuentra enclavada en la provincia de Jaén. Este pueblo tiene una extensión de 328 Km2. La distancia de la capital de Jaén es 100 kilómetros. Su altura sobre el nivel del mar  llega a 676 metros. Nacen en su término los ríos Guadalquivir, Extremera, Béjar y Vadillo o Tíscar y la Canal y por el sur bañas y va limitando sus tierras el Guadiana menor.  La población  está formada por 6.033 habitantes de los cuales 2995  son varones  y 3.094 mujeres.  El 25% son menores de 20 años y el 19%  mayores de 65 años.  Hay tres centros de enseñanza básica, uno de secundaria, un centro de educación de adultos, dos consultorios y una biblioteca pública. La superficie de cultivos herbáceos es de 1215 Has. y la dedicada a cultivos leñosos llega a 9963 Has. El principal cultivo de regadío es el olivar de aceituna de aceite con 2452 Has. llegando alcanzar las  4983 Has. de secano también olivar de aceituna de aceite. Y las principales actividades empresariales son el comercio, reparación de vehículos de motor, motocicletas y ciclomotores, artículos personales y de uso doméstico. Y también la construcción, la hostelería, la Industria química y la intermediación financiera.

 

Fiestas en Quesada y Tíscar.    Creo que es oportuno que ponga aquí los días en que se   celebran  fiestas tanto en este rincón de Tíscar como en el pueblo de Quesada en honor de la Virgen de Tíscar.   El primer  sábado de mayo es cuando traen a la  Virgen desde el Santuario de  Tíscar al pueblo de Quesada.  15 de agosto Fiesta de la Virgen de Tíscar.  Del 23 al 28 de agosto Feria y Fiestas de Quesada.  Primer  domingo de septiembre  en el Santuario de Tíscar Fiesta de Tíscar 26 de Diciembre  en Belerda Fiestas de los Cargos, de la Pascua o del Dios Chico. La Virgen permanece en su Santuario de Tíscar desde el 29 de Agosto hasta el primer Sábado de Mayo.  El día 16  de enero se celebran las fiestas de las migas y lumbres de San Antón y el Domingo de Resurrección fiesta del Santo o del Hornazo.

 

   Sitios interesantes.    IR AL ÍNDICE

            El Museo de Rafael Zabaleta en el  mismo pueblo de Quesada.  En este lugar  se conserva casi toda la colección de la obra del pintor. El museo tiene seis salas y en ellas hay más de 112 óleos, 11 acuarelas, casi 500 dibujos y algunos recuerdos familiares. “Su particular expresionismo, estilizado y rústico, llegó a ser uno de los mayores exponentes de un arte español renovado  después de la guerra civil y la posguerra”.

 

Fechas claves en la vida del famoso pintor Rafael Zabaleta. Nació el 6-11-1907.  Finalizó estudios en la Escuela de Bellas artes de San Fernando  en  1931. Viajó a París en 1935.  Estuvo en la cárcel de Jaén y se trasladó a Madrid en el 1940. Su primera exposición fue el 23-11-1942 y en 1949 conoció a Picasso en Paris.  Fue nombrado hijo adoptivo de Quesada en 1951.  Desde esta fecha hasta 1960 realizó muchas exposiciones y el 11-2-1960 en Almería sufre un ataque al corazón. Por ese mismo año se comienza la construcción del mueso de Quesada, participa en la XXX Bienal de Venecia y el 24-6-1960 muere en Quesada a causa de una hemorragia cerebral. 

 

Por el casco antiguo de Quesada   IR AL ÍNDICE

        Viniendo desde la Loma de Úbeda, nada más entrar al pueblo nos queda por la izquierda. La blanca iglesia de la Concepción nos puede dar paso casa abajo. Ya por aquí las callejuelas son estrechas, sin posibilidad ninguna para que pasen los coches y las casas aparecen adornadas con toda clase de macetas.   En cuanto bajamos un poco por la izquierda nos encontramos con el Arcos de los Santos.  Es del siglo XIV, con puerta ojivada abierta en la antigua muralla.  Este arco fue la entrada principal al recinto amurallado. En la jamba derecha se encuentra una estela Funeraria Romana en la que se puede leer la inscripción: "A Caia Rufina, sacerdotisa, su hijo Caio Rufino puso este epitafio. Murió a los 21 años, aquí esta enterrada séate la tierra ligera”.

 

En la “Novela de Tíscar”  cuyo título original es “Don Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar”, que fue escrita por un célebre quesadeño llamado don Ángel Alcalá y Menezo y que se  publicó por primera vez en Madrid en el año 1884 se menciona el Arco de lo Santos como una de las siete puertas que cerraban y abrían las murallas del pueblo de Quesada por el año 1318. Don Pedro Díaz de Toledo, que había sido alcalde del pueblo y era amigo del  entonces alcalde de Quesada don Alfonso de la Peñuela, en esta puerta  de los Santos libró una recia batalla con un grupo de moros. Venció y apresó  a Mahomad Andón que era el jefe del grupo de moros dueños del castillo y Santuario de Tíscar.  Don Alfonso de la Peñuela era padre de doña Leonor mujer por la que en la conquista del Castillo y  Santuario de Tíscar lucharía el protagonista de la novela don Pedro Hidalgo. Gracia a su valiente hazaña se ganó el Castillo, el Santuario y toda la plaza fuerte que los moros tenían en Tíscar quedó en manos de los cristianos.

 

En esto días el bonito rincón del Arco de los Santos está perfectamente cuidado, adornado el arco  con telas, flores y alguna imagen sagrada. Si entramos por él enseguida nos encontramos en una calle de trazado antiguo.  Muy estrecha, con el pavimento empedrado y las casas a un lado y otro decoradas con macetas.  En cuento subimos un poco giramos para la izquierda y entramos a la más bonita de todas las calles en este pueblo de Quesada.  Es la conocida calle de Dentro.

 

                Su trazado sigue siendo estrecho,  con el mismo pavimento y la decoración en las puertas, ventanas y balcones va creciendo. Las macetas decoran hermosamente y el silencio y la paz se casi se puede cortar.  Según remontamos por la izquierda nos sorprende una casa mucho más grande y con más lujo. Pregunté y me dijeron:

- Esa casa toda la vida de Dios ha sido la Casa del Prior. Hay vivía el sacristán con todos sus hijos y muchos vecinos que eran recogidos.

- ¿Y qué pasó?

- Lo vendió eso y ahora son casas particulares.  Mitad de esta casa da a la calle de las Posá, que en las de atrás y la otra mitad da a esta calle.

- ¿Y lo de Isabel la Católica?

- En esa misma casa del rincón durmió ella.  Como ves ahora tiene una puerta de hierro moderna, pero antes tenía una puerta de madera dividida en dos y con los clavos dorados.  Fue una pena que no la conservaran.

 

                - ¿Y los Arcos?

- Aquí abajo queda el del Señor y ahí mismo está el de la Virgen. El conocido por el Arco de la Manquita de Utrera.  Estas eran las dos puertas que tenían las murallas del pueblo.  Cuando llegaba la noche las cerraban y todo el pueblo quedaba dentro.   Desde esa casa que se ve ahí sale una cueva que da al campo. En una cuesta que hay por el río ahí da la galería subterránea que sale desde aquí mismo.  Esta es la más grande, pero hay más.  Un día aquí mismo se abrió un boquete en el suelo y se tragó a un mulo que estaba amarrado a esa ventana.  Eso lo vi yo con mis propios ojos.  Se hizo aquí un pozo como un demonio de grande.  A esta calle el otro año el Ayuntamiento le dio un premio por se la calle más bonita del pueblo. 

 

Y la calle remata con muchas flores justo en la carretera que va saliendo del pueblo para Peal de Becerro. Por el lado debajo de la Iglesia parroquial se ven muchos trozos  de Murallas y torreones, por lo general mal conservadas. Sobre todo por  las calles del El Cinto, Alcázar, Alcaldía, Paseo de Santa María, Mirador de Camilo José Cela y Plaza de la Lonja.

 

   Arco de la Manquita de Utrera   IR AL ÍNDICE

            Un poco más arriba del Arco de los Santos queda perfectamente decorado y embellecido por la imagen de la Virgen, macetas y las blancas paredes de las casas que le rodean. El  Arco de la Manquita de Utrera es origen es visigodo. Se le conoce con este nombre por la imagen de la Virgen de Consolación de Utrera.  En el panel informativo se puede leer lo siguiente: “Durante la Edad media Quesada fue una plaza fuete vinculada al reino árabe de Granada y uno de los núcleos de la encarnizadas luchas fronterizas de las que fueron testigo estas sierras del Alto Guadalquivir. Sus fortificaciones fueron arrasadas en numerosas ocasiones por las huestes cristianas hasta conseguir su definitiva conquista. De estos lejanos tiempos quedan restos que son muestras de un duro pasado. 

               

                Este Arco de la Manquita de Utrera es una de las puertas de acceso que se conserva de la que fue la fortaleza de Quesada. Se llamó Arco del Mesón antes de recibir su nombre actual. En él se han colocado modillones procedentes de la Iglesia visigoda de Santa María. Esta puerta enlaza con las bellas calles del Cinto, Alcaida, las Posadas, la Casa sin Puerta y el Arco de los Santos”.

 

                Es muy hermoso este Arco de la Manquita y entrar por él para recorrer las estrechas calles del que fuera pueblo árabe produce cierta emoción.  Está muy bien cuidado todo el recinto y también creo que fue un acierto poner aquí los dos trozos de piedra que en forma de losas con dibujos decorativos y estelas visigodas fueron halladas en el Paseo de Santa María. Lamento que en el mismo rincón exista un comercio que muestra su rótulo y demás.  Desmerece y quita belleza a tan bonita estampa.

 

             Iglesia del Hospital    IR AL ÍNDICE

            Se encuentra justo al lado izquierdo de la carretera que llega desde Peal de Becerro y cuando todavía no se ha entrado mucho en el núcleo urbano.  Por fuera está blanqueada y queda coronada por una sencilla torre. En su puerta han puesto  una información que dice: “Durante el barroco, la obra más notable acometida en Quesada fue la iglesia del Hospital de la Purísima Concepción, con una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón a la que, posteriormente, se le añadió otra nave.

 

                Su portada principal costa de un doble arco de medio punto de ladrillos con pilares dóricos -toscanas y entablamento con ventanal. En el segundo tercio del siglo XVIII se construyó un artístico retablo para su altar mayor, adapta el testero semicircular y prologado por un camarín.  En él se pueden destacar los perfiles mixtilíneos de la cornisa y hornacina, la utilización del estuco en lugar de la madera y la profusión del decorado: cabeza de ángeles, máscara con hojas en las columnas, estípites, espejos yesería en el intradós de la bóveda que nos evocan lacerías árabes”.        

 

            La Iglesia de San Pedro y San Pablo    IR AL ÍNDICE

            Al salir de la calle Dentro se gira para la derecha, se remonta una cuestacilla y se llega a la plaza donde se levanta esta iglesia.  En todo lo alto del cerro donde estuvo construido el antiguo pueblo de Quesada. A la derecha según se llega queda un gran mirador desde donde se divisa una amplia panorámica hacia el valle de los olivos y las sierras que coronan.  En un panel informativo se puede leer lo siguiente: “Construida en el siglo XVI sobre restos de una antigua mezquita su planta es de cruz latina con tres naves,  de mayores proporciones la central que comunica con las laterales mediante arcos y pilastras toscazas y se cubre con bóveda de lutenos con óculo.  La bóveda del crucero es ovalada y va decorada con motivos neoclásicos. Un entablamento recorre el interior. La capilla ubicada bajo la torre los conserva los terceletes góticos.  El coro situado en alza está sostenido por grandes zapatas.  El exterior está muy reformado pero conserva la antigua puerta adintelada de ladrillos y base de cantería”.     

 

                Dando un paseo por el amplio espacio sobre lo más alto de este cerro se puede gozar de la gran belleza que ofrece el pueblo recostado sobre la ladera y la vega del río.  Desde aquí se observa con mucha precisión todas las amplias hondonadas que vienen cayendo desde las cumbres de la Cuerda del Rayal, los olivares que tapizan las tierras y los blancos cortijos salpicados por entre estos olivos.

               

La antigua Villa romana de Bruñel.    IR AL ÍNDICE

El nombre de Bruñel viene de la palabra latina  “balneum” que quiere decir baño.  Con la evolución de mozárabe vino a la palabra “Bruñel”, que significo balneario. Esta villa es, por el momento, el yacimiento romano más importante de la provincia de Jaén. Alberga gran cantidad de mosaicos que datan del siglo III junto con una basílica del siglo IV. Los hallazgos supusieron un interesante avance para conocer la historia de la presencia romana en Jaén, porque se pudo averiguar cómo eran las casas particulares de los patricios de la villa y cómo se disponía el santuario. El yacimiento  fue descubierto en 1965.  

 

                Este antiguo asentamiento romano se encuentra enclavado entre olivares junto a las aguas del arroyo Bruñel que es el que baja desde las cumbres del Gilillo y cae por el paraje del El Chorro.  Queda a la izquierda de la carretera que desde Quesada lleva a Cazorla a siete kilómetros de Quesada. De la mencionada carretera se aparta un carril de tierra y descendiendo por él se llega  lo más alto de un montículo.  Es aquí donde está el asentamiento.  En la actualidad por el lugar solo se puede ver un terreno baldío protegido por una valla metálica y por donde la Administración ha puesto algunos paneles informativos.  Exteriormente nada hay que pueda indicar que en este sitio se encuentra tal yacimiento arqueológico.  Solo la valla de alambre cerrada con una puerta que a se vez sella un candado. En el panel informativo que la Junta de Andalucía clavó sobre el terreno se puede leer lo siguiente:

 

                “La villa se concibió como una casa residencial frente a la sierra, dominando un bello paraje serrano.  A pesar de su carácter residencial no estuvo desligada de la posesión y explotación de la tierra, como lo atestiguan los instrumentos encontrados,  entre ellos pequeñas hoces, cizallas, herramientas a modo de tijeras, cencerros, molinos de mano. También se recogieron varios quinarios de bronce, monedas de Constancio II, emperador  de Roma entre 337 a 361 d. C.

 

                En la actualidad se conserva  parte de los parámetros y sobre todo destacan en el pavimento los bellos mosaicos que son una muestra de arte  y belleza singulares. Los mosaicos del conjunto norte son todos policromos, siglo III  y IV antes de Cristo. Así mismo el atrio del ángulo noroccidental  estaba recubierto en un pavimento de cintas entorchadas en forma de estera de tres colores,  con círculos que se cortan formando una alfombra de flores. Las habitaciones del este del pristilo tienen elementos geométricos con recuadros de figuras. Una de ellas una cabeza femenina que puede interpretarse como una adivina agrícola de la diosa de Tetis. En otra habitación nos encontramos toda una serie de octógonos  con figuras femeninas, animales y flores. 

 

                Las habitaciones al este del peristilo tienen elementos geométricos con recuadros de figuras, una de ellas, una cabeza femenina que puede interpretarse como una divinidad agrícola o la dios de Tetis;  y en otra habitación nos encontramos toda una seria de octógonos con figuras femeninas, animales (anades), flores… 

 

                La excepcional riqueza y magnitud de Bruñel hace que sea un modelo único entre las casas rurales de  época romana.  Originariamente en la Villa romana de Bruñel  tuvo que existir una construcción bastante modesta de la que apenas se conservan restos y que se reformó en el siglo II después de Cristo para construir un extenso complejo, de gran riqueza. Se diseñó un edificio de tipo urbano articulado alrededor de un gran patio central en torno al cual se distribuyen las estancias en su mayoría con mosaicos y con paredes estucadas.  A esta fase sucede otra de mayor complejidad si cabe. Para ello se arrasó gran parte de la casa anterior para superponerle otra casa con patio central  porticado con un gran aula doble absidada, al norte y otra ala con patio central al este.  Esta complejidad constructiva ha hecho pensar a algunos historiadores que puede tratarse de restos de una basílica paleocristiana.

 

                Aunque aun existe gran riqueza decorativa en esta fase centrada en el siglo IV y después en el V después de Cristo, demuestra ya una gran ruralización de la vida en la villa a pesar de mantenerse una gran acumulación de riqueza.  Su abandonó definitivo pudo producirse paulatinamente a lo largo de los siglos VI y VII después de Cristo, aunque desde el mediado del siglo VI la villa está casi en ruinas”.  Al final de este texto escrito sobre el panel informativo que ya he dicho aparecen dos teléfonos por si las personas que vienen por aquí quieren saber más . “Telefono:   mañana 953 733025.  Tarde  689 653905”.

               

Parece que esta villa fue destruida por el fuego,  sobre el siglo VIII.  Algunos de los restos más importantes descubiertos son:  monedas de bronce de los emperadores Trajano, Graciano, Antonino Pío, Constancia II y una iberorromana con la esfinge del dios Jano, y algunos objetos de bronce. Un busto, al de un rico patricio que  se guarda en el museo arqueológico de Madrid. En cerámica: Lucernas; platos, copas, vasos, y otros objetos en sigillata rojiza; Ladrillos y tégulas utilizados en la construcción del edificio. Mosaicos, hechos con teselas de diversos colores, destacando los dedicados a la diosa Thetis y a los que habitaban en la villa. Para quién desee más información sobre el tema le remito a los Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada. El número 10, que se publicó en el 1985 por don Manuel Soto Muro, autor de las excavaciones en este asentamiento, está dedicado íntegramente a la Villa Roma de Bruñel. Se puede consultar en interné. 

 

                El Castillo de la Majuela   IR AL ÍNDICE

               A este castillo se le conocía en la antigüedad con el nombre de Mijhailh. Subiendo por la carretera y pista forestal de tierra  que desde Quesada   lleva al Chorro, al nacimiento del Guadalquivir y a Cazorla, por la derecha nos quedan las ruinas de este viejo castillo. Al dejar atrás y al comienzo del barranco por donde va ascendiendo la pista, por la derecha y sobre un montículo es donde estuvo construido este castillo. En el lugar hoy ya solo quedan algunos trozos de pared y poco más siendo difícil dar con el lugar exacto si no se conoce bien el terreno.  Pero por el paraje han el nombre se conserva y fue rescatado en el mapa que  de este Parque Natural publicó la Editorial Alpina.  Aparecen las ruinas del castillo y el nombre de “Majuela, en un cerro y en un cortijo. El primer cortijo que por la izquierda junto a la pista nos encontramos al comenzar la subida del barranco.

 

                Desde donde estuvo construido este castillo se ofrecen unas preciosas y amplias panorámicas tanto sobre el pueblo de Quesada como del valle por donde llega y se aleja el río Extremera como de la cumbre del Caballo de Quesada y del Puerto de Tíscar.  En los días claros desde este monte se divisa con toda claridad la gran Loma de Úbeda, los olivares que la tapizan y los pueblos blancos que la van coronando.  Merece la pena la subida y recorrido por este monte donde estuvo el Castillo de la Majuela aunque solo fuera para gozar de esta perfecta panorámica. 

 

                El Puerto de Tíscar    IR AL ÍNDICE

             Geográficamente este puerto es el paso natural desde la Loma de Úbeda y el gran valle del Guadalquivir hacia las llanuras de Baza y la provincia de Granada en general.  Justo donde se sitúa el puerto se dan las divisorias de las aguas que corren para el río Extremera y Guadalquivir hacia el lado norte y las que corren por el arroyo Vadillo y río Tíscar hacia el lado sur y al río Guadiana Menor. Se abre este puerto a 1183  metros de altura y lo atraviesa la carretera C-323 que va desde Peal de Becerro y Quesada hasta Pozo Alcón y Baza. Es la carretera que da acceso al hermoso y arriscado Santuario de Tíscar y Cueva del Agua,  tanto desde el lado sur como desde el lado norte. Parece que en otros tiempos el Puerto de Tíscar era conocido con el nombre de “Ausín”. Angel Alcalá y Menezo en su novela sobre el Castillo de Tíscar dice: “El encubierto, que esperaba al escudero en un sitio convenido en los altos picachos de la cordillera de montañas que corre desde el puerto Ausín hasta Belerda…” Según se corona desde el pueblo de Quesada al llegar al puerto por la derecha nos queda el rincón conocido por las Carboneras. Una antigua casa forestal por donde nace un cristalino manantial y el monte también llamado de las Carboneras. Por aquí hay ahora algunas casas rurales para turistas. Por este lado y más cerca de la carretera han construido una gran piscina artificial donde recogen  aguas para regar las tierras por la vertiente del Santuario. Junto a la carretera corre una cristalina fuente y están los paneles que informan del Parque Natural y del Torreón de don Enrique.  Por el lado izquierdo queda unos cerros poblados de carrascas, unas tierras llanas y coronando las grandiosas cumbres del Rayal. Por todas estas tierras del puerto casi siempre hay rebaños de ovejas pastando.  Son los pastores que viven por Tíscar, Don Pedro y Belerda. Desde tiempos muy lejanos todas estas tierras han sido lugares de pastores.             

 

       El Torreón de Don Enrique en el Puerto de Tíscar.   IR AL ÍNDICE  

                Subiendo desde el pueblo de Quesada para el Santuario de Tíscar justo al coronar el puerto con este mismo nombre a la izquierda nos queda este torreón. Sobre las rocas de lo más alto de un pequeño cerro en el mismo centro del puerto.   Desde la misma carretera se aparta un corto carril de tierra que remonta levemente y en unos metros se abre un rellano.  Hasta este punto llegan los coches y desde aquí al torreón se asciende por una vereda sin ninguna dificultad.  La torre en forma circular y perfectamente restaurada tiene una entrada por el lado del barranco de Tíscar. No está esta entrada al ras del suelo sino a unos dos metros alzada y en el mismo centro de la torre. Hasta ella se asciende por una escalera metálica que le pusieron y ya dentro se sigue ascendiendo por la misma escalera que en forma de caracol remonta por el interior de la torre. En los últimos metros existe una escalera con seis peldaños que se eleva por un hueco estrecho y al salir ya está la plataforma de la torre.

 

                Esta plataforma es como una terraza sin barandas desde donde se puede otear la amplitud  de los horizontes.  En los días claros se divisa toda la Loma de Úbeda, los olivares que la tapizan y los pueblos que la salpican.  Se domina perfectamente el pueblo de Quesada con su amplio valle también repleto de olivares clavados en las tierras blancas.  Para la derecha se domina toda la cuerda del Gilillo,  Puerto Lorente, la robusta cuerda del Rayal con la corona de este gran pico y más para la derecha se domina el profundo valle por donde en su centro se levanta el suntuario de Tíscar a los pies del viejo castillo y Peña Negra.  Al fondo queda la gran llanura de Baza limitada por Sierra Nevada y más para la derecha nos saluda la bella figura del Caballo de las Carboneras.  El puerto por donde remonta la carretera queda casi a nuestros pies.

 

                En el mismo puerto de Tíscar la Junta de Andalucía puso un panel junto a la carretera donde se puede leer la siguiente información: “Torreón de don Enrique. Otro de los vestigios, junto al castillo del Tíscar, que prueba la importancia estratégica que tuvo Quesada en la Edad Media, período de la reconquista en la frontera del reino nazarí de Granada.  Esta atalaya, torreón vigía, ubicada en el Puerto de Tíscar, con una altitud de 1183 m., domina una amplia franja de sierra y campiña. Hoy nos ofrece una bellísima panorámica de estas altas serranías franqueado por las cumbres del Rayal, 1835 m. y el Caballo,  1460  me. Hermosa estampa, al Sur, de Tíscar, la llanura de Pozo Alcón y el Parque Nacional de Sierra Nevada,  al norte los valles de los ríos Extremera, Béjar, Majuela y los pueblos de la Loma, Úbeda, Baeza, Torreperojil, Villacarrillo  e Iznatoraf, en  lontananza entre un paisaje de olivares centenarios.

 

                La Atalaya del Infante don Enrique recientemente restaurada, es una torre cilíndrica del siglo XIV de mampostería regular y sillarejo, cuerpo inferior macizo, puerta de entrada en alto, aposentos en un cuerpo superior cubiertos con bóveda de media naranja y tramo último desmochado.  Obra de estilo gótico cuya misión era vigilar el movimiento de tropas en el camino del reino Nazarí de Granada.  Fue manada erigir por el Infante don Enrique, hijo de Fernando III  el Santo y hermano de Alfonso X  el Sabio”.         

 

       El Castillo de Peña Negra en Tíscar.    IR AL ÍNDICE

                El Nombre de “Peña Negra”  está centrado en la gran peña que por el lado del levante corona al Santuario de Tíscar.  El Cerro de Don Pedro  se eleva aun mucho más y no es tan escarpado como la propia Peña Negra. El Cerro de Don Pedro alcanza los 1611 metros y queda rodeado por Carasol de la Chaparra, la Cuerda de la Calera y Peña Negra por el Lado del Santuario.  Esta peña en su punto más elevado alcanza los 1185 y 1229  metros de altura.  En realidad Peña Negra  no es nada más que la parte más elevada de una muralla natural de rocas  que por el lado norte del Cerro don Pedro arranca y al llegar al tajo que el río fue abriendo por aquí esta muralla queda cortada casi en vertical. En esta inclinación, entre el río y lo más alto de la peña, fue donde construyeron el castillo.  Sobre los cimientos  de  una arriscada   fortaleza prerromana los árabes construyeron un fortificado castillo para vigilar el paso e impedir que las tropas cristianas avanzaran hacia las llanuras de Baza y Vega de Granada.

 

                Según la historia a lo más alto de esta Peña Negra  el escudero Pedro Hidalgo, que era el más pequeño del cuerpo del ejército que comandaba el Infante Don Pedro de Castilla, hijo del Rey Sancho IV, subió una noche  y allí mató a los diez moros que defendían tanto a la peña como al castillo. Como la peña domina al castillo y al Santuario desde ella atacó a los moros que se fortificaban en el castillo.  Con el ejemplo de tan valeroso luchador Don Pedro animó a su tropa  y de este modo se conquistó el que por entonces era santuario de la Virgen y luego el castillo cuyos restos aun hoy se elevan clavados en el filo de las rocas de Peña Negra. En recompensa a este valiente luchador don Alfonso de la Peñuela, alcalde de Quesada por aquellas fechas, le concedió la mano de su hija Leonor y le dio el sobre nombre de “Diez” por los diez moros que había matado encima de Peña Negra.  Mahomad Andón jefe de las tropas moras que defendían el recinto no fue capturado ni se rindió sino que él mismo se arrojó al vacío desde lo más alto de las rocas.  

 

                Fue conquistado este castillo el 26 de mayo del año 1319 día de la Anunciación de  Nuestra Señora. En otros escritos aparece la fecha del 25 de marzo. Después de la reconquista don Pedro de Castilla mandó construir una torre para dejar perpetuo recuerdo de su memoria y  de los hechos.  Esta torre aun hoy se mantiene erguida  sobre el farallón rocoso y debe ser del siglo XIV. Es la conocida Torre del Homenaje.  Hoy en día la toponimia por el lugar recoge los nombres de los personajes que conquistaron estas tierras. Los dos puntos y rincones más significativos son la aldea de Don Pedro por donde hoy se reparten y elevan un bonito puñado de blancas casas y el Cerro Don Pedro que corona tanto a esta aldea como a los restos del castillo y al Santuario de la Virgen de Tíscar.  La aldea de Don Pedro fue fundada por don Pedro de Castilla donde residió durante algún tiempo después de conquistar el Castillo de Tíscar y expulsar a los moros hacia Baza.

 

                Nota del autor: Existe un hermoso libro que fue escrito por un Quesadeño. Es una novela histórica donde se relata muy detalladamente cómo fueron los hechos en aquellas etapas de la reconquista por este rincón de Tíscar. Particularmente son bonitas las páginas de la conquista del Castillo de Peña Negra por la cantidad de datos que se aporta y lo duro que fue  la lucha por aquí.  Son bellas las historias de la Virgen de Tíscar y muchos más relatos.  Este libro es una novela pero con una buena base científica. Su título es “Pedro de Hidalgo y el Castillo de Tíscar, novela histórica  original de Angel Alcalá y Menezo” La segunda edición se dio en Sevilla en el 1945. Esta edición es la que yo he usado y que está en la biblioteca de la Facultad de Teología de Granada.

 

El Santuario de la Virgen de Tíscar.  IR AL ÍNDICE
Desde este santuario algunas distancias son:
A Peal de Becerro              25  kilómetros
A Quesada                         13  kilómetros
A Pozo Alcón                     18  kilómetros
Y  a Baza                          
56  kilómetros

Este recinto sagrado se alza entre recias y grandes rocas justo al borde mismo del río Vadillo. Los árabes tuvieron en este rincón un importante enclave  hasta el año 1319 que fue conquistado por el Infante Don Pedro hijo de Sancho IV y por Arzobispo de Toledo  don Gutierre  Gómez.  Es en este Santuario donde se venera la imagen de la Virgen de Tíscar. Queda rodeado este grandioso rincón por las altas cumbres de la Cuerda de la Rayal, el Cerro Don Pedro y la Lancha que es la prolongación natural del Caballo de las Carboneras.  Lo surca el río Vadillo y lo baña la hermosa cascada de la Cueva del Agua.  Todos los parajes que rodean a este singular santuario son de una belleza sin par y única entre la demás sierras  de este Parque Natural.   

 

                En el panel informativo que la Junta de la Andalucía ha situado a la entrada de este recinto se puede leer lo siguiente: “En su inicio el Santuario era de estilo gótico  con elementos mudéjares que a mediados del siglo XX fue definitivamente sustituido por el templo actual. Originariamente debió ser un pequeño santuario levantando tras la reconquista cristiana para recibir romeros en acción de gracias a la Virgen por favorecer la victoria. Aun conserva la gran puerta con arco apuntalado y jambas ornamentales así como restos del alicatado granadino. Consta de una sola nave  en piedra  y tiene la portada y el atrio del S. XIV, una pila bautismal del siglo XVI y una puerta de taracea del siglo XVII. Igualmente cabe destacar una serie de pequeñas imágenes en tarracota de la Virgen y los Evangelios”.

 

 

Un día cuando venga

escondido en la tarde

mudamente quisiera

en tus brazos quedarme.

En tu río purísimo,

en tu cielo diamante,

en tus peñas altísimas,

sin que lo sepa nadie

un día cuando venga

escondido en la tarde

quisiera mudamente

en tus brazos quedarme.
 

En la sierra de Quesada

hay un águila gigante,

verdosa, negra y dorada

siempre las alas abiertas.

Es de piedra y no se casa.

…………………………….

Y allí donde nadie sube

hay una Virgen risueña

con un río azul en brazos.

Es la Virgen de la Sierra.

Antonio Machado. (1875- 1939)

Tíscar, año 1959. XX       aniversario   de la muerte.

           La Cueva del Agua en el río              Vadillo de Tíscar.    IR AL ÍNDICE

  El Cerro de Don Pedro y  el Caballo de las Carboneras forman dos enormes murallas rocosas. La primera baja desde lo más alto de la Cuerda de la Calera  y la segunda desde el mismo puerto de Tíscar.  Entre ambas murallas va quedando el precioso valle que desciende desde el mismo Puerto de Tíscar y la Cañada también con este nombre.  Justo donde se funden las dos agrestes murallas que digo el cauce del arroyo Vadillo fue horadando la roca.  Con el paso de los siglos en este punto se originó un enorme salto o cascada y una amplia cavidad rocosa.  A esta cavidad  horadada por las aguas del cauce a lo largo de los siglos se le conoce con el nombre de Cueva del Agua de Tíscar.  Hay otras cuevas del agua en las sierras de este Parque Natural y fuera de ellas. A la entrada del túnel que da acceso a la gran cueva la Junta de Andalucía puso un panel informativo con el siguiente Texto: “Conocida también como Cueva de la Virgen de Tíscar, porque según la tradición aquí se apareció la Virgen en 1319 al reyezuelo de Tíscar  Mahomad Andón.  Se le conoce así mismo como Gruta de las Maravillas.

 

                Una de las primeras grutas naturales conocida en España, es una interesante formación caliza donde se funde el agua de Tíscar  y la roca del Monte del Caballo.  Las dos sierras se abrazan para dejar bajo sus entrañas el agua que se pierde caprichosamente entre saltos, pilones, cascadas y fuentes para seguir su curso zigzagueante río abajo hasta forma el idílico Pilón Azul camino de la Aldea de Belerda. En ella se celebran, durante los meses de verano conciertos de música clásica por su magnifica acústica.

 

                Según la tradición los moros poseedores del castillo de Tíscar, creyeron que los cristianos luchaban por su conquista para recuperar una imagen de la Virgen María que ellos poseían.  Ante esta creencia y para hacerlos desistir de la lucha la arrojaron desde las almenas hasta la Cueva del Agua que estaba al pie de la fortaleza. Pero la Virgen volvía hacia arriba cuantas veces lo intentaban por lo que Mahomad Andón enfurecido la rompió en mil pedazos con su alfanje.  Cuando los cristianos llegaron al recinto del castillo tanto el Infante como los Arzobispos buscaron la imagen para darle gracias por su protección en la conquista y al no encontrarla le preguntaron a un moro que arrepentido les contó lo sucedido. Ellos buscaron los restos que fueron pegando hasta componerla de nuevo. El Arzobispo de Toledo se la llevó con él pero según la tradición la Virgen volvió a Tíscar”.  

 

Nota: en el texto trascrito encontré varios errores que he corregido. Y creo que es bueno que matice algunos puntos. Según la historia los moros tenían en su poder a la imagen de la Virgen de Tíscar y amenazaban a los cristianos con tirarla a la cerrada cada vez que estos intentaban conquistar el castillo. Los cristianos desistían en su lucha para evitar que la Virgen fuera destrozada al ser arrojada al río hecho que ocurrió cuando por fin las tropas cristianas se apoderaron de la fortaleza.  El monte del Caballo que se nombra en el texto es la prolongación del Caballo de las Carboneras que por donde la Cueva del Agua y las partes altas se le conoce con el nombre de la Lanchilla de la Cueva del Agua.

 

             La flora por la Cueva del Agua y alrededores    IR AL ÍNDICE

            Las rocas calizas son las  más abundantes por el rincón, como en casi toda la gran sierra de este extenso Parque Natural. Por donde la Cueva del Agua la humedad es muy grande y ello hace que la vegetación que por aquí se refugia sea también peculiar. La vegetación que rodea al rincón son pinares de carrascos y buenos rodales de sabina mora con romerales, retamales, algunas cornicabras, zamarillas, tomillos y aulagas. La encina en su estado arbustivo, carrascas, también tiene una presencia muy significativa por este singular rincón de la sierra.  En bastantes trozos de terreno por las laderas y el valle junto al cauce del río Tíscar se cultivan los olivos a veces mezclados con árboles frutales como son la higueras, los granados, cerezos, membrillos, almendros y otras especies.  En las huertas se cultiva la patata, las habas, los tomates, pimientos, habicholillas, ajos, cebollas  y hasta el perejil y la hierba buena. El aceite que sale de los olivos que por estas tierras se cultivan es de una calidad excepcional.

 

                La vegetación rupícola se divide en tres tipos de ecología distintos: la de los paredones secos, la que crece por los paredones húmedos y la que hay por los paredones nitrificados.  Los más destacado por esta zona corresponde al Pinus halepensis, Cistus  clusii, Thymus orospedanus, Juniperus sabina, Rosmarinus officinalis, Halimium atriplicifolium y otras especies.   Algunas de las paredes rocosas que forman la Cueva del Agua están por completo tapizadas  por las ramas de la hiedra y junto a la corriente del agua crece el culantrillo y el musgo.  En la cavidad de esta cueva he podido observar la presencia de vencejos, murciélagos y río abajo por donde se aleja la corriente, en los primeros meses de la primavera, se refugian buenos grupos de ruiseñores. Gozar de su melodioso canto mezclado con el rumor de la corriente y el perfume que por aquí el aire regala es una sensación única y deliciosa.   

 

                 Origen y significado de la palabra “Tíscar”    IR AL ÍNDICE  

                Según don Antonio Torres, Jesuita y profesor de lenguas semíticas en la Universidad de Granada,  parece que el origen de la palabra “Tíscar” es prerromano  lo cual tiene sentido. Según la leyenda y los textos que fueron apareciendo desde los primeros tiempos la imagen de la Virgen de Tíscar fue traída por aquí sobre el año 35, cuando todavía vivía la Virgen María  y por San Isicio.  Si esto es así tiene sentido que el origen de tan bella palabra sea anterior a los Romanos.  “TÍSCAR  podría venir de estos elementos:  t-is-c-ar.    T-: parece que puede ser un elemento díctico o demostrativo, equivalente a nuestro artículo. –Is: creo haber leído que aparece como elemento formador de hidrónimos (nombres de ríos)  - C: no sé  qué valor puede tener. – Ar: es un sufijo que aparece con mucha frecuencia en topónimos, sobre todo en esta zona del surdeste peninsular; Cájar, Nívar, Cádiar… cuando yo estudiaba Filosofía Románica creo recordar que estaba vigente una teoría de Menéndez Pidal que le daba valor pluralizador. Después creo que se le han dado otros valores”. 

 

                Y parece que la palabra “Tíscar” hace referencia a “lugar donde hay agua, donde mana agua, donde corre agua”.  También encajan las cosas porque donde se alza el Santuario que acoge la imagen de la Virgen de Tíscar mana, corre y hay mucha agua. Agua pura y cristalina que brota de las montañas que rodean al lugar. Y por esto se me ocurre a mí que la Virgen de Tíscar también se podría llamar “Virgen del Agua o Virgen de la Cueva del Agua” si es que Tíscar significa lo que ya dije antes. Ciertamente que es hermosísimo el sonido y la palabra “Tíscar” y si es lo que vengo diciendo todavía resulta más hermosa.  También le cuadra a la Virgen de Tíscar que le llamemos Virgen del Agua o Virgen de la Cueva del Agua.  Según la tradición la Cueva del Agua fue el primer santuario de esta hermosa Virgen. Y la Cueva del Agua se abre en la estrechura de la cerrada del arroyo Vadillo que un poco más abajo ya se llama Río Tíscar.  Sólo unos metros por encima de la cueva brota un copioso manantial y cuando el cauce pasa por la cueva se derrama en una fabulosa y sonora cascada.

 

                Diré también que la palabra Tíscar además de ser el nombre de la Virgen que en este santuario se venera yo me la he encontrado en nombres y apellidos de personas, en una cañada cerca de este Santuario, en el río que ya dije antes, en el puerto donde empieza a nacer este río y en algunos otros rincones.  Es como si la Virgen  le hubiera ido regalando su nombre de agua cristalina y pura a las personas que le quieren y a los lugares que rodean a su santuario.   

 

Donde la Cueva del Agua,
Por donde el río cristalino
salta y canta,
mi corazón te busca
en la azul mañana.
Hermosura  de las cumbres
entre las cascadas,
más hoy que nunca
necesita mi alma  
tu beso hondo y puro
que consuela y salva.
 

             Las Aldeas de Don Pedro y Belerda   IR AL ÍNDICE  

            Son las dos aldeas más importantes del  pueblo del Quesada.  A los pies mismos del Santuario se recogen estas dos bonitas poblaciones. Don Pedro queda por debajo de la carretera que va surcando la sierra, derramada o más bien extendida en la buena tierra que va cayendo desde Peña Negra y el Cerro don Pedro. En ese buen puñado de tierra y quizá en las viejas casas que todavía resisten es donde la historia describe que se asentaron las tropas de don Pedro de Castilla cuando combatía para arrebatar el castillo a los árabes. Junto a estas viejas casas fueron levantando otras y por entre ellas fueron sembrando olivares, trazando huertas y para regar las tierras  construyeron acequias.  Desde la misma Cueva del Agua arranca la principal acequia y enseguida empieza a regar parcelas hasta que llega al viejo molino alzado en el mismo centro de las casas que se reparten por la ladera.  Fue un molino de aceite, de harina y además panadería.  Hoy sigue ahí todavía pero muy abandonado.

 

                Desde las casas de esta aldea de Don Pedro una senda se deja caer bravamente por entre huertas, arroyuelos, olivos y otra vegetación y lleva a la segunda localidad: Belerda.  Hacer este recorrido resulta muy placentero por la frescura de los paisajes que va cortando, por la densidad de los verdes que la vegetación regla y por las mil sensaciones que a cada paso se experimenta.  Es más grande esta población que la primera, pero mucho más recogida por debajo de la gran peña y entre el cauce del río.  Para llegar a esta aldea hay que desviarse por la carretera que sale de la principal al pasar el Santuario y la Cueva del Agua.  A solo tres kilómetros nos la encontramos y con toda seguridad que nos gustará. Sus bonitas casas blancas se recogen humildes bajo la peña y miran suplicantes al Santuario que les corona.  Belerda y Don Pedro fueron lugares de mucha importancia en la época de la reconquista hacia los reinos de Granada.

 

                Otras cuevas  y abrigos con interés  IR AL ÍNDICE  

               Son la Cueva del Melgar, la de Clarillo, la Cueva del Encajero ya mencionada en este trabajo y que tiene arte rupestre de estilo naturalista levantino y esquemática.  Cueva del Atroje, cueva del Reloj con arte rupestre de estilo naturalista levantino y esquemática.  Cueva de la Hiedra también mencionada en este trabajo con arte rupestre esquemático,  Cueva de Cabrera con arte rupestre esquemático. Cueva de la Cornisa con yacimiento argárico, enterramientos y abundante material. Abrigos de Vítar, con arte rupestre esquemático, abrigo  de Tíscar y de Manuel Vallejo mencionado en otro apartado de este trabajo. Por las laderas de la cuerda del Rayal también existen otras formaciones rocosas curiosas y dignas de conocer.

 

Rutas por las sierras de Tíscar y Quesada

 

      1-  GRANDES RUTAS     IR AL ÍNDICE

      POR LA SIERRA PROFUNDA - Quesada, Puerto de Tíscar, Santuario de Tíscar,

                                         Barranco de la Canal, Puerto Llano, Pico Cabañas.     

      La distancia

     Desde la salida del pueblo de Quesada hacia el Puerto de Tíscar y hasta el mismo Puerto Llano son exactamente treinta y ocho kilómetros, siguiendo fiel la carretera asfaltada y luego la pista de tierra que corona el puerto mencionado.

 

           Las distancias parciales son:

           Quesada, Puerto de Tíscar:                            8,7    Km.    al Santuario 5 km.

           Al Santuario de Tíscar, Cueva del Agua:      13,2    Km.   

           Desviación hacia Puerto Llano:                     20,7   Km.   a Puerto Llano 16

           Quesada, Puerto Llano:                                 38      Km.

 

           El tiempo

           Directo a Puerto Llano sin paradas ninguna en el santuario, Cueva del Agua, Belerda u otros rincones interesantes, el tiempo necesario para recorrer esta ruta es de hora y cuarto rodando lento para gozar los bellos paisajes. Este tiempo está calculado haciendo la ruta en coche. En caso de hacerla andando puede dar para una jornada más que completa.

 

           El Camino

           Desde Quesada, Puerto de Tíscar, santuario y hasta el cruce con la pista de tierra que sube al Cabañas, es carretera asfaltada con un firme nuevo y de gran calidad. Desde la desviación hasta Puerto Llano, es pista forestal de tierra, bien tallada y ancha, pero con muchas piedras sueltas en su firme y hoyos de las lluvias, el hielo y las nieves. 

 

           El Paisaje     IR AL ÍNDICE

           El primer cuadro emocionante y bello es el mismo pueblo de Quesada. Blanco y recostado en la ladera como si eterno tomara el sol de la tarde, asombra por su sencilla figura escondida entre olivares.

 

           La carretera remonta en unas curvas y nada más ascender, lo que más llama la atención son los olivares que van escoltando a ambos lados. En cada curva, saludan las sierras que al frente, se alzan llenas de majestad y belleza.  A media altura, ya se acaban los olivos y empiezan los pinares y el bosque de encinas y retamas. Las cumbres rocosas de rocas blancas y por donde se abren las cuevas,  coronan por la derecha y dan compañía hasta los mismos paisajes del puerto.

 

           Desde este punto, la visión se abre en todas las direcciones y asombra por la profundidad de sus horizontes cuajados de olivares hacia el norte y repletos de cumbres elevadísimas hacia el levante.  Por el lado sur, se abre el barranco que cae desde el pico Rayal y más a lo lejos, las extensas tierras de las llanuras de Bazas y al fondo total, en los días claros, la figura robusta de Sierra Nevada.

 

           Siguiendo la carretera que en zigzag cae desde el puerto hacia el santuario, sorprenden y llenan de gozo los surcos que el arroyo ha ido horadando y las crestas  rocosas que a un lado y otro se alzan. Según nos hundimos hacia el que realmente es un cañón abierto en la pura roca, el alma se nos irá encogiendo por el espectáculo que la naturaleza nos va presentando.

 

           Unas curvas más y entre las peñas escarpadas y la oscuridad de las hondonadas, se nos presenta el santuario. Al principio dudamos si es fantasía o sueño lo que los ojos ven y pasado un rato, seguimos anonadados ante tanta majestad esculpida en la más viva naturaleza. La vegetación de álamos, árboles frutales, encinas y olivos, nos siguen dando compañía por la derecha principalmente que es donde se nos va quedando el surco del arroyo.  Bajo la gran peña que sujeta al santuario, se abre la Cueva del Agua, sin igual con otras muchas Cuevas del Aguas por las sierras de este parque natural.

 

           Al cruzar el túnel, la panorámica se nos abre hacia los profundos barrancos donde en primer plano se asientan los pueblos de Belerda y más al fondo, quedan los surcos del río Guadiana menor.  Ya la carretera se adapta a la ladera repleta de pinares y en unas curvas muy pronunciadas, remonta y avanzan hacia el pueblo de Pozo Alcón, todavía muy lejos. Remonta un collado, después de algún túnel y sigue en su juego de curvas por los arroyuelos que desde las sierras de Puerto Llano, caen hacia el río Guadiana.

 

           El profundo surco del arroyo de la Canal, los espesos pinares y las escarpadas laderas buscando su descanso hacia los barrancos, siguen llenándonos de asombro al tiempo que prepara el alma para el encuentro de la mágica sierra que unos kilómetros más adelante vamos a encontrar.  Traza por fin una curva más y por la izquierda, se desvía la pista de tierra que lleva hacia las alturas de Puerto Llano.

 

           Muchos pinares que chorrean espesos por todas las laderas, nos acogen y van dando compañía y perfume mientras nos vamos colando en la hondonada del gran arroyo de la Canal.  Por la derecha nos empieza a coronar la cuerda de Peña Flores y el Cerro de Cuenca y como la pista penetra hacia la profunda sierra, por momentos se nos asombra el alma ante las robustas figuras rocosas en lo más alto de las cumbres y los tremendos escalones por los lados.

 

           Nos saludan dos fuentes cristalinas, la de la ponderosa y en la última gran curva, la toma de agua para incendios y el manantial del pequeño arroyuelo que dejamos por la izquierda. Remonta la pista buscando altura hacia Torcal Llano y después de muchos pinares, ya laricios y de los buenos, salimos a la luz de las primeras altas cumbres.

 

           Torcal Llano se nos queda por la izquierda, como aplastado en su eterno y misterioso silencio y al frente se nos alza la bella figura del macizo del Cabañas. Unas curvas más y en cuanto terminamos de atravesar varios arroyuelos, las llanuras de Puerto Llano, siempre mágicas ellas por el silencio que las baña y por el aire fresco que en todas las fechas, las perfuma.

 

           Desde aquí y en todas las direcciones, las panorámicas se nos abren siempre repletas de hondísimos misterios y cargadas de azules intensos si el día está claro. Cuando son días nublados y con nubes altas, la visión asombra aun más. Los impresionantes barrancos a ambos lados y las anchas laderas que las cuerdas rocosas muestran, pasman hasta sentirse uno pequeño en el centro de creación tan rotunda y clara.

 

           En definitiva, aunque sólo fuera para gozar de los paisajes en un vistazo rápido y desde la distancia, merece la pena el recorrido de esta ruta.  Sin que nos demos cuenta, algo bello y limpio se nos despierta en las fibras del espíritu y ello hace que nos sintamos y descubramos en una dimensión que llena de mucho sentido la existencia de nuestras vidas.  Yo sé que es la presencia de Dios, el Creador y escultor supremo que habla y abraza desde su lenguaje limpio.  Así que sólo para agradecer, merece la pena un recorrido por la ruta que traemos entre manos.  

 

¿La sierra? Aroma y horizontes
preñados de silencios
y mundos sin nombres,
arroyuelos en la tarde
que llevan sus trotes
por el alba y la aurora
que sueño en las noches.
La sierra es la sangre
que por mis venas corre
a veces acariciando
y a veces dando coces,
pero la sierra
¿Quién la conoce
y sabe los secretos
de sus ríos y  montes?
 

          Describo la ruta    IR AL ÍNDICE

        Son las cuatro de la tarde del día veinticuatro de julio.  La ruta es Quesada, Puerto de Tíscar, Santuario, Barranco de la Canal, Puerto Llano.  A la salida de Quesada, a esta hora de la tarde y el día como el de hoy el sol cae con toda su fuerza.  Quema de tan fuerte como es y por eso los campos de olivos y las laderas de pinares por el Rayal y Puerto Lorente parecen arder.  Sin embargo es un día  muy bello y quizá el más apropiado para recorrer esta ruta. Cualquier día y época del año es oportuno para hacer una ruta tan bella como esta.  Pero el día de hoy yo creo que es el mejor de todos. Si fuera en el mes de enero o febrero seguro que también sería el mejor día de todos. Cuando se aman los paisajes que se van a recorrer, cuando en el alma arde un amor secreto cada vez que los ojos se recrean en los bosques y las cumbres de las montañas siempre es un buen día para recorrer los caminos que van por la sierra.

 

           Desde el pueblo de Quesada la carretera asciende hacia el lado sur.  Asciende para remontar a lo más alto del Puerto de Tíscar.  La carretera está en muy buen estado. No hace mucho que la asfaltaron. En la primera curva ya se ve al frente, con la majestad de un rey, las cumbres del pico Rayal. Por el centro del collado que este pico forma con el cerro de las Carboneras a la izquierda según voy a ir llegando es por donde remonta la carretera y vuelca para el barranco del río Vadillo y el Santuario de Tíscar.  Las cumbres del Rayal que ya desde esta curva voy viendo al frente se presentan blancas por el color de los cascajales y por la luz del sol que lo está quemando.  Es muy hermosa esta visión.  Aunque solo fuera para gozarla según se asciende por esta carretera como en estos momentos yo ya merece la pena la ruta que empiezo a recorrer.  Por esas laderas del Rayal mi amigo el pastor de Belerda da pastos a sus ovejas.  En el mismo puerto de Tíscar me he pasado muchas tardes charlando con él.   Y digo que mi amigo el pastor de Tíscar me ha contado muchas cosas.  Hermosísimas  y curiosas historias que solo él conoce y yo guardo entre tantos recuerdos emocionantes de las sierras de este Parque Natural.

 

           A unos seiscientos metros según voy saliendo del pueblo de Quesada aparecen los olivares a un lado y otro. Veo el campo de deportes de este pueblo y un restaurante que hay por la derecha justo al lado mismo de la carretera.  A partir de este punto la carretera empieza subir mucho. A un kilómetro ochocientos cincuenta metros me encuentro con el Restaurante Luciano.  La carretera se mete por entre los olivos y en algunos momentos casi tiene que apartarlos para seguir adelante. Por la izquierda me va quedando en hondo y misterioso barranco que es cuna del río Extremera.  Por este barranco ladera norte de la gran cumbre del Rayal es por donde van naciendo todos los arroyuelos que al juntarse den cuerpo al río Extremera.  Los nombres de algunos de estos arroyos son: barranco de la Torre, porque nace justo en el mismo collado del Puerto de Tíscar y a unos metros del Torreón de Don Enrique.  Los nombres por ahí son Los Picones, Carasol de la Torre, Atalaya y Puerto de Tíscar.  El nombre de otro de los arroyos es Barranco del Garbanzal.  Este arroyo tiene su nacimiento justo en las mismas laderas de la cumbre del Rayal, lado norte como ya dije y entre un espeso bosque de bujes.  Muchas veces bebí agua en el claro chorrillo de este nacimiento.  Muchas veces me senté ahí mismo y frente al gran barranco del río Extremera con el blanco pueblo de Quesada entre los me dejé dormir mientras pasaban las horas.  Quizá meditando en mis propios sueños o quizá solo gozando la quietud y belleza de los paisajes.

 

           El nombre de otro de los arroyos de este gran barranco ya se le conoce con el nombre del río Extremera.  Nace por Navilla Baja en el cerro conocido por el Contaero que tiene 1790.  La vista que se ve desde el balcón que ofrece este cerro es la mejor de todas. Creo que desde ningún otro punto hay una panorámica más completa sobre el pueblo de Quesada, los olivares que le rodean, los barrancos que la bordan y las cumbres que la circundan.  Ya he dicho que este pueblo de Quesada es muy hermoso.  Quizá el más hermoso de todo el Parque Natural.  Y ya he dicho y por lo menos quiero decirlo que el mejor balcón que tiene el pueblo de Quesada es la grandiosa cumbre de la cuerda del Rayal. Toda esa cuerda es una atalaya muy original y muy hermosa.  Ningún otro pueblo de este Parque Natural  tiene este privilegio.  Cuando ya vaya por el Puerto de Tíscar iré diciendo algunos de los hombres de los rincones de esta cuerda y las montañas que me vayan quedando cerca.

 

           Según voy remontando por entre los olivares al Rayal me quedan por completo enfrente.  En estos momentos está coronado por un puñado de nubes blancas y limpísimos trozos de cielo azul.  A estas horas de la tarde y en un día como el de hoy no se ve a nadie por aquí.  Ni siquiera un coche me encuentro por la carretera ni tampoco por entre los olivares veo a nadie.  Por el kilómetro uno novecientos me encuentro con muchas zarzas al borde de la carretera.  Ya las zarzas tienen sus moras. Las que crecen en zonas más húmedas todavía están abriendo sus flores, pero las que se encuentran en los rincones más soleados tienen ya las moras un poquito gordas.  Madurarán por el mes de agosto y setiembre.  Son algunos de los frutos silvestres del otoño.   Y a mí me gusta mucho coger buenos puñados de moras en las abundantes zarzas de estas sierras y comérmelos.  Creo que no hay otro fruto silvestre más exquisito.  Cuando las moras están plenamente maduras resultan exquisitas. Y por todos los rincones de las sierras de este Parque Natural hay muchas zarzas.  También  majuelos, escaramujos, madroños,  encinas, robles y otros árboles y arbustos que dan muy buenos y sanos frutos.

 

           Los olivares que va atravesando la carretera son muy buenos.  Salta a la vista lo grandes y hermosos que son los olivos que por estas laderas crecen.  Por eso el aceite que de estos olivos sale es de la mejor calidad.  Todo el aceite de Jaén es de la mejor calidad, pero el que sale de las aceitunas que dan los olivos por las laderas de las sierras del Parque Natural es mejor que ningún otro.  Sin duda que lo es y lo digo porque lo he comido muchas veces.  Por eso repito que los olivos que me voy encontrando a un lado y otro de la carretera son de los mejores ejemplares.  Robustos, sanos y frondosos.

 

           Cantan las chicharras y por las cumbres del Gilillo y zona esa del Puerto Lorente el cielo aparece por completo azul y las nubes blancas salpicándolo.  Ya dije que la carretera tiene un buen firme.  No hace mucho que la asfaltaron.   La carretera es bastante estrecha y con muchas curvas pero el asfalto es bueno.  Le echaron una capa bastante gruesa y por eso se rueda por ella con mucha comodidad. A tres kilómetros justos una curva hacia la derecha y por la izquierda va creciendo la hondura del barranco del río Extremera.  Por entre los olivos se ve el blanco de algunas casas.  Parecen viejos cortijos reconstruidos y también edificios nuevos.  Por entre los olivos las tierras es blanca.  Por la zona que ya pega a los pinares que escalan las laderas de las montañas con rodales de color rojo. 

 

           Kilómetro tres trescientos y una recta hacia la derecha.  Por la cumbre que me va quedando a la derecha creo que hay algunas cuevas con historias interesantes. A esta cumbre se le conoce con el nombre de Caballo de Quesada. Nunca la recorrí ni supe más de ella que lo poco  que aquí pongo ahora. Por eso  siento  no poder aclarar casi nada de estas cuevas.  Unos y otros me hablaron de ellas y también lo he leído bastantes veces en la prensa y otros medios, pero nunca tuve la oportunidad de pisar estos rincones.  No conozco nada de estas cuevas aunque sean interesantes y ahora lo siento.  Pero quiero aclarar que una de estas cueva, abierta al pié de una gran peña en la misma linde de los olivos se encuentra por aquí a tan solo unos cien metros. En esta sí estuve una tarde de mayo y puede recorrerla sin prisa y detenidamente. En la pared del fondo pude ver los trazos de unas figuras casi irreconocibles que son antiguas.  La cavidad es un gran abrigo natural muy amplio donde a lo largo de muchos años y siglos han dormido animales domésticos.  El techo está por completo negro del tizne que el humo de las hogueras fue dejando en las rocas.  La tarde que estuve en ella unos pajarillos anidaban en los agujeros de sus paredes y unas palomas torcaces bebían agua en los dos pequeños charcos que se recogían en las rocas que forman el suelo de estas cuevas.

 

           También digo que estás páginas mías pretenden lo que pretenden y no me quedo entristecido por no poder escribir nada de aquello que no sé aunque sea muy interesante.  Ya lo han hecho otros y seguro que seguirán haciéndolo.  Por las torrenteras de la cuneta de la carretera el pasto se amontona espeso y grande.  Este año ha llovido tanto y ha venido tan buena primavera que la hierba ha crecido mucho. Por eso en aquellos parajes donde no hay animales que se coman esta hierba el pasto ahora es grande y denso.  Malo es esto para los incendios.

 

           Cuatro setecientos y ya la carretera parece como si hubiera terminado de remontar lo más pendiente.  No es así, pero lo parece.  La carretera se va pegando a las rocas que hay por la ladera de la derecha.  Las rocas por esta ladera van en aumento según se aproxima el puerto.  Por entre todas estas rocas crecen las carrascas, los pinos y mucho pasto.  En el kilómetro cinco seiscientos la carretera tiene que cortar un gran bloque rocoso para poder pasar.  Un letrero pequeño donde puedo leer: Parque Natural.  Ya parece que de un momento a otro va a coronar el precioso Puerto de Tíscar.  Ahora ya no hay olivos sino bosque de pinares, encinas, carrascas, zarzas y otra tipo de vegetación.  Por entre este bosque todavía siguen los olivares como si no quieran dejar de ascender hasta el mismo puerto.  Las personas de estos pueblos poco a poco le fueron ganando terreno a las laderas de las montañas y plantaron olivos hasta en las más escarpadas umbrías y solanas. 

 

           Kilómetros seis doscientos y aquí es donde ya la carretera empieza pequeñas curvas muy cerradas y se sujeta, por el lado de la izquierda en una pared artificial que le construyeron de piedra y por el lado de la izquierda la roca cortada.  Tuvieron que hacerle un buen corte a las rocas de estas cumbres para que pasara esta carretera.  Por eso es muy bello y emocionante este tramo.  Un arroyuelo que llega por el lado de la derecha son los primeros metros del arroyo Barranco de la Torre. Están florecillas las zarzas parrilla y por aquí ya el bosque son pinos, cornicabras, encinas y enebros.   Kilómetros siete doscientos y ya empieza a meterse  en lo más rocoso de todo el recorrido.  Por la izquierda ahora mucho más grandioso el pico Rayal y luego toda la cuerda que lo sostiene hasta el Aguilón del Loco y Puerto Lorente.  El barranco que ya dije antes también ahora se ve mucho más impresionante.   Los olivares adquieren todo su esplendor y grandeza. Son buenos olivares los que por aquí hay.  Siguen coronando al pico Rayal varias nubes blancas y esto lo hace más bello. El cielo es azul total.

 

           Recuerdo ahora que cuando pasaba por aquí una mañana de primavera en el mes de mayo vi un pequeño animal que se paseaba por la cuneta de la carretera.  Me paré y un poco sorprendido pude observar que era un zorro con tan solo unos meses.  Buscaba algo de comida y se movía casi sin fuerzas. Al verme quiso irse para el monte pero la pared rocosa de la cuneta se lo impedía. Se fue cuneta adelante y al encontrar un pequeño hoyo en las rocas se metió en él. Ahí se acurrucó y como no tenía agujero para esconderse  más hondo se dio la vuelta y con sus ojillos brillantes me miraba como pidiendo clemencia. No lo molesté más.  Solo le hice un par de fotos y me fui dejándolo en su mundo y asustado.  El animal estaba casi sin fuerzas y por eso buscaba comida por el asfalto de la carretera.

 

           Complicadísimo y muy trabajoso fue meter la carretera por este peñascal.  Pero no había otra posibilidad aunque por estas fechas ya andan con el proyecto de desviación desde el pueblo de Pozo Alcón.  Ya he dejado atrás el primer gran espigón rocoso.  Lo tuvieron que cortar casi en vertical.  Sale un poco y por la derecha queda libre de rocas.  Enseguida traza una curva para la izquierda y se mete por una trinchera abierta en la pura roca.  Durante unos metros recta por completo hacia la cumbre del Rayal.  Es como si quisiera empotrarse en sus mismas entrañas.  Queda atrás al trinchera y ahora ya parece que tiene casi coronado el puerto.  Por la izquierda aparece un profundo tajo, por la derecha las rocas más suavizadas y la carretera sigue cortándolas y busca de la cumbre por el centro del collado  que en este caso no es collado sino puerto.  Justo en este punto empiezo a ver frente a mi la preciosa torre de Don Enrique.  Es una construcción de tiempos muy lejanos y se asienta justo en el punto más elevado y estratégico de este puerto.  Frente al gran valle o barranco por donde se aplasta el pueblo de Quesada.  Sin duda que este punto fue paso muy frecuentado en aquellos tiempos de las guerras y demás.

 

           Una curva para la derecha y ya quedan atrás las rocas cortadas.  Sale a tierras abiertas sin rocas ni monte y al frente se adivina el punto exacto por donde vuelca a la otra vertiente. Kilómetro ocho quinientos y por la izquierda y derecha tierras que siembran o sembraban los pastores. En un letrero puedo leer: “Atalaya del Infante Enrique”  y Puerto de Tíscar, 1189 metros.  Por la derecha aparece la fuente que construyeron justo en lo más alto de este collado.  El agua que mana esta fuente viene de la Morra de las Carboneras.  Por eso desde aquí mismo se aparta un carril de tierra por este lado derecho y que lleva hasta la misma construcción de la casa forestal de las Carboneras.  Desde aquí al santuario de Tíscar hay cinco kilómetros.

 

           En las alturas de este precioso puerto corre un agradable fresquito.  Ahora en verano se agradece la fresca temperatura que se da por este puerto pero en los meses de invierno no se agradecen las grandes nevadas que dejan por completo cortado este paso.  En más de una ocasión lo he visto yo con casi un metro de nieve y con el hielo cubriendo todo el asfalto de la carretera.  Y en más de una ocasión he fotografiado las ramas de los árboles que crecen a un lado y otro de la pista de tierra que va a la casa de las Carboneras por completo cubiertas por la nieva.  En los meses del invierno es muy duro pasar por este puerto por el peligro de la nieve, los hielos y el viento.  Cuanto hay viento por aquí sopla con mucha fuerza.  Pero también digo que la visión que sobre los paisajes hay desde este puerto es única.  Y digo que rincones bellos hay y muchos a lo largo y ancho de este gran Parque Natural, pero como el que se puede gozar desde este puerto no hay ninguno.   Es justo este punto las divisorias de dos grandes vertientes.  La del río Extremera,  como ya dije por esta lado de Quesada y la del río Vadillo o Tíscar para este lado del Santuario.  El puerto se sitúa en la parte alta del nacimiento de estos dos ríos y por eso al comienzo de estas dos grandes y preciosas cuencas.  Es único el rincón y la visión que desde aquí se puede gozar.

 

           Comienzo a descender para la cuenca del río Tíscar.  Muy suavemente desciende la carretera y durante unos metros discurre frente a la grandiosa cuerda del Rayal.  Voy a decir que discurre de levante a poniente por eso en sus caras norte y sur presenta paisajes muy curiosos.  Por su lado norte ya he dicho que casi todo son grandes cortados, hondos barrancos, elevados cerros y muy pronunciadas laderas.  Es por donde nacen todos los arroyos primeros del río Extremera. Por el lado sur esta grandiosa cuerda del Rayal presenta una escarpada ladera muy inclinada.  Es la conocida por el Pecho de las Ardillas y la larga y complicada Cuerda del Rayal que va desde este mismo Puerto de Tíscar hasta el collado de Trabino y collado Angosto, divisorio de la Cañadas de las Fuente para el nacimiento del Guadalquivir y arroyo de la Cañada de Tíscar y de las Fuentes.  Toda esta escarpada y pronunciada ladera del Rayal por el lado sur queda coronada precisamente por el Picón del Rayal  que tiene 1834 metros.  Le sigue las Torcas que es un collado y por donde se encuentra la Corona del Rayal  y luego aparece el Picón del Guante y el Aguilón del Loco que alcanza los 1956  metros.  Quiero decir que toda la cuerda de este grandioso Rayal la tengo más que recorrida y por eso sé que la visión que desde su cumbre se puede gozar es única en todas las sierras de este Parque Natural.  A parte que como ya he venido diciendo es como si fuera las entrañas mismas donde nacen los ríos.

 

           Según ahora voy bajando para el barranco del Santuario el Rayal me queda enfrente. Le da el sol de la tarde y como las nubes blancas siguen coronando y el azul del cielo es muy puro e intenso el espectáculo asombra de tan bello.   Al otro lado el barranco de la Cañada de Tíscar destaca la cumbre del Cerro del Don Pedro.  Este monte tiene 1611 metros y es el que corona al Santuario de Tíscar.  Entre esa bella cumbre y la del Rayal corre el río Vadillo y se alarga la Cañada de Tíscar.  Por el Santuario de Tíscar, aunque parece lo contrario se encuentra en un valle.  Un valle muy cerrado y casi encajonado entre grandes laderas y picos rocosos, pero valle y comienzo del precioso río Tíscar.   Es un valle de alta montaña porque se sitúa sobre los 1000 metros de altura.  Al final de la gran ladera del Rayal y donde se juntan las laderas del Cerro Don Pedro y la Morra de las Carboneras es donde construyeron el santuario.  Justo donde el cauce corta y separa ambas laderas es donde se fue fraguando la famosa y bella Cueva del Agua.  Una más de las varias que hay en las Sierras de este Parque Natural y en otros rincones no lejos de estas sierras.  Cuevas del Agua en casi todas las montañas más o menos grandes hay algunas, pero con esto no quiero decir que la Cueva del Agua de Tíscar no sea única.  Lo es y con mucho.

 

           Las cumbres y laderas del Cerro Don Pedro quedan muy hermosas desde este descenso que voy haciendo.  Le da el sol de la tarde y por ahí la vegetación se presenta muy verde.  Es una visión muy hermosa.   Nueve kilómetros y quinientos metros y cruzo el primer arroyo en esta vertiente. Es un arroyuelo menor porque nace en las tierras del collado por donde el puerto un poco más pegado al Rayal.  Por las tierras donde tenían el comedero los buitres y mi amigo el pastor pastorea a sus ovejas.  En este barranco pasa como en el de Extremera,  como es cabecera de una amplia cuenca por aquí mismo ya van naciendo muchos arroyuelos.   Según desciendo se van juntando y poco a poco van dando cuerpo al precioso río llamado arroyo Vadillo primero y luego río Tíscar.   Por aquí mismo ya van naciendo muchos arroyuelos.  Para cruzar el arroyo la carretera traza una curva muy cerrada y gira para la derecha.  Es muy bello este arroyuelo y por eso en más de una ocasión lo he recorrido sin prisas y gustándolo en lo más hondo.  Sobre todo es vello en primavera.  Como mi amigo el pastor he pasado muy buenos ratos charlando de cosas por estos rincones mientras sus ovejas pastaban por las tierras de este arroyo, las del collado donde nace y por los alrededores de su tiná.  La tiene solo unos metros más debajo de donde la carretera cruza el cauce y por el lado derecho.

 

           A partir del punto en que la carretera atraviesa este arroyuelo se mete justo por la misma ladera sur del Rayal.  Y para hacerlo va cortando las rocas justo por la curva de nivel que marca los mil cien metros de altura.   Discurre recta durante unos metros y al dar la curva para la izquierda, por la derecha aparece la tiná de mi amigo el pastor. Recuerdo ahora que al pasar por aquí un día me paré con este amigo mío y pude ver algo que no había visto nunca en mi vida.   A mi amigo el pastor le estaban pariendo las ovejas.  Se le había muerto un borrego recién nacido y lo había desollado.  Otra oveja había parido tres borregos y quería que uno de ellos lo criara la oveja que se había quedado sin el suyo propio. Para que lo aceptara le estaba poniendo la piel del que se había muerto. Le pregunté:

- ¿Y para qué sirve eso?

Me contestó:

- Lo oveja que se ha quedado sin borrego olerá la piel de su propio hijo y así aceptará este trillizo.  En una forma de engañarla y que lo quiera y lo amamante.  De este modo ella cría un borrego aunque se le haya muerto el que parió y la que ha tenido tres se alivia un poco.  ¿Lo entiendes?

-  Ahora ya sí

Le dije y durante un buen rato me quedé allí con él viendo y aprendiendo algo nuevo y hermoso.  De este amigo mío he aprendido muchas otras cosas y también muchos nombres de estas sierras. 

 

           Al dar la curva de la tinada de mi amigo veo al frente Peña Negra.  Es justo donde se encuentra el Santuario.  En Peña Negra también existen los restos de un castillo.  Por esta ladera del Rayal hay muchos almendros sembrados  y más por el lado del arroyo que baja pegado a la carretera.  La vegetación es fundamentalmente de carrascas.  Pequeños bosques de encinas que casi nunca talaron y aprovechando el agrio terreno que esta ladera  ofrece se agarran y clavan sus raíces hasta lo más profundo.  Por entre estas carrascas y los pequeños prados de tierra más fértil que hay junto al arroyo y la cañada que baja es por donde mi amigo da pasto a sus ovejas.  Si ahora mismo me echara a andar por esta ladera por ejemplo para subir a la cumbre del Rayal lo pasaría muy mal por lo difícil que es de andar.  Ya he dicho que casi todo son piedras sueltas, tiene una pendiente muy pronunciada y hay muchos escalones rocosos.  Desde aquí mismo, la carretera que recorro hasta las cumbres del Picón del Rayal,  la distancia es de un kilómetro y medio en línea recta y el desnivel pasa algo de los setecientos metros.

 

           Desde la tinada de mi amigo la carretera se alarga siguiendo la curva de nivel que va por los 1100 metros y casi en línea recta con ella quiere meterse de lleno en el barranco de la Cañada de la Presilla. Pero no lo hace.  De pronto la carretera traza una cerrada curva y se vuelve para atrás, baja repentinamente  buscando el arroyo que viene cayendo desde el puerto y queda hermosamente arropada por la fronda de espesas carrascas.  La carretera tiene que meterse para el barranco buscando el mejor paso por este intrincado rincón de Tíscar.  Tiene que atravesar estas sierras para abrirse paso hacia el pueblo del Pozo Alcón que es en realidad hacia donde va. 

 

           Mientras baja después de la cerrada curva se enfrenta por completo a la Morra de las Carboneras.  Es muy hermosa esa cumbre.  Según voy descendiendo me adentro hacia la espesa sombra que esta cumbre proyecta.  El sol va cayendo por detrás de esta bella cumbre. Por eso la ladera me queda por completo en sombra.  Por esa zona hay mucho sembrados.  Las personas de las aldeas de Tíscar, Belerda y don Pedro todavía siembran por aquí sus tierrecillas.  Todavía siegan las sementeras como en tiempos pasados y todavía trillan las mieses en las eras al sol del medio día y al viento que corre.  En el kilómetro trescientos la carretera gira en otra curva muy cerrada.  Ahora para la derecha a fin de no cruzar el arroyo que cae desde el puerto sino irse con él en la dirección que corre el agua.  Ya ha bajado mucho.  Discurre ahora por la curva de nivel que señala los mil metros justos.  Todavía tiene que bajar mucho más, pero lo va haciendo poco a poco.  Por aquí hay olivos. Entre los pinos y las carrascas por aquí sembraron olivos.

 

           Once kilómetros ochocientos metros desde el pueblo de Quesada y justo en este punto la carretera corta el arroyo que baja desde el mismo collado Angosto. Ya he dicho que esta arroyo es conocido con el nombre de Cañada de Tíscar y de las Fuentes.  Es el que corre en la vertiente opuesta a la verdadera Cañada de las Fuentes.  Por donde la carretera lo corta recibe el nombre de Arroyo de los rucios.  Esto es muy normal en los parajes de estas sierras.  Un arroyo tiene varios nombres según sus tramos y lo mismo una ladera, cañada, cumbre y barranco.  Y quiero decir que este arroyo de los Rucios es muy bello.  Un tanto difícil de andar por quedar muy encajado entre rocas pero muy bello.  En su parte medie tiene una cascada preciosa. Para mí es una de las cascadas más bonitas de todo este Parque Natural y que casi nadie conoce ni reseña en ninguna guía turística.  Mejor así, me digo algunas veces, pero es que la cascada es tan bonita que da pena. Yo la tengo gozada a lo largo de muchas tardes sentado frente a ella.  En el silencio de esta barranco y frente a la curiosa caída que el agua tiene que trazar a despeñarse por la cascada que vengo diciendo.

 

           Donde la carretera corta este arroyo por la izquierda se aparta una pista de tierra que sube todo el arroyo de los Rucios arriba.  Llega hasta un llanete o hermosa cañada y ahí le pusieron una cadena.  Es justo donde crecen tres curiosas encinas. Desde este punto para arriba y casi hasta Collado Angosto la pista sigue subiendo pero poco a poco va empeorando.  En otros tiempos fue este un camino natural que recorrían los serranos que tenían sus vidas en lo más profundo de estas sierras. A partir de este punto la carretera se pega al arroyo cada vez más grande porque ya se han juntado el de la Cañada de Tíscar y el que viene del Puerto de Tíscar y pegado al cauce siguen descendiendo.  Muy difícil se le hace el paso pero sigue cortando rocas y aprovechando el surco que las aguas tallaron por el terreno.  Por la derecha me va quedado un bonito cerro que se le conoce por La Pedriza y donde hay cuevas y lo el surco del cauce las rocas también se abren en curiosas y bellas covachas.  Es esta una zona de cuevas.  Las hay donde menos se esperan y los pastores bien que las conocen.  En alguna de ellas todavía encierran ovejas como es el caso de mi amigo el pastor. 

 

           Doce kilómetros doscientos y la carretera vuelve a cruzar el arroyo que desciende encajado en rocas.  Hay muchos pajarillos al fresco que la sombra de estas rocas ofrece.  Vuelve a cortar un espigón rocoso y desde este punto ya se empieza a divisar la figura del Santuario.  Muy hermoso y misterioso por estar casi a los pies de las rocas y en lo más hondo de este barranco.  Otra curva muy cerrada que es conocida por la curva del Cura.  ¿Por qué será este nombre tan peculiar?  Por este lado derecho que ya dije es la ladera que cae desde la Morra de las Carboneras hay un espeso pinar y también muchos almendros.  El paisaje es muy bello.  Extremadamente bello. La curva es muy cerrada y después de ella vuelve a caer para el cauce.  Doce kilómetros ochocientos.  Justo al frente se ve un enorme bloque de rocas donde están las cuevas que mi amigo usa para encerrar a sus ovejas. En algún sitio he leído estas cuevas tienen interés como abrigo histórico.  Le llaman el Abrigo de Tíscar y eso no es su nombre. Mi amigo le tiene puesto el suyo propio y tan propio que ni siquiera aparece en los mapas.  De toda esta zona y así como de otras partes de este Parque Natural yo elaboré un buen trabajo toponímico que ha sido recogido en los mapas que la Editorial Alpina publicó.  A partir de aquellos momentos casi todos los trabajos que se realizan sobre este Parque Natural reflejan esta toponimia.  Creo que es lo más completo que se ha hecho hasta hoy. 

 

           Antes de llegar a las cuevas que mi amigo usa para encerrar a sus ovejas la carretera corta otra vez el arroyo.  Hay  un pequeño letrero donde se puede leer el nombre del arroyo que es Vadillo. Y como ya venía  diciendo desde aquí para arriba los cauces de los arroyos son de alta montaña.  Por eso las aguas que recogen se filtran y salen en las zonas bajas.  Por donde la Cueva del Agua y a partir de ahí para abajo.  Esta tarde este cauce no trae agua ninguna y sin embargo yo sé que por las partes altas que he dejado atrás sí tiene agua.  Olivos y almendros por donde la cueva que he dicho y ya cerca el Santuario. En el mismo cauce del arroyo construyeron un edificio y ahora lo tienen convertido en restaurante.  Se le conoce por el nombre de Restaurante Vadillo.  En una ocasión pedí alguna información en este sitio y no me dieron nada porque lo poco que me dieron  no servía.  Ya no volví más por el rincón a pesar de ser un rincón muy bello.  Lleno de sombras y por eso fresco en verano y con mucho agua.  Ya por aquí manan las aguas de los arroyos que han bajado conmigo.  Justo al llegar a este rincón tengo recorrido trece kilómetros doscientos metros desde el pueblo de Quesada. 

 

           Unos metros más adelante del rincón del bar restaurante por la izquierda hay una salida asfaltada.  Es la que lleva el mismo edificio del Santuario.   Y como la carretera que vengo recorriendo no muere aquí sino que continúa para que pueda hacerlo  tuvieron que horadar un túnel en la roca.  Justo en el kilómetro trece quinientos es donde se desvía el trozo de carretera que lleva al Santuario. Me voy por este lado.  Una breve cuestecita y por la izquierda una fuente con su caño de agua.   Se mete la carretera por un corto túnel y en cuanto sale al otro lado ya está la explanada que precede al santuario de Tíscar.  Un amplio rellano donde a  la derecha según se llega está la entrada al recinto sagrado y a la izquierda una fuente con dos caños de agua.  Son aguas de estas sierras y por eso frescas y puras.  Por la parte de atrás según llego quedan las construcciones que han preparado para los turistas.  Son apartamentos.  En el día de hoy los precios de estos apartamentos son 50 .  Y tienen seis camas.  Son los más grandes.  Los otros son a siete mil y tienen cuatro y cinco camas.

 

                Situado en la gran explanada que precede a la entrada del recinto sagrado si miro hacia la cumbre del Cerro Don Pedro aquí en la misma explanada tengo la fuente con sus dos caños de agua. La fuente tiene un bonito pilar donde se embalsa el agua que por los caños sale y en el frontal  es donde escribieron el poema que Antonio Machado dedicó a estas sierras y Santuario.  Por la parte de atrás de estas fuente y remontado porque todo ya es ladera están las cuatro casas que forman la bonita aldea de Tíscar.  Unas casas muy recogidas, llenas de calor humano, escalonadas en la ladera porque se han ido agarrando al terreno que es muy pendiente y blancas de cal y de luz.  Solo unas cuantas familias viven en estas casas y creo que en los meses de otoño e invierno nadie queda por aquí.  En los meses de verano sí vuelven los que un día se fueron a otro lugar y al fresco de estas montañas pasan unos días.  Recorrer las corticas y empinadas callejuelas de esta recogida aldea es una delicia.  Pararse y charlar con las personas que por aquí vayamos encontrando  enriquece mucho y llena de paz.

 

                Y sigo diciendo que desde la explanada que precede al recinto sagrado si me muevo por ella y me voy en la dirección que corren las aguas del río enseguida llego al final.  Se acaba la explanada pero todavía durante unos metros sigue una senda que poco a poco va muriendo por entre los pinos, la ladera que cae  de Peña Negra y el Cerro Don Pedro y  las piedras.  Pero por aquí si se busca bien se encuentra una subida.  En otros tiempos hubo una senda por este terreno escabroso.  Con el paso de los años y el poco uso esta senda se fue rompiendo y ahora solo quedan algunos trozos y lo demás, surcos formados por las aguas cuando por esta ladera corren.  Pero con precaución y un poco de esfuerzo por este rincón se puede ascender hasta remontar un corte rocoso y encontrar tierras mejores. Es esta la ladera  norte del Cerro Don Pedro por eso en las tierras que se derraman por esta ladera crecen plantas curiosas.  Muchas peonías que cuando florecen muestran sus hermosas rosas rojas salpicadas por el paisaje.  Crecen por aquí muchos majuelos, espliegos, helechos y otras plantas rupícolas.  Mientras remonto con mi imaginación estas escarpadas laderas me parece ver escalar por ellas al soldado de las tropas de Don Pedro de Castilla. El que escala en una gris tarde del año 1319 es Don Pedro Hidalgo. Por su cuenta va en busca de los diez moros que sobre la base de Peña Negra vigilan y defienden de los cristianos tanto al castillo como al santuario y a la misma imagen de la Virgen de Tíscar que está en poder de los moros. 

 

Y mientras valerosamente y a duras penas este soldado de pequeña estatura remonta, en su mente arde la imagen de doña Leonor, por la que lucha y por la que quiere convertirse en héroe para ganarse su corazón. Le reza a la Virgen de Tíscar para que le dé fuerzas.  El resto de las tropas, casi mil soldados con sus caballerías acampan por las tierras de la que hoy es aldea de Don Pedro. Pero me vengo a mi presente. Según se remonta hacia la cumbre del cerro  por el lado derecho van apareciendo bellos cortados rocosos por donde se abren algunos abrigos más o menos grandes.  Y si nos venimos para el lado izquierdo podemos recorrer toda preciosa ladera con mucho más comodidad. No es difícil coronar la cumbre si nos lo proponemos. Sí es difícil la subida a Peña Negra que queda entre el castillo y la cumbre del Cerro Don Pedro. Tampoco es difícil recorrer la ladera en sentido horizontal y salir a la gran Cañada de Tíscar y de las Fuentes.  Y otra opción más es bajar campo a través y buscar las ruinas del viejo castillo de Peña Negra.  Todo esto para mí es emocionante y sacia hondamente.  Y lo que de verdad sacia y llena de placer  es sentarse en cualquier punto de esta ladera y sin prisa quedarse  frente a los paisajes  gozándolos en silencio.  En los meses de primavera y verano el vientecillo que por aquí casi siempre corre es delicioso. Vuelvo a la explanada que se abre por donde el recinto sagrado y ahora en lugar de mirar para el Cerro Don Pedro me doy media vuelta y me vengo para el lado en que corre el río pero más hacia el pueblo de Belerda.  Por este lado y al final de la explanada hay un bonito balcón. Me sitúo sobre él y ya estoy gozando de la espléndida panorámica del gran barranco de Belerda y Don Pedro.  Por este barranco ahora mismo se aleja el cristalino río que nace en arroyuelos por las laderas del Rayal y salta en cascadas por la Cueva del Agua. La visión es bella, muy bella. 

 

Delicadamente bella.  En primer plano tengo la carretera que ya por ahí desciende hacia el barranco de Don Pedro. Un poco más lejos tengo los olivos y las huertas que rodean a las casas de la pequeña aldea.  Por entre los árboles y casa de esta aldea de Don Pedro sigo viendo las tropas acampadas y planeando el ataque a los muros del castillo para librarlo de los moros y recuperar la imagen de la Virgen de Tíscar.  Por la derecha me queda el carril de tierra que lleva al túnel de la acequia.  Es la acequia que arranca justo de la entrada de la Cueva del Agua y después de atravesar este túnel se deja ir por las laderas de los olivos y las huertas y los va regando. Fue construida para mover las aspas del molino harinero y de aceite que hoy se desmorona entre las blancas casas de la aldea de Don Pedro.  Las aguas que bajan por la acequia todavía saltan y entran por donde en otros tiempos estuvieron las aspas que daban fuerza a la maquinaria del molino.   Si desde este mirador alzado frente al gran barranco me muevo y bajo las escalera, atravieso la carretera, recorro el trozo de pista que lleva hasta la entrada del túnel y por el mismo borde de la acequia avanzo,  en unos segundo ya estoy frente al río cristalino.  El que baja desde las laderas del Rayal y se despeña en preciosas cascadas según va penetrando en esta Cueva del Agua. Por la cerrada de esta cueva y los quebrados surcos del arroyo fue donde Mahomad Andón arrojó a la Virgen de Tíscar rota en mil pedazos.

 

                Nada más salir a este lado del túnel ya estoy casi en el corazón de la cueva. La limpia corriente pasa por aquí mismo.   Se le ve llegar del lado de la montaña y Puerto de Tíscar y en unos metros se le ve caer y despeñarse por los saltos rocosos que por aquí las rocas le van presentando.  Se le ve con toda su belleza de luz y cristal y se le oye con toda su grandiosa sinfonía única. Si desde la misma salida del túnel avanzo unos metros por la vereda que prepararon salgo al encuentro del caudal y por eso  ya puedo tocar con mis manos el limpio chorro de agua.  Y resalto limpio porque así lo es.  Tanto en los meses de invierno como en los de primavera, verano y otoño el agua que por aquí desliza este río es limpia como el puro viento.  Casi como la nieve recién derretida.  Por eso es tan emocionante verla llegar, verla saltar, verla bullir en los charcos transparentes y verla irse por las escalera de cascadas de todos los tamaños según va saliendo de la grandiosa cueva.

 

                Avanzo un poco más por los pasillos de cemento con barandas que por aquí construyeron para que los visitantes tuvieran comodidad y me voy adentrando en el corazón de la enorme cavidad. Por la derecha y entre la oscuridad de las rocas voy descubriendo la blancura de la cascada.  La sonoridad del agua retumba en las paredes de la amplia cueva.  Las menudas goticas salpican y acarician con el saludo más cariño.  Me muevo por el primer pasillo que se alarga como buscando el frente de la cascada.  No llega a tocarla porque tiene y tengo miedo de romperla o marcharla.  La miro, me paro, la escucho y la gozo dentro.  Con la emoción de un niño entretenido en su mejor juego la gozo.  Es de una belleza única.  Y tanto agrada que quisiera detenerla para que siempre aquí se quedara conmigo y yo también con ella.   Como cuando un se enamora que solo desea estar al lado del objeto o persona amada.  Así de hermosa y dulce es esta corriente saltando por el interior de la gran cavidad.  Desde el final de este pasillo puesto sobre el filo de las rocas y sujetado con barandas de madera hay una visión muy completa de toda la amplia y profunda cavidad.

 

Me muevo por el deseo de buscar otro punto de vista nuevo,  quizá más completo y bello y empiezo a bajar las escaleras hacia el rellano más grande.  La cavidad de la cueva me va dando de cara.  Por la pared rocosa chorrean las estalagmitas sin llegar a colgar del todo.  La sombra es densa.  De la pared del fondo cuelgan algunos helechos y al fondo total se abre la repisa donde dicen se apareció la virgen que ahora se venera en el Santuario. En esa cavidad pusieron una imagen de la Virgen en tamaño reducido y de escayola o de cemento.  No es fácil llegar hasta la repisa donde se asienta esta imagen.

 

                Salgo del último escalón y piso la tierra de lo que sería el fondo de la cueva.  Algunas mesas, hierba, helechos, humedad, lluvia fina de goticas que saltan desde la corriente y rumor dulce.  Dulce rumor de agua deslizándose por el surco que el río ha ido cortando por las rocas y la poca tierra que aquí hay.  Me acerco a la corriente. Aquí si la puedo tocar y por eso la toco. Siento su frío en las carnes de mis manos.  Me alegro y del corazón me sale un latido.  Le digo que la quiero porque la conozco desde hace mucho y le digo que ahora mismo ya quisiera quedarme aquí con ella para siempre.  Me parece oírla en un mormullo de aleteo de mariposas y hasta creo entender lo que me dice. También se alegra de verme y de que en este momento me encuentre con ella.

- Vengo de las montañas que tanto te ha gustado recorrer en las tardes de tu soledad.  Ahora ya hace tiempo que no te vemos ¿Qué pasa?

Me siento tentado a contestarle, pero no lo hago.  Presiento que tendría que pronunciar un largo y sentido discurso para medio explicar lo que ha pasado y lo que me pasa. Por eso callo y trago saliva.  Siento que por mi cara chorrean lágrimas calientes y me las seco.  No tengo que llorar porque me dijeron que en este escrito y en otras cosas es mejor que no exprese mis sentimientos. Por eso me retiro y callo.

 

                Mientras subo las escaleras para salir se la cueva y volver a la explanada del Santuario recuerdo que el chorro de agua que salta por esta cascada nace sólo unos metros más arriba.  En el conocido Bar Vadillo y que en otros tiempos fue el nacimiento oficial del río Vadillo.  Lo sigue siendo pero ahora con todo el entorno  mucho más remodelado.  Al agua brota por caños artificiales y cae a pilas también artificiales.  Pero eso no quita que el rincón siga teniendo su encanto. Lo tiene y mucho.

 

Dejo la explanada y al girar para seguir por la carretera que recorre la ruta  encuentro  un panel donde puedo leer: “A Peal de Becerro 25 kilómetros y a Quesada 13, a Pozo Alcón 18  y a Baza 56”.  El túnel que tuvieron que abrir para que la carretera pasara fue horadado en la pura roca y profundizaron mucho.  Tuvieron que hacer una buena obra para darle paso a la carretera.   De largo creo que tiene unos veinticinco o treinta metros.  En cuanto salgo al otro lado en la dirección de Pozo Alcón un indicador a la izquierda.  Por la derecha me queda la entrada a la preciosa y profunda Cueva del Agua.  Coronando al Santuario de Tíscar queda Peña Negra donde están los restos de un viejo castillo   y más arriba la cumbre del Cerro don Pedro.  Por este lado derecho y junto al río que sale de la Cueva del Agua  hay tierras muy fértiles.  En ellas sembraron olivos y desde la misma Cueva del Agua trazaron acequias para regarlos.  Entre los olivos y al borde de las acequias crecen muchos árboles frutales.  Higueras, cerezos, almendros, granados, perales  y membrillos.  De las higueras y en los meses del verano y otoño en más de una ocasión he cogido yo higos.  Son muy buenos los higos que dan estas higueras.  También son muy buenas las granadas, los membrillos  y sobre todo las cerezas.  Las más exquisitas cerezas que en mi vida he comido han sido las de estas huertas.  Son las huertas del poblado conocido con el nombre de Don Pedro.  Solo unas casas por debajo de la carretera y cerca del Santuario.  El pueblo de Belerda queda más abajo y también pegado al río.

 

           En más de una ocasión he visto las personas de estos pueblos coger los higos de estas higueras y secarlos.  En el suelo y sobre la tierra entre los olivos tienen un trozo de saco o cualquier tela vieja y sobre ella ponen los higos. Ahí los dejan al sol para que por sí solos se sequen.  Lo mismo hacen con los tomates.  Ya cada vez menos pero en otros tiempos esto era muy normal.  Los higos secos de Belerda son muy buenos.  En más de una ocasión los he comido yo tomados de las generosas manos de las personas que por aquí viven.  Y tengo que decir que en el pequeño pueblo de Belerda también tengo un trocito de mi corazón.   Hace unos años una persona muy conocida y querida se fue de  monja y aunque han pasado los años su vocación sigue firme.   Las personas de este pueblo la quieren mucho  y por eso la recuerdan siempre.  Yo también poco  he vivido tan de cerca esta historia que casi es parte de mi vida.

 

           A catorce setecientos aparece una desviación y en esta ocasión es por la derecha.  Se aparta aquí la carretera que lleva a las aldeas de Don Pedro y Belerda. Si me fuera por ella en solo unos metros me apartaría por la izquierda y después de salir de un túnel me encontraría con la robusta figura de Picón Largillo.  En una impresionante roca en forma de columna que está clavada justo a la entrada de la aldea de Don Pedro.  Si continúo un poco más enseguida estoy frente a las ruinas del molino de Don Pedro.  Ya dije que este molino aun permanece en pié y por la acequia todavía le sigue llegando el agua que recogen justo a la entrada de la Cueva del Agua.  En otros tiempos en este molino se molía trigo y aceitunas. También era panadería y vivienda.  Hoy está casi todo caído aunque en su interior todavía se conservan las piedras que molían el trigo y las que trituraban las aceitunas.  Todavía están las poleas, las sillas de cuerdas de esparto y algunas otras piezas. 

 

           Desde esta entrada a la aldea hay una calle que baja y al final por la izquierda se encuentra la fuente con sus dos caños de agua. Un poco más adelante se alzan las casas de los pocos vecinos que aun viven por aquí y ya todo lo demás son rosales florecidos en primavera y también almendros, higueras, cerezos, olivos, membrillos y muchas más plantas.  Hay que venir al rincón y recorrerlo despacio para saber de sus secretos y sus bellezas.

 

           Al borde de la carretera que recorro un letrero indica que Belerda se encuentra a tres kilómetros.  Lo conozco bien porque ahí estuve muchas veces.  Las laderas de la izquierda son las que caen desde el mismo Cerro de Don Pedro.  Y según vienen cayendo aparecen algunos arroyuelos que la carretera corta en este punto.  Antes de la aldea de Don Pedro estos arroyuelos se juntan y forma un solo cauce.  Al borde mismo de este arroyo es donde fueron construyendo las casas que al final formaron la aldea.  Por todas estas tierras y estos barrancos mi amigo pastorea a sus ovejas.  Recuerdo ahora que un día de lluvia por el mes de marzo me encontré con el aquí mismo.  Tan agotado estaba llevando y trayendo a sus ovejas de un lado para otro que me dijo:

- Cualquier día de estos las vendo todas.

La pregunté:

-  ¿Y eso por qué?

- Porque me dan mucho trajo y poco beneficio.  Hace unos días les han sacado sangre a las ovejas de un amigo mío y le han matado más de trescientas.  Eso no puede ser.  Por eso te digo que cualquier día de estos las vendo todas.

 

           Ahora que paso por aquí me acuerdo de aquel día y de mi amigo por el lugar con sus ovejas.  Hoy no está.  Por eso el silencio es tremendo.  Aunque puedo ver el blanco de las casas por entre los olivos y los pinos el silencio es tan grande que se puede cortar.  Después de este barranco la carretera gira un poco, remonta y aparece otro túnel.  Este es más corto pero lo tuvieron que horadar porque de otro modo no hubiera podido pasar la carretera por aquí.  Al salir al otro lado me queda en frente la gran ladera que desde la carretera cae para el pueblo del Belerda.  Desde este punto se ven perfectamente.  Esta tierra es pura solana.  Por eso la vegetación esta compuesta

fundamentalmente por  pinos carrascos,  romeros, enebros, espliego y tomillos.  Son unas plantas que se adaptan perfectamente a este terreno árido y pedregoso. 

 

           Quince kilómetros trescientos metros y la carretera traza una curva muy cerrada.  Ahora tiene que remontar para buscar el mejor terreno.  Por la izquierda me va quedando una solana que es conocida por la Setera Baja y Setera Alta. Es una zona donde se crían muy buenos guíscanos. Las personas de por aquí lo saben muy bien. Antes de girar otra vez para la derecha al frente se ve con toda claridad y belleza el viejo castillo del Santuario de Tíscar.  A quince quinientos aparece la curva y ya remonta en una recta muy serena.  Discurro ahora mismo por el límite del Parque Natural. Va por aquí mismo y enseguida se deja caer para el barranco por donde se pierde el río Tíscar.  Quinientos setecientos y vuelca el collado por entre una pequeña trinchera rocosa.  Voy por la curva de nivel que discurren a la altura de los 950 metros.  La carretera aunque pareciera no baja sino que sube entrando ahora en lo que sería la vertiente del gran barranco de la Canal.  Por el que voy a remontar hasta la llanura de Puerto Llano. 

 

           Enseguida por la derecha me queda la casa forestal de Realejo y por la izquierda la enorme solana del Cerro Don Pedro.  Se le conoce a esta solana con el nombre de Cara sol de la Chaparra.  Las rocas blancas y rojas arriba, el azul del cielo y las nubes coronando.  La sombra cae sobre el denso bosque de pinos verdes.  Es muy bello el espectáculo.  Muy bello.  Por el lado de arriba me queda un depósito de agua para en caso de incendios.  Por el lado de abajo la casa forestal del Realejo, El collado del Realejo y el Peñón de los Barrenos. La carretera no deja de trazar curvas para un lado y otro discurriendo en todo momento casi por la misma curva de nivel y por eso ni sube ni baja. 

 

           Kilómetros dieciséis cien y por la derecha se parta la pista de tierra que lleva a la casa forestal que ya he dicho.  Los pinos por el rincón son bajos, todos carrascos.  Ya he dicho que el terreno es muy árido y seco.  Dieciséis setecientos y vuelca otro collado.  En el kilómetro diecisiete  trescientos y por la izquierda sale una senda.  Es el trazado de aquella vieja senda que tantas veces recorrieron los serranos para entrar y salir a la casa forestal de Fuente del Pino y a todo el gran rincón del grandioso barranco de la Canal.  Es una senda muy bella que merece la pena hacerla porque además no resulta demasiado difícil.  Nunca la hice yo aunque sí tengo ganas y más se me despiertan cada vez que por aquí paso.  La carretera sigue con sus curvas y el bosque de pinos con su espesura y reluciente verde.  Es muy denso el bosque que por aquí crece.  A partir de este punto ahora la carretera baja buscando el mejor paso para cruzar el cauce de la Canal.

 

           Diecisiete novecientos ya aquí ya discurre tallada en la pura roca, un puente de un solo ojo y un letrero donde puedo leer: “Barranco la Canal”.  Es muy escarpada esta zona.  El surco del arroyo queda muy hundido entre  duras y abundantes rocas y además con una  muy pronunciada caída.  En cuento cruzo remonta un poco y enseguida vuelve  a rozar el límite del Parque Natural.  Los parajes que me van quedando por la izquierda se les conocen con los nombre del El Lomón, Hoya de los Pandejos y el Picón de Pasabarbero.  La palabra “Pasá”,  se refiera a un paso en la corriente de un río o arroyo.  En este caso el paso se llamaba del Barbero.   En el kilómetro dieciocho trescientos atraviesa otro cauce que es conocido con el nombre de Barranco de la Losilla. Entre este barranco y el de la Canal que he dejado atrás se encuentra el Lomón.   Es como una lengua de tierra con muchas rocas y muy elevado.

 

           Remonta ahora por un sitio donde solo hay tierra roja.  Por la derecha me va quedando un rincón que se llama Collado del Jorro.  La espesura de los pinos aun es más grande.  Corona y cae y no deja de cortar pequeños puntales con muchos pinos y romeros, algunas cornicabras y lentiscos.  Kilómetros diecinueve seiscientos y sigue remontando buscando el mejor terreno.  Discurro por la curva de nivel que va por los 900 metros.  Los límites del Parque Natural ahora mismo avanza por la carretera que recorro.  Ya me va aparecer pronto la pista forestal de tierra que se aparte de esta carretera y sube para Puerto Llano.  Pero antes desaparecen los pinares porque el terreno es muy malo.  Esta ladera tiene un tierra muy extraña por lo infértil y árida.  Su color es blanco y lo que mejor se cría en ella es el esparto. 

 

           Hacia el levante desde este punto hay una visión muy amplia  y bella si es que tiene belleza la aridez.  Pero para mí sí que la tiene aunque no avive  en mi corazón ningún cariño por ella. Kilómetro veinte seiscientos y traza una amplia curva, remonta un poco y por la izquierda aparece la salida a la pista de tierra que sube a Puerto Llano recorriendo todo el gran barranco de la Canal.  Justo a este punto se le conoce por Empalme de la Fuente del Gallo.  En un letrero puedo leer: “Atención carretera en mal estado”.  Giro para la izquierda y ya empiezo a rodar por esta pista de tierra.   En un hito clavado junto a la pista puedo leer el kilómetro 39.  Sé que esta distancia viene marcada desde el mismo poblado de Vadillo en el río Guadalquivir.  En la dirección contraria a como yo le voy entrando tanto al barranco como a la sierra y a la pista forestal. Ya vengo diciendo que este carril es de tierra y para que la obra quedara mejor le echaron piedras.  En algunos tramos estas piedras quedaron perfectamente clavadas y llanas, pero en otros se han levantado y ahora ruedan por el carril de un lado para otro y saltando cada vez que las ruedas de un coche las coge por delante.  Esta pista fue trazada en por la ladera que queda al poniente  y cae desde la gran cuerda que va formando el Cerro de Cuenca, el pico Palomas, la Salteneja, Peña Tajá, Peña del Aguila y el pico Cabañas.  Entre esta gran cuerda y la cuerda de la Calera por donde Carasol de la Chaparra es por donde discurre el profundo y bello cauce del arroyo de la Canal.  Por el lado derecho de este cauce y algo remontada en la ladera del Cerro de Cuenca es por donde va ascendiendo la pista de tierra que lleva a Puerto Llano. 

 

           En los primeros kilómetros se aproxima bastante al Lomón y Hoya de los Pendejos para irse acercando cada vez más al cauce del arroyo que va recorriendo.  Cada vez que piso el firme de esta pista me digo: “¡Qué dura es la tierra de la Sierra!” Blanca, roja y gris, siempre con muchas rocas y muy dura.  Muy fértil y muy verde porque llueve mucho.  Kilómetro veinte y uno ochocientos y por la izquierda me queda un espigón.  Es el que ya dije se llama Lomón.  La pista llega a un punto donde parece un collado y todo llano. Los pinares dejan al descubierto un trozo de tierra y se abre como una pradera de juguete.  Ahora el carril traza una amplia curva para la derecha.  En el kilómetro veinte y dos doscientos vuelve a trazar una segunda curva para recuperar su dirección primera.  Para superar la dificultad del terreno tuvieron que abril una profunda trinchera y por ella metieron esta pista.  Es una trinchera muy estrecha y muy profunda. Rocas color naranja a ambos lados.  A partir de este punto ya sí discurre casi por completo paralela al gran barranco de la Canal.  Va ganando altura poco a poco. 

 

           Por la izquierda me va quedando un profundo y gran barranco.  Este todavía no es el de la Canal sino el de la Losilla.  Los pinos por ahí son muy grandes y también las rocas. Por la derecha me va rebasando la umbría de las Chozuelas.  En el kilómetro veinte y tres quinientas y aparece el control de las Chozuelas.   Fue esto un control en otros tiempos porque ahora ya no.  Sigue aquí todavía la casa forestal conocida con el mismo nombre, la fuente  y la barrera pero desde hace mucho nadie controla por aquí nada.  Le pusieron una cadena a la pista pero tampoco se usa.  En cuanto dejo atrás el control de las Chozuelas aparece el cauce del arroyo Barranco de la Losilla.  Nace este arroyo por aquí cerca y en un lugar que le llaman Cerro de Cuenca, Collado del Royo, Puntal del Gato y Cerro del Corralón.  No es muy largo y por eso no trae agua ninguna.

 

           En unos metros la pista remonta un pequeño puntal donde las tierras son llanas.  Por aquí hubo un cortijo en otros tiempos y las ruinas aun pueden verse por entre los pinos repoblados.  Este era el verdadero cortijo de las Chozuelas.  A la casa forestal y al control lo bautizaron con este nombre muchos años después.  El paisaje es muy hermoso aunque los pinos  repoblados abunden mucho. Me encuentro con el hito que marca el kilómetro treinta y seis.  Desde Quesada yo ya tengo recorridos veinte y cuatro trescientos.  En las ramas de los pinos veo la nueva cosecha de piñas.  Me voy encontrando con los primeros pinos de la especia laricios.  Por la derecha el primero se me presenta con su hermoso tronco blanco y recto. Por el lado izquierdo justo ahora me aparece el Picón de Pasabarbero. Se desvía por este lado una pobre pista forestal que muere nada más encontrarse con el cauce de la Canal.  Un poco más adelante por la derecha se aparta otra pista forestal.  Esta sí está cortada con su cadena y aunque en estos momentos no la voy a recorrer bien que conozco yo los sitios y las tierras por donde pasa esta pista y a donde lleva. Corona la cumbre del Cerro de Cuenca y después de atravesar el arroyo de las Palomas sigue subiendo hasta la Fuente del Artesón,  Fuente del Sapo y Torcal de Linares.  He recorrido yo muchas veces esta pista y por eso digo que lleva a rincones muy bellos.  Siguiéndola se corona hasta las mismas cumbres del Pico Cabañas, el más alto de las sierras en este rincón del Parque Natural.

 

           El cielo azul corona hermosamente.  Hay nubes blancas que adornan bellamente y parece como si anunciaran tormenta.  Esta tarde quizá descargue alguna tormenta por estos montes.  Por la derecha se me presenta la Fuente de la Ponderosa.  Otra fuente artificial que hicieron al borde mismo de esta pista y que todavía mana su agua por el tubo que le pusieron.  También aquí me he parado muchas veces a beber y a comerme mi bocadillo.   Por la izquierda el barranco de la Canal se va viendo mucho más cerca y con la misma profundidad.  Una higuera sin  higos y acacias.  Desde la fuente para arriba la pista gana en comodidad porque discurre casi por completo llana. Lo más complicado ya lo ha dejado atrás.  Al otro lado del arroyo de la Canal puedo ver la vieja casa forestal de la Fuente del Pino.  Ya he alcanzado la curva de nivel que discurre por los mil cien metros. 

 

           Kilómetro veintiséis trescientos y por la izquierda se desvía la pista que lleva a la casa forestal que ya he dicho.  Ya todos los pinos que pueblan las tierras son laricios. Ahora por mi derecha me va acompañando un filo de rocas muy escarpado y que se le conoce con el nombre de Poyo de la Hiedra. La cumbre de Palomas se prolonga alarga y da compañía tanto a la pista que recorro como al cauce del arroyo.  El pico Palomas tiene 1720  metros y todos los otros casi se nivelan con el primero.  Quiero decir que esta gran cuerda es la prolongación de la que arranca en el mismo Pico Cabañas.  Este pico y Puerto llano son como el punto central en esta porción de sierra.  En el mismo Puerto llano nace el arroyo de la Canal y se descuelga por la vertiente que voy recorriendo y en este mismo Puerto llano nace el arroyo de Gualay que se descuelga en por la vertiente opuesta. La sierra por aquí dibuja como una gran “H” donde el palo que la atraviesa es Cabañas, Puerto Llano, Collado Angosto y Collado Trabino y los cuatro pies de de esta letra son los arroyos del Barranco de la Canal, el de la Cañada de Tíscar, el de la Cañada de las Fuente y el arroyo de los Tornillos de Gualay.  Así es como más o menos se presenta la porción de sierra que voy recorriendo y yo voy avanzando por el pié de abajo y primero de la letra “H”.  Al llegar  está Puerto Llano que es donde daré por concluida la ruta.

 

           Los pinos laricios se espesan cada vez más.  Kilómetro veinte y ocho trescientos y aquí deja de subir para encontrarse con un arroyuelo que le entra por el lado derecho. Por aquí el arroyo que me venía acompañando por la izquierda y que se venía llamando de la Canal ahora cambia de nombre y se llama Barranco de los Lobos.  Como en tantos otros sitios de estas sierras los cauces no tiene el mismo nombre a lo largo de todo su recorrido.  Digo que por este Poyo de la Hiedra en más de una ocasión me he encontrado con manadas de cabras domésticas.  Una anchura en la pista que sirve para aparcar o para girar y volver.  Un chorrillo de agua que nace por debajo de una roca.  Estoy ahora mismo en lo que según me han dicho los que conocen bien estas sierras el propiamente el Escalón.   Es un rincón en forma de circo o media luna que se formó entre los picos La Salteneja y Peña.  Por eso a este rincón se le llama Barranco del Escalón.  Me ha costado mucho aclarar este asunto y hasta que no apareció en el mapa que ya dije elaboré con al Editorial Alpina casi nadie tenía claro este tema.   Igual pasaba con otros que en su lugar y a su debido tiempo diré.

 

           Desde este arroyo del Barranco del Escalón miro y me llama la atención la hermosa figura de la enorme roca que corona por donde la Salteneja y el Cerro de los Tres mojones.  Es como si expresamente los humanos la hubiera tallado y la hubieran puesto en este lugar.  Pero no ha sido obra de los humanos sino de la naturaleza y Dios.   Me he parado y durante un buen rato me dedico a gozar de este precioso y recogido rincón.  En él tengo vividos muchos buenos y emocionantes momentos que guardo en mi alma entre las hermosísimas cosas que fui experimentando por estas sierras a lo largo de los años.  No digo más y sigo.  La pista cruza el arroyo y enseguida por la derecha el depósito  para tomar agua en caso de incendios.   Fue construido donde brota un bonito manantial que los serranos de aquellos  tiempos usaron para regar las tierras. 

 

           Kilómetro veintiocho novecientos.  Miro para atrás y ahora sí tengo perspectiva sobre el grandioso barranco que acabo de recorrer.  Unos metros más y atravieso el que sería el arroyo principal de este gran cauce de la Canal.  Por este punto ya el arroyo se empieza a dividir en varios y cada uno de ellos tiene nombres distintos.  Uno se llama Barranco del Tejo, otro arroyo Seco, otro de la Humosa y otro de la Hoya.  El de la Humosa parece que es el principal porque nace justo en el escalón que se forma al remontar Puerto Llano.   Los nombres de los sitios son  de las cosas más bellas que se pueden disfrutar en estas sierras y sin embargo no es fácil que todo el mundo los encaje perfectamente en los lugares que les corresponde y con las palabras que también deben corresponderles.

 

           Kilómetro veintinueve quinientos y cruza el arroyo.  Hoy este cauce no trae agua ninguna y sin embargo bien sé yo que sí corre agua por él.  Más arriba de este punto corre agua y a lo largo de casi todo el verano, pero por aquí y más abajo no corre.  Las aguas en los arroyos de estas sierras se filtran por donde ellas quieren y brotan también allí donde ellas quieren.   Por aquí crece un álamo y por el lado de arriba en otros momentos he gozado de un bellísimo embalse de aguas transparentes.  La pista remonta nada más cruzar el arroyo en enseguida se tropieza con otro cauce.  Es el que desciende de Torcal llano y se le conoce con nombre de Barranco del Tejo. Enseguida la pista va tomando la dirección contraria a la que ha traído mientras remontaba por el gran barranco.  Gira para atrás y remonta al mismo tiempo. Cruza la curva de nivel que va por los mil quinientos metros y sigue remontando levemente.  Mientras remonta la panorámica hacia Peña Flores es preciosa.  Veo con toda claridad la zona llana que hay en todo lo alto de esta bella peña. 

 

           En el kilómetro treinta justo por la izquierda se aparta una pista secundaria.  Es la que lleva a la casa forestal de Fuente del Pino y discurre casi por el mismo trazado de aquella vieja senda que dije sube por Carasol de la Chaparra arrancando por donde el Peñón de los Barrenos.  Es decir, la vieja senda que usaban para salir y entrar a las profundidades de esta sierra iba y venía por el mismo barranco que la pista que vengo recorriendo pero por el otro lado del arroyo.  Llego a la gran curva conocida con el nombre de los Vaqueros. Me encuentro con un grupo montañeros que suben desde Tíscar al pico Cabañas.  Después de la curva la pista vuelve a tomar la misma dirección que ha traído todo el recorrido arroyo arriba. Ahora discurre casi llana atravesando espesos bosques de pinos laricios. Siempre que pasé por aquí me gustó este rincón.  Me gustó y mucho por la belleza tan delicadamente fina que deja traslucir. Por la izquierda ahora me va quedando Hoya y Morra de las Carbonerillas y las Espinareas. 

 

           Hito con el kilómetro veintiocho. Me voy acercando a la zona de Torcal Llano y al frente voy gozando la hermosa vista que me ofrece el Cabañas. Me lo voy encontrando coronado de nubes blancas y cielo azul.  La luz del sol le va dando desde el lado que llego yo y por eso se ve tan bello.  El terreno por aquí se torna llano cada vez más.  Precisamente Torcal Llano se encuentra en terrenos muy cómodos. Kilómetro treinta y dos novecientos.  Por la izquierda una cerca de alambre y palos.  Son las cercas botánicas que los científicos tienen en muchos lugares de estas sierras.  Les sirven para estudiar el comportamiento de las plantas y sus depredadores.  Por la izquierda me llega el paisaje rocoso de Torcal Llano.  Es un paisaje de rocas calizas muy erosionadas y como se han formado muchas grietas, pozas y aristas lo han cercado para que las personas y los animales no queden atrapados.  Es justo aquí donde nace el arroyo del Barranco del Tejo.  De entre este paisaje calizo sobre sale un pino muy original.  Lo conozco desde aquel verano cuando atravesé toda la sierra a lo largo del mes de agosto.

 

           Recuerdo ahora que por este paisaje un día de verano hace unos años me salió una perdiz con sus polluelos recién nacidos.  Me paré y pude coger un par de ellos que luego solté. Pero fue curioso porque vi más de doce o catorce y en cuestión de segundos se perdieron aplastados entre las rocas y el monte.  La pista gira ahora un poco trazando suaves curvas bajando un poco.  Son las seis de la tarde y voy dejando atrás lo que se le conoce por los Corraloncillos de la Humosa.  El fresco es mucho más por aquí. Ya  he ganado mucha altura.  Treinta y cuatro doscientos y un gran pino laricio por la derecha.  Un pica pinos me ha cruzado y se ha perdido entre los pinos. Sigue bajando cómodamente. Por aquí crecen sabinas que tienen porte de árbol de tan grandes y viejas como son.  Por la izquierda me va quedando la loma de Cagasebo.  Desde las laderas y cumbres del   Cabañas por esta loma se ven unos dibujos muy curiosos.  Se parecen mucho a las uves dobles de la direcciones de Internet.  Los enebros son casi todos rastreros.

 

           Treinta y cinco trescientos.  Las placas tectónica las tuvieron que cortar por aquí casi en vertical para meter la pista.  Me voy acercando a lo que se le conoce como la Torca de Pablo.  Rozo los mil setecientos metros de altura.  Por aquí la hierba todavía está muy verde.  Los pinos laricios dibujan un paisaje muy bello. Cruza el barranco  y remonta.  Kilómetro treinta y seis trescientos. Hito número veinticuatro por la derecha.  Ya voy remontando a la llanura de Puerto Llano.  Treinta y seis seiscientos y gira para la izquierda para remontar el escalo que da paso a Puerto Llano.  Los pinos laricios cada vez con porte más bello.  Treinta y siete  cien y aquí empieza una recta para sobre las tierras llanas del puerto que vengo buscando.  Por la derecha y por la izquierda me saludan los hoyos de las dolinas, los pinos laricios que conozco, las sabinas rastreras y los silencios.  Los hondos y puros silencios de estos profundos paisajes aunque en este caso sean por las partes más altas de las montañas. 

 

           Veo las ruinas de una vieja construcción, los alambres de una cerca y la copa del gran pino.  La cimbra donde dormían los pastores y se juntaban para amasar la torta de harina.  Treinta y siente trescientos. La pista gira un poco hacia la izquierda y empieza a corta la llanura de Puerto Llano.  Hito con el kilómetro veintidós.  La llanura por la izquierda y por la derecha los piornos con muchos enebros rastreros.  Por aquí hay muchos fósiles.  Siempre me gustó buscar y tocar estos fósiles. Los hermosos pinos laricios.  El de dos pies en forma de uve y el otros dos más por la derecha y por la izquierda.  Y en kilómetro treinta y siente ochocientos se desvía por la derecha la pista que remonta a las cumbres del Cabañas. La subida a este pico es una de las mejores opciones que podemos tomar una vez en este punto de Puerto Llano.  Ya dije que el pico Cabañas es la montaña más alta de las sierras del Parque Natural por esta zona.  Es el macizo más hermoso de estos rincones y las vistas que desde sus cumbres se pueden gozar son muy hermosas.  Para aquellas personas que conozcan un poco los parajes de este gran espacio natural el mejor mirador para gozar y encajar las distintas partes de la sierra es este monte. No es el único desde luego pero una vez en Puerto Llano merece la pena subir al pico Cabañas.  Yo hoy no lo hago porque la ruta que he trazado tenía su fin en la llanura que precede al Cabañas.  Pero digo que yo lo he hecho muchas veces y por eso lo conozco  bien.

 

           Doscientos metros más adelante la pista se torna llana, aparece el gran pino laricio de Puerto Llano y comienza a bajar para la vertiente del río Guadalquivir y el arroyo de los Tornillos de Gualay.  Aquí me paro y me pongo a gozar del momento y de los paisajes.  Aquí doy por concluida esta ruta y aquí me quedo para siempre aunque dentro de un rato dé la vuelta y regrese a no sé qué lugar  que no me quiere.  Justo en el kilómetro treinta y ocho giro y doy la vuelta. Me alegro y lloro  y lo único que se me ocurre para expresar lo que no tiene palabras es dejar escrito el siguiente poema.

 

          Cuando tú te vayas

¿quién llevará la cuenta

de las flores blancas

que nacen por los prados

o de las nubes largas

que el viento lleva en brazos?

 

Cuando tú te vayas

y queden sin tu amor

fuentes y cañadas,

la hierba de la cumbre,

fríos y  escarchas

¿quién contará los pájaros

que cantan por el alba

cada día al nacer

y noches estrelladas?

 

¿Quién subirá las cuestas

que llevan a la nava

y van del río a la cimbra

de la luz de plata?

¿Quién, en la tarde azul,

será esencia malva

llorando y besando tierra

cuando tú te vayas?
 

         HE VUELTO.   Barranco de la Canal aquella tarde   IR AL ÍNDICE

Es real pero aun todavía no  me lo creo. Como en un sueño ayer volví por las sierras que amo y durante unos instantes las gocé con ese hondo placer que solo yo sé.  Entré por el Puerto de Tíscar y aunque no me podía parar mucho porque ahora vivo mucho más lejos al llegar a la pista de tierra que desde la carretera que viene al pueblo de Pozo Alcón se aparta para Puerto llano me desvié por ella. A la entrada me encontré un letrero que dice: “Camino cortado, disculpen las molestias. Enmasa”  Y  me extrañé a la vez que sospeché.   Por eso me dije:   “Una táctica más como otras tantas para que el personal no se meta por estas pistas de tierra y así no moleste. No es cierto ni esto ni lo otro, pero me lo creo porque ya he aprendido mucho de estos y de los otros”.

 

                Con mi alma llena de gozo porque sentirme recorriendo los paisajes que tanto amo es la vida para mi avancé despacio por el carril de tierra. Es el que recorre todo el abarranco de la Canal y remonta hasta Puerto Llano, a los pies del pico Cabañas y luego cae a la misma Cañada de las Fuentes, nacimiento del gran río Guadalquivir y desde aquí sale para Puerto Lorente y el poblado de Vadillo. Y mientras avanzaba contemplando los paisajes, la lluvia cayendo lentamente y las nieblas ascendiendo por las laderas me decía que en esta ocasión solo iba a llegar hasta el primer arroyo.   Justo donde aquella noche pusimos la tienda y dormimos arrullados por la cristalina corriente. También me decía que llenaría unas botellas de agua de la fuente que conozco bien y que al construirla junto a la pista le pusieron el nombre de “Ponderosa”. Conozco bien esta fuente y ella me conoce a mí de tantos y tantos días y ratos sentado a la sombra de los pinos que le rodean y al consuelo del rumor de su chorrillo.   Ayer por la tarde me decía que solo iba a llegar hasta el primer arroyo y después de llenar unas botellas de agua en el caño de la fuente que he dicho me volvería y alejaría otra vez de las sierras de mi alma.

 

                 Así que rocé la fuente y unos metros más adelante me paré en el mismo rellano de aquella tarde. Llovía suavemente y por el barranco que conozco y gocé a fondo aquel día se elevaban las nieblas. Pisé la hierbecilla y en este momento me decía: “Después de diez años he vuelto y estoy ahora mismo donde la pista atraviesa el cauce del arroyo.   He dejado el coche y me he puesto a andar por la sendilla de los juncos y las primaveras. Están florecidas la primaveras. Son las cuatro de la tarde de este sábado de abril. Llueve en este momento y con mi alma encogida y sorprendida por el alivio de haber vuelto ando y cruzo la corriente. Me paro bajo los tres pinos donde aquella tarde noche pusimos las tiendas. Dejo que la lluvia me empape mientras me sitúo frente a la limpia y delgada corriente. Miro y digo que es la misma agua de aquella tarde aunque hayan pasado tantos años.  Su rumor es el mismo, los charcos son los mismos, con la misma transparencia.  El verde del musgo que se traba en las rocas también es el mismo, el amarillo claro y puro de las primaveras florecidas es el mismo que tantas y tantas veces en tantísimos arroyuelos y manantiales de estas sierras.

 

                Miro yéndome con mis ojos barranco arriba y me asombran las plateadas y robustas rocas que por primera vez descubrí aquella tarde. Me he situado frente a la gran cuerda que sube para el pico Cabañas. Según estoy a mi derecha tengo  la potente cumbre de Peña Flores, la Salteneja y el cerro de los Tres Mojones. La lluvia que cae me regala con el espectáculo de las rocas chorreando. A estas mismas rocas se engancha la hiedra y se traban los pinos. Los alerces y otros arbustos de hojas caducas. Todavía están desnudos de hojas. Levemente se mecen las ramas empujadas por el suave viento que pasa y por mi izquierda tengo el gran macizo del pico Cabañas. Por entre la niebla y a solo unos cientos de metros lo adivino.   No puedo verlo ni hoy subiré a su cumbre, pero lo quiero, lo gusto, se me eleva desde lo más íntimo como si fuera símbolo de mi cariño por estas sierras. 

 

                En estos momentos como aquella noche y tantos otros días que conozco no hay nadie en estas sierras. Todo en silencio, en su más puro y noble silencio que grita desesperadamente del amor que en mi corazón arde. Todo hondamente silencioso, hondamente perdido en el tiempo y la presencia de los humanos que pueblan el Planeta Tierra, pero perfectamente encontrado y besado en ese rincón que solo mi alma sabe. Una vez más gusto y palpo,   ahogado en este océano de silencio, la sierra que a lo largo de tantos años he pisado y amado en la soledad más absoluta. La sierra por la que tanto he sufrido y una vez y otra y llorado sin parar oculto y bien lejos de toda presencia humana. El primer día que la pisé ya supe que la tenía perdida aunque pude luego recorrerla a lo largo de tantos años.  En estos momentos he vuelto y aunque solo sea por unos instantes la vuelvo a sentir latiendo en mi sangre y la gusto más perdida que nunca. Ahora ya vivo lejos de aquí, pero mi amor sigue igual de fuerte y vivo. Aunque solo sea por un instante aquí estoy bajo los pinos donde aquella noche pusimos la tienda. 

 

                Me muevo y piso el rodal de tierra llana donde justo pusimos la tienda. La lluvia la empapa, las hojas viejas de los pinos la cubre, las pequeñas piñas la adornan, las maticas de tomillo saliendo por entre las grietas de las rocas y las plantas rupícolas.   Todo parece estar exactamente como aquella tarde noche y sin embargo ya han pasado diez años. Diez años han pasado y he vuelto. ¿Volveré otra vez en algún momento de esta existencia mía?   Y me acuerdo cuando aquella noche dormimos en este rellano arrullados por el rumor de este pequeño arroyuelo.  Aquella hermosísima noche que también se perdió en el tiempo pero no se borra de mi mente. Me muevo un poco hacia abajo y aquí me tropiezo con la calavera de una cabra montés. Seguro que son de las que se murieron cuando aquellos años de la sarna. No para la lluvia. No para la corriente saltando por las limpias rocas de la preciosa cascada. Al final sigue el mismo charco de aquella tarde y con la misma transparencia.  

 

                Me sigo moviendo y me acerco al coche. Ya me despido y alejo del pequeño rincón amado. Por un instante como en un sueño he vuelto y lo he pisado en esta hermosa tarde de lluvia y niebla.   Gracias Dios mío por haberme permitido volver y regalarme con el mejor de todos los regalos. Gracias y que pueda volver otro día.  Subo en el coche, lo arranco y mientras lamo de mis labios las gotas de lluvia que me han chorreado por la cara me pongo en movimiento.   Ahora con las gotas de lluvia también lamo las lágrimas que salen de mis ojos. Como tantas veces me duele el alma y me llora el corazón y es solo de amor. Del dulce y hondo amor que no puedo arrancar de mí y que frente al verde de los pinares y el revoloteo de las nieblas se me enciende y quema. Pero gracias por el leve instante y el que mis ojos y oídos haya podido recrearse en el mejor y más bello de los espectáculos”.    

                   

           Ha sido hermosísimo el momento. Muy hermoso. No creo que haya un beso en el mundo más dulce que este. No creo que pueda existir un abrazo más noble  y puro que el que esta tarde me he dado con los paisajes de mi alma. Por un instante he vuelto a pisar el jardín de la eternidad y he sido dueño del más hermoso de los cielos.  

 

            La fragancia eterna    IR AL ÍNDICE

           En el silencio profundo de la noche clara que camina de puntilla sobre la luz de las estrellas que titilan y el frío hielo de la escarcha, yo pregunto al padre:

- ¿Y de dónde crees tú que mana la quietud dulce que por el sueño, la sombra de la noche, exhala?

Y padre, caminando con sus ovejas por las viejas sendas que avanzan por el valle leve del río que a la sierra raja:

- La suave esencia que a la noche empapa hasta lo más hondo del corazón y rotundo besa al alma, fluye del amor de Dios que en silencio ama.

 

           Y en la noche de rumor de agua que atravesando el corazón del invierno frío y los cristales del hielo que sobre la hierba brilla al llegar el alba, sólo se oye el  leve aleteo o respirar de la luz de la luna cayendo por las piedras blancas que cuelgan por la ladera y de vez en cuando, el canto del cárabo, la espesa  emoción del corazón que calla y el titilar de las estrellas que mudas besan a la hierba que se hace escarcha.

 

           Y si pregunto otra vez a padre, me dice, todo en calma:

- En la noche que se abre y ahora, cual rosa gigante que va desde la rosada tarde hasta la reluciente alba, es Dios que amoroso y lleno de esencia de mejorana, da la vida y besa contagiando consuelo y estrecha con el abrazo de la esperanza.   


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